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domingo, 3 de mayo de 2026

La monja alférez: crónica de una epopeya trans del siglo XVII

Intentando hacer un ejercicio de estilo literario, que vuestras mercedes sabrán disculpar si no resulta feliz, paso a hacer una breve relación del relato que Ricard Ibañez hace en su novela "La Monja Alférez: La juventud travestida de Catalina de Erauso".

Nace en 1585 la protagonista desta historia como Catalina de Erauso en San Sebastián de Guipúzcoa, en España, y es ingresada a un convento de ese lar a los 4 años; durante poco más de dos lustros no logran allí domar su temple, entre varios lances que pasan de la picaresca hasta la Inquisición.

Luego, acaecerá su fuga del convento y su transformación de género, entre cosmética, disfraz y aquelarre, que dello se dice quel señor Ibañez conoce no poco. Comienza así su vida como Francisco de Loyola, su alter ego masculino, que no aun verdaderamente viril.

Sigue a ello un breve interludio con un peregrino más sagaz y entendido en lo mundano que lo espiritual. Arriba así a la localidad de Vitoria, donde hará un corto servicio de 3 meses con un profesor de bachilleres, haciendo en esas tareas algo más de aprendizaje en letras y ganando con ello abrigo y alimento.

Tendrá después vida de paje durante 7 meses en Valladolid, al servicio de Juan de Idiáquez, secretario del rey Felipe III, buscando deste el aprendizaje en la espada, harta ya del de la pluma. Debe, sin embargo huir del lugar: tras un encuentro con su padre (que no la reconoce) y escapando de su pasado, parte a Bilbao.

Tras una pendencia de taverna, de la que nada saca salvo un mes en cárcel, deja Bilbao y parte a Estella, en Navarra, donde tendrá dos años tranquilos como paje al servicio de don Carlos Arellano, caballero de Santiago ya entrado en años.

Después de aquello, hace un breve paseo por su nativa San Sebastián y torna luego a Sevilla con intención de ir a Madrid y hacer servicio en los tercios; más viendo en esa ciudad, andaluza y cosmopolita, cuánto puede el mundo ofrecer, deja Sevilla por Sanlúcar de Barrameda para embarcarse a las Américas, cosa que hace el Lunes Santo del año 1610 y a esas costas de Nombre de Dios llega tras 4 semanas de navegación, lances de marineros y villanos de por medio.

Muda entonces de nombre y como Alonso Díaz comienza a vivir mil y una peripecias en tierras de Reino de Indias.

A Panamá primero llega, de Sevilla ciudad gemela, donde también el dinero a todos hace hermanos. Tres meses de molicie y despilfarro dan cuenta de sus escasos ahorros y entra pues al servicio del mercader Don Juan de Urquiza, cuya vida salva durante aciaga travesía en pos de una de sus muchas propiedades costeras.

Ganada la confianza de su amo se hará cargo de sus negocios en la localidad de Zaña, donde a su pesar se verá metido en líos de faldas que son más del mercader que suyos: tres semanas de cárcel esta vez... y luego un ayuntamiento femenino que, por lo extraño, no le resulta enojoso, a la postre: sin embargo, tres meses de aquello y una segunda riña la deciden a abandonar el lugar y partir a Lima, do llega al comienzo del invierno del año 1610.

Por recomendación de señor de Urquiza entra al servicio de Diego de Solarte, pero un nuevo lío de faldas, a las que por lo visto Catalina (¿o Alonso?) se había aficionado, le trae nuevos problemas lo que le obligan a dejar Lima e ir a Concepción a la Guerra de Arauco que entonces se libraba en la Capitanía general de Chile.

En Concepción servirá bajo su hermano Miguel, sin ser por este reconocida. Su afición por las de su sexo le trae nuevos problemas, esta vez con la querida de su coevo y es entonces destinada a Paicaví. Ahí hará fama, participando en salidas de castigo y captura de los bravos nativos, de quienes hará rehenes que luego se intercambian por dineros o gentes españolas presas en lances similares de los araucanos. Aquello nuevamente le traera convivencia con su propio sexo, pero los azares de la guerra darán a ello un final funesto y poco feliz.

