En este relato de fantasía el autor nos sitúa en la piel (y no es una expresión) de un grupo de conejos de la Inglaterra rural de mediados de siglo XX. Uno de ellos, con habilidades de clarividencia manifiestas, ha vislumbrado un fin funesto para su madriguera. Como no logran convencer a sus jefes locales, un grupo de conejos decide emprender un éxodo en busca de un mejor lugar para vivir.
Asistiremos en la narración a las peripecias y avatares del progreso de esta pequeña banda, según avanzan por el descampado y alguna que otra granja, enfrentándose una y otra vez a los pequeños y grandes peligros que son el pan de cada día de los conejos desde que el mundo es mundo: depredadores (salvajes y domésticos), los azares del clima y el propio ser humano, cuya civilización y en particular su agricultura suponen una fuente inacabable de tentaciones y peligros para estos animales.

Todo esto se narra, por cierto, desde la perspectiva personal de los conejos y pronto el lector se ve sumerjido en su mundo: pequeño y a la vez vasto, sencillo pero también lleno de complicaciones, simple en sus aspectos vivenciales pero asimismo lleno de pequeñas sutilezas.
Es precisamente ese punto de vista el que atrae y atrapa, pese a lo aparentemente simple del planteamiento: viñetas de la vida de unos "conejitos".
Pese a que esta novela fue concebida para público infantil, es una lectura absolutamente recomendable para cualquiera que, mediante la lectura, quiera asomarse a otras realidades, especialmente cuando el pasto del vecino parece ser más verde...
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