Decepcionada, Catalina deja la guerra de Arauco, pero su propia lucha no ha de terminar, pues su destino aún la persigue doquiera que vaya y su propio carácter indómito no dejará de traerle problemas, de los cuales ya no sabrá como salir...

El lector de estos tiempos sabrá aquilatar las diferencias y también similitudes de las vivencias de la de Erauso que, nacida mujer en su tiempo, no podía a causa dello vivir plenamente según su carácter, pareceres e inclinaciones; cosa esta que, pese a los cambios en las costumbres y los modos de vida, es aun una dificultad que algotros siguen enfrentando en nuestra epoca.

Quiera entonces quien esto lee reflexionar sobre cómo de actuales o no son las vicisitudes de Catalina y qué tan verderamente moderno es nuestro mundo contemporáneo, para quienes en él no siempre se encuentran del todo a gusto...

domingo, 5 de abril de 2026

La Cuestión: ser o no ser

En esta ocasión voy a comentar la novela de ciencia ficción "La Cuestión" del autor español Johan Paz, conocido en el mundillo de la ficción interactiva.

Comenzaré diciendo que ésta es una primera vez por partida doble. Por una parte, se trata de la primera obra que reseño conociendo personalmente al autor, con quien hemos tenido múltiples intercambios desde que frecuento la escena de la aventura conversacional. Por otro lado, constato con cierto estupor que es la primera novela de ciencia ficción que comento que proviene de un autor hispanohablante; salvo error, todas las otras publicaciones del género que he revisado en el blog son de autores de otras latitudes: a la fecha, no había escrito sobre otras obras de ci-fi de ningún español, ningún latinoamericano ni tampoco ningún chileno. Esto me ha llevado a algunas reflexiones que no pondré ahora por escrito, pero que seguro que darán material para otro eventual artículo.

Dicho esto, "La Cuestión" es un relato futurista y hasta cierto punto algo distópico, al menos desde mi perspectiva actual. Siguiendo el formato de una antología de relatos cortos, asistimos a las peripecias de Layna Speedy, un cyborg que se dedica a la demolición de edificios subteráneos en una ciudad del tamaño de un planeta, a la vez que combate una peligrosa plaga que amenaza a éste y otros mundos de la Federación.

Quienes conozcan la obra de Johan Paz sabrán de Layna desde otros trabajos interactivos previamente publicados, como "Hierba tras el cristal", donde la protagonista se mostraba como una superviviente hecha a todo y con un humor casi tan duro como las circunstancias que debía superar.

En estas narraciones de "La Cuestión" veremos desplegar in extenso las habilidades de Layna y su resiliencia a toda prueba, agregando a todo ello una forma muy particular de liderazgo, pues esta chica trabaja y combate junto a varios compañeros, casi todos en mayores o menores estados de integración cibernética: el equipo incluye, de hecho, sólo un ser humano verdadero y un único robot... pero los acontecimientos nos irán mostrando que esas categorías son bastante borrosas, puesto que lo que en definitiva da lugar al ser lo es todo menos la mera materia que sustenta la mente y su espíritu, importando poco o nada el sustento más o menos biológico que mantiene su existencia.

Esa mantención es precisamente uno de los motores de estos cuentos, ya que el desgaste o, peor aún, la obsolescencia, son amenazas constantes que llevarán a estos personajes a encarar misiones cada vez más peligrosas, algunas sin resultado demasiado cierto.

Sin embargo, es en estas situaciones extremas que Layna y su equipo mostrarán verdaderamente de qué están hechos... a pesar de lo que su corporalidad permitiría suponer.

No es ésta la primera obra literaria que ha publicado Johan Paz, pero ha sido la primera que he tenido el gusto de leer: tiene una prosa muy ágil, un ritmo narrativo que no afloja y muchos giros de lenguaje que me han arrancado no pocas risas; a pesar de que algunos de los episodios relatados son de asuntos más bien serios, el autor se las ingenia para mantener un tono liviano y a ratos hasta cómico, aunque sea a base de un humor más bien negro.

Es una lectura sumamente recomendable, máxime por ser letras que provienen de un autor de ficción interactiva del mundillo hispano. Ahora bien, si usted es de los que dice que no gusta de la ciencia ficción, entonces su lectura va doblemente recomendada.

lunes, 31 de julio de 2023

The Draco Tavern: reciba a las visitas con un trago

Como comenté en otra oportunidad, la mayoría de mis lecturas estos días son en medios electrónicos, fundamentalmente mediante dispositivos de lectura de e-books.

La excepción a esto, aparte compras hechas en alguna feria o en viajes, es cuando alguien tiene a bien regalarme un libro, cosa que siempre es bien recibida, más aun cuando el libro es de una narrativa tan de mi gusto como es la ciencia ficción.

Precisamente, este fin de semana he celebrado mi cumpleaños y mi compadre Carlos tuvo a bien obsequiarme con un ejemplar de la antología "The Draco Tavern" del autor estadounidense Larry Niven y que ahora paso a comentar, ya que me la he devorado en un par de días.

Se trata de una colección temática de relatos, escritos entre 1977 y 2006, en los que se narran diversos episodios acontecidos en la dicha taberna, mezcla de puerto espacial, hotel y bar, que opera como el punto de entrada de la Tierra para múltiples especies extraterrestres que están de paso por nuestro mundo.

El complejo está ubicado en Siberia y es regentado por Rick Schumann, un emprendedor que prácticamente vive en el lugar y que sirve como narrador subjetivo de los cuentos. La mayor parte de las tareas de este particularísimo barman consisten en mantener y surtir los requerimientos de sus parroquianos, tanto los alimentarios (letales, de haber alguna confusión) como los de índole, digamos, metabólica. Si bien en esto cuenta con la ayuda de los Chirpsithra, extraterrestres que actuan como pilotos y navegantes para todos los visitantes, lo cierto es que no siempre están a mano y muchas veces "el patrón" debe ingeniárselas para mantener el orden...

...que se dice pronto: cada especie tiene sus propios códigos de comportamiento, motivaciones, necesidades y capacidades, con una tecnología y sobretodo psicología que la mayor parte del tiempo sobrepasa los posibles del personal terrestre que, superado el primer contacto, se las ve y se las desea para tratar de asimilar cuánto puede aprender de sus invitados, pero especialmenet hasta qué punto ese conocimiento es en verdad bueno o acaso deseable para la humanidad.

En la tradición más excelsa del género, el autor usa estas narraciones breves para explorar los grandes y más profundos elementos de la condición  humana. Niven aplica su sentido del humor y su fina ironía para mostrarnos que las soluciones fáciles no existen y que todo requiere tiempo, tino y trabajo, especialmente si uno atiende seriamente a un par de sus famosas leyes:

  • La ética cambia con la tecnología.
  • El único mensaje universal en la ciencia ficción: existen mentes que piensan tan bien como tú, pero de manera diferente.

Los protagonistas humanos de estas historias están en efecto constantemente descubriendo lo poco que entienden del universo (cosa normal) pero más a menudo lo mucho que no entienden de sí mismos (cosa más bien triste) y es justamente la gracia de estos relatos el que tenga que venir literalmente un extraterrestre a mostrártelo...

Excelente, amena y sumamente recomendable lectura para quienes gustan de la ciencia ficción tradicional, que no se agota como fuente de entretenimiento, reflexión y sabiduría. Ahora bien, si el lector no gusta de la ciencia fición, pues estima que para meditar sobre lo humano hay que ir a otras fuentes, estos relatos entonces van doblemente recomendados.

viernes, 24 de febrero de 2023

El talento de Mr. Ripley: ser o no ser

En esta oportunidad comentaré la novela "El talento de Mr. Ripley" ("The Talented Mr. Ripley"), primero de una serie de libros sobre Tom Ripley, escritos por la autora estadounidense Patricia Highsmith.

Al inicio del relato, Tom ha estado mal viviendo en Nueva York, entre trabajos breves y trapicheos varios, después de una infancia y adolescencia más bien desdichada en Boston: un huérfano allegado de su mezquina y más bien odiosa tía Dottie.

En la ciudad las cosas no van demasiado bien para Ripley hasta que, por un equívoco, el magnate naviero Herbert Greenleaf lo confunde con un compañero de estudios en Princeton de su hijo Richard, "Dickie" para sus amigos. Hete aquí que el señor Greenleaf ve con desesperación la vida disipada de su hijo en Italia y le pide ayuda a Tom para convencerlo de volver y hacerse cargo del negocio familiar.

La posibilidad de viajar a Europa, gastos a cargo de la fortuna Greenleaf, le parece a Tom una ocasión inmejorable para salir de su situación y construir, lejos de todo, un mejor y sobre todo más cómodo futuro.

Arrivando al pueblito de Mongibello, Ripley no tarda en insinuarse en la vida de "Dickie" y su amiga Marge, encandilado con el estilo de vida lujoso, epicúreo y ocioso de ese círculo social al que sabe que no pertenece...

..aún; Tom tiene bastante experiencia en ganarse la confianza de los demás para luego estafarlos, cosa que hacía a escala pequeña y mezquina en Nueva York. Es en procura de alejarse de su pasado, irónicamente, cuando despliega y acrecienta sus habilidades hasta límites insospechados, con el único norte de compartir y pronto hacerse de todo lo que el heredero Greenleaf posee.

En efecto, simular para engañar (a los demás y a sí mismo) es el talento de Tom Ripley, y él mismo lo confiesa en acaso el único momento honesto del personaje en todo el libro:

Dickie se sentó en un sillón de mimbre, con las piernas colgándole por encima de uno de los brazos.

–¡Cuéntame más cosas! – dijo sonriendo-. ¿A qué clase de trabajo te dedicas? Dijiste que tal vez buscarías un empleo.

–¿Por qué lo dices? ¿Es que tienes algo para mí?

–Me temo que no.

–Pues, puedo hacer varias cosas… de mayordomo, cuidar niños, llevar una contabilidad… Por desgracia tengo aptitud para los números. Por borracho que esté, siempre me doy cuenta cuando el camarero intenta estafarme. Sé falsificar firmas, pilotar un helicóptero, defenderme con los dados en la mano, hacerme pasar prácticamente por cualquier otra persona, cocinar… y montar un espectáculo para mí solo en un club nocturno cuando el animador de la casa está enfermo. ¿Hace falta que siga?

Tom tenía el cuerpo inclinado hacia adelante e iba contando sus habilidades con los dedos. No le hubiera resultado difícil seguir nombrándolas.

Hasta dónde está dispuesto a llegar Ripley en pos de sus objetivos y cómo resolverá los obstáculos que tenga por delante forman la parte central de este relato y evitaré revelarlo aquí.

Puedo decir, sí, que es una lectura envolvente y amena, con un ritmo suave, centrado en un excelente despliegue de caracterización de personajes, entre ellos ninguno como Tom, protagonista insalubre donde se los haya visto y sin embargo fascinante e irresistible, como quienes se topan con él podrán descubrir, más pronto o más tarde.

Las "aventuras" de Tom no terminan al final del libro y quienes lo deseen podrán asomarse a otros cuatro episodios de la vida de Ripley, para observar la creciente madurez y maestría de su modus operandi (cuando no vivendi).

Para quienes gustan de la novela de suspenso o bien el relato psicológico, hay pocos libros mejores que éste o los que le suceden y su lectura es grata de principio a fin... siempre y cuando uno no se cuestione demasiado por qué nos gusta tanto ver cómo hace Tom Ripley en esto de ser o no ser.

sábado, 19 de marzo de 2022

Danza macabra: un estudio del horror

Continuando con esto de las reseñas de ensayos y habiendo comentado ya un libro al uso sobre ficción interactiva, corresponde ahora hacer una reseña de ensayo sobre literatura "tradicional". Puestos a ello, qué mejor que hacerlo sobre la ficción literaria de horror, tema frecuente en este blog y comentado no pocas veces desde sus inicios.

Es esto del horror un tema tan antiguo como la narrativa misma, pues incluso en su forma oral todas las culturas humanas de antiguo han echado mano de esta especie de masoquismo que es el cuento de miedo, al que volvemos una y otra vez, como si la vida diaria no tuviera suficiente zozobra e inquietud.

El libro que he escogido en esta oportunidad es "Danza Macabra" (Danse Macabre) del autor norteamericano Stephen King, también habitual de este blog. No siendo académico literario, el autor es (qué duda cabe) experto en la materia desde el punto de vista creativo, especialmente en la ficción literaria. El libro fue escrito a partir de apuntes para un curso universitario dictado por King en la década de 1970, pero el escritor se explayará lo suyo a partir de ahí, acrecentado lo investigado con sus vivencias (personales y profesionales) en torno al tema, ya sea en la literatura como en otros medios. 

Comenzará el autor por explicarnos su motivación para escribir esta obra, con algunas de las claves que el autor entiende que llevan al aficionado (lector o espectador en general) a disfrutar (es un decir) del género. King hace de entrada una taxonomía del horror, graduándolo según estilo o pericia del autor:

  1. Primero y por encima de todo está el terror, la emoción o estado psicológico más elemental y que el autor procura como fruto dilecto de su obra: un estado de tensión previo que debe mantenerse todo lo razonablemente posible.
  2. Luego está el horror, esa sorpresa al final del terror.
  3. Al final de la escala está el asco, un reflejo visceral y truco barato a fin de cuentas.
En las cándidas palabras del autor:

Reconozco el terror como la principal emoción, así que trato de aterrorizar al lector. Pero si me parece que no puedo aterrorizarle, voy a intentar horrorizarle, y si veo que no puedo horrorizarle, intentaré asquearle. No estoy orgulloso.

A continuación y hurgando en la historia reciente de la literatura, King discutirá sobre tres obras que considera capitales o fundacionales para el horror, especialmente por los tópicos y arquetipos de personajes que éstas suponen para el horror en la literatura y luego en otros medios: "Frankenstein" de Mary Shelley, "Drácula" de Bram Stoker y "El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde" de Robert Louis Stevenson; todos verdaderos clásicos de la literatura victoriana y cada uno carta mayor de lo que King denomina el tarot del horror. En efecto, a poco indagar se encuentra uno con elementos tan antiguos como la xenofobia, los tabúes sexuales o los ideales inspirados en Apolo (el hombre-dios) o Dioniso (el hombre-animal); cada uno de ellos con sus propias pulsiones o motivaciones en la sique humana.

Después hará un interludio autobiográfico, comentando sobre su infancia, precaria en lo económico y casi sin recuerdos de un padre que les abandonó cuando el tenía apenas 2 años. Las vivencias con su hermano mayor y sus parientes configuran un pequeño mundo, real e imaginario, que acrecentarán en el autor el gusto por las historias. Culmina este recuerdo con el hallazgo de algunos libros de su padre, única herencia que dará pleno provecho en el futuro de King, especialmente a partir del impacto que en él producirá una antología de H. P. Lovecraft, otro gigante seminal del horror literario y que abrirá al autor las puertas de lo que en definitiva sería su profesión.

Continuando con la evolución del género, estamos en los días de la radio, en los que el impacto de la narración oral y la forzosa necesidad de estimular la imaginación (en ausencia de lo visual) harán crecer el género y su penetración en la cultura de mediados del siglo XX.

Llegamos así al cine, que King revisará con gusto, recorriendo lo bueno y lo malo de la producción fílmica desde los años 50 hasta los años 80, cuando la edición original de este libro: el autor rescata en efecto las películas malas que sin embargo algo tienen que decir y que a la larga contribuyen, desde abajo y a su manera, al corpus del género. Como suele ocurrir, los temas de las producciones suelen reflejar los intereses y las preocupaciones de cada década... pero en el caso del horror el cine nos informa además de nuestros temores: los miedos y las pesadillas de una sociedad que trasciende (y a veces ignora) al individuo.

Cumplida la revisión del cine, le toca el turno a la televisión, repasando varias series norteamericanas clásicas, todas con sus más y menos; no tanto por las limitaciones técnicas del medio como por la falta de calidad en los guiones, comprometida como está la televisión con sus auspiciadores: se trata de un medio con fines publicitarios primero, comerciales segundo y con resultados de entretenimiento, estéticos o artísticos más por casualidad que de intento, especialmente dados los estándares de lo que se puede o no mostrar cuando no hay derechamente censura. Pocas cosas buenas tiene el autor que decir de "La teta de vidrio”, según la bautizó Harlan Ellison.

Casi hacia el final del libro se completa el círculo y King revisa nuevamente la literatura de horror, abordando obras significativas y de data más reciente, las que pese a su novedad ya han dejado huella en la cultura popular y creado escuela, que no es poco.

Por último, la lectura se cierra con la sutil danza entre la ficción y la realidad: hasta qué punto el horror (en cualesquiera de sus medios) puede ser considerado una influencia válida o incluso excusa para los actos detestables del ser humano.

Aquellos familiarizados con la obra de Stephen King no se sorprenderán de leer una obra escrita en tono liviano, con una prosa a ratos desenfadada  o deslenguada, cuando no irónica o mordaz, siempre evitando la retórica estéril ("mierda académica" en sus palabras), con un tono llano y falto de toda pedantería.

Es por ende una lectura interesante, absorbente y muy entretenida a pesar de lo escabroso del tema tratado. Pronto comienza uno a compartir la ¿mórbida? fascinación del autor, máxime cuando las virtudes (y debilidades) del género son tan correctamente expuestas por alguien que se sumerge a menudo en ello por trabajo.

Si usted lee este tipo de literatura, dese el gusto de conocer este libro para empaparse y mejor conocer y disfrutar de lo bueno, lo excelso y de la deliciosa seducción de lo horrible, fruto dilecto del horror, en cualesquiera de sus medios.

Ahora bien, si usted no conoce o piensa que no le gusta el género, dele una oportunidad: coja el libro, recorra la galería oscura, abra la puerta ajada al final del pasillo en tinieblas y disfrute con los escalofríos por venir...

sábado, 12 de marzo de 2022

Esto te va a doler: primero no hacer daño no aplica al doctor

En general, en este blog no he escrito reseñas sobre temas vocacionales, salvo lo referido a la autoría de ficción interactiva. En efecto, aquella suele ser literatura más bien árida y no siempre de lectura grata o demasiado interesante: de hecho, cuando el lector aborda ese tipo de ensayo suele hacerlo precisamente desde el interés y experiencia personal, aspectos sumamente variables de un individuo a otro.

Sin embargo, el tema de la salud y su cuidado es, creo, suficientemente universal: en uno u otro momento todos hemos tenido que atendernos en centros médicos y (según los medios de cada uno) en particular en lo que se suele llamar el sistema de salud pública. La experiencia del paciente varía de un país a otro pues, como suele ocurrir con todo, el nivel de calidad de la atención así como los tiempos de espera van según los medios económicos de cada país... o eso se supone.

Todo eso desde el punto de vista del paciente, claro. Pero la otra cara de la moneda, las vicisitudes de los médicos, enfermeras y personal de atención primaria en general suele pasarse habitualmente por alto, como si ellos no fueran personas con sus propias dificultades, necesidades, fatigas y (sorpresa) problemas de salud.

Dicho eso, en esta ocasión voy a comentar el libro "Esto te va a doler" (This is Going To Hurt) del autor británico Adam Kay.

Actualmente Adam es humorista y escritor de guiones para cine y televisión, pero antes de eso ejerció la medicina como gineco obstetra. En su caso, esto quiere decir que su práctica profesional tuvo un paso obligado por el Sistema de Salud Nacional (NHS) británico, donde trabajó durante varios años.

La lectura nos llevará a asistir a los comienzos, el progreso y el avance de la práctica médica del autor, en base a una serie de breves anécdotas episódicas tomadas de un diario de registro profesional pero que, inevitablemente, se vuelve más y más personal a medida que el tiempo pasa y los rigores de su trabajo comienzan a pasarle la cuenta al joven doctor: en su cuerpo y en su mente.

Conoceremos así su ordalía con el sobretiempo, el abuso de sus superiores y de los pacientes, las dificultades kafkianas de requerimientos administrativos que la informática acrecienta en vez de resolver... y la lenta pero inexorable degradación de la vida personal de Adam, que sencillamente no puede con todo y tampoco tiene tiempo para nada fuera de su trabajo.

Aunque la prosa es de tono liviano, el lector no se ahorrará detalles más bien escabrosos de la especialidad médica del autor, donde no hay espacio para el error humano: hay vidas de por medio, máxime de niños por nacer, pero a los doctores y tratantes en general se les somete a exigencias de tiempo, resistencia y dedicación que ignoran o derechamente atropellan su condición humana, con toda su fragilidad e inevitable falibilidad.

Y es que los doctores son también personas, aunque esto resulte inconveniente para un sistema de salud y una opinión pública insensibles y desmedidos en sus expectativas, sazonado todo ello con la habitual estulticia demagógica de los políticos (pequeños sátrapas de nuestros tiempos) cuya contribución al problema es que existan menos recursos y mecanismos de soporte o alivio, lo que no hace más que empeorar las condiciones laborales de los tratantes.

Todo ello determinará el quebranto y finalmente el abandono de la profesión médica por parte de Adam: no por falta de vocación sino porque su espíritu ha quedado herido más allá de cualquier cura.

Será el tiempo, la calma y la perspectiva desde afuera lo que llevarán al autor a crear este libro, que en su país no pasó desapercibido, exponiendo una realidad que merecía ser gritada en la cara de cuantos preferían ignorarla o negarla.

A pesar de lo dicho, estamos frente a una lectura sumamente amena e interesante de principio a fin, escrita con mucho humor y no poca ironía, pero que es a la postre una loa al sacrificio y abnegación de quienes trabajan sin descanso y poco agradecimiento en esto que se ha dado en llamar "la salud", olvidando que para hacer esa masa es necesario moler trigo y hacer harina con los seres humanos que hacen posible que aquello funcione.

Lectura sumamente recomendable para todos quienes quieran saber más del tema de la salud pública, que no varía demasiado cuando se supone que sí existen los recursos y los medios: quiera el lector conocer este libro y luego mirar con otros ojos algo que todos damos por sentado, sin saber realmente cuánto vale ni todo lo que les cuesta a aquellos que prestan este servicio.

sábado, 17 de febrero de 2018

Nación: comenzando de cero

Para comenzar, pedir disculpas a los que leen este blog ("alguien debe hacerlo") por mi larga ausencia en estas páginas, pantallas o como sea...

Dicho esto, en esta ocasión reseñaré la novela "Nación" (Nation) del autor británico Terry Pratchett.

Pratchett es famoso por su saga de humor y fantasía "Mundodisco" (Discworld) pero también escribía novelas independientes, la mayoría en clave de humor como la presente.

"Nación" comienza en un planeta casi-casi como el nuestro, en un mundo en que las colonias americanas inglesas no llegaron a independizarse; acaba de publicarse "El origen de las especies" de Charles Darwin, pero el vendaval de ese libro es casi una nota al pie de página de este relato.

He aquí que una pandemia de influenza rusa acaba de diezmar a la familia real inglesa, al punto de que 137 de sus miembros en la linea de sucesión han perecido: sobrevive Henry Fanshaw, gobernador de las posesiones inglesas en Oceanía... y su hija Ermintrude, abandonada en la isla Nación tras un tsunami que hundió la embarcación en que viajaba sin su padre, salvándola (es un decir) de un motín a bordo.

Ermintrude no está sola en la isla. Pronto encontrará a Mau, un nativo cuyo pueblo ha sido totalmente destruido por el tsunami; Mau sobrevive al estar lejos de su isla durante su rito de iniciación, dejándolo con culpa de superviviente y con una profunda desconfianza en sus creencias religiosas.

Luego llegan a la isla otros náufragos del desastre, más cercanos en cultura y creencias a Mau que a la chica inglesa, que en forma muy cómica y equívoca comienza gradualmente a entenderse con los nativos, colaborando con ellos para sobrevivir. La naturaleza no es el único obstáculo a superar: el tsunami ha acabado con todos los nativos y pronto queda claro que Nación no era una isla abandonada, deshabitada... ni pacífica.

Mau y Ermintrude, jóvenes y con escaza experiencia (en casi todo), comienzan a tomar decisiones morales crecientemente complejas y difíciles, sin más guia que su naciente aunque accidentada (je) amistad y todo el sentido común y buenas intenciones que dos muchachos desarraigados pueden tener.

Como en muchas de sus novelas, Pratchett da mucha importancia al azar y la voluntad (buena y mala) de sus protagonistas, que cometen los errores propios de su edad, su limitada experiencia y su escazamente formada noción de lo bueno y lo malo: es precisamente un elemento crucial (y fascinante) del relato el ver como los protagonistas se manejan en las difíciles circunstancias que les toca vivir, creándose su propio conjunto de reglas y de valores para salir adelante...

...siendo fieles a sí mismos, pues no hay adultos que puedan o quieran guiarlos en el proceso.

La perspectiva presente en "Nación" es optimista frente a otros relatos como "El señor de las moscas" (Lord of the Flies) de William Golding, pues el humor de Pratchett desborda en cada página de este entretenido libro.

Lectura muy recomendable para los que gustan del humor, los relatos de aventura y de la transición a la vida adulta.

Si, por otra parte, el lector cree que empezar de cero en una isla desierta es la solución a los problemas de la vida, entonces esta novela va doblemente recomendada.

jueves, 29 de enero de 2015

The Walking Dead: muertos caminantes... rodeados de zombis

En esta ocasión, y saliéndome por segunda vez de la (ejem) línea editorial habitual, voy a comentar el cómic "Los muertos vivientes" ("The Walking Dead") que he comenzado a leer.

La premisa del relato es sencilla: se produce una pandemia de zombis y los que aun no lo son deben tratar de sobrevivir como sea, sin contar con la infraestructura civilizada que rápidamente se cae a pedazos.

La verdad, más allá de la temática de zombis, que ya he tocado alguna vez en este blog, lo que me atrajo de esta serie fue el concepto de (con perdón, je) descomposición social que aborda. Si bien esto es típico de los relatos postapocalípticos, la perspectiva es personal, como en la ya revisada "La carretera" (The Road) de Cormac McCarthy, y a diferencia de aquella, asistimos al "proceso" desde su inicio.

Cuesta no sentir simpatía (y algo de rechazo) por estos pobres personajes que se aferran a su propia supervivencia, sacrificando el tejido de la sociedad hebra por hebra y, de paso, erosionando su humanidad que (suprema ironía) es lo único que mantiene cohesionado a un grupo y permite la resistencia organizada.

Esta es de hecho una de las claves de la serie: el concepto de grupo, nosotros v/s ellos, que de los zombis pasa rápidamente a incluir todo obstáculo contra la propia supervivencia... incluyendo otros seres humanos con escalas de valores similares o más depredadoras aún, si cabe... y en la serie aquello se demuestra hasta el asco.

Un asco que nada tiene que ver con la podredumbre y lo muertos vivientes, sino con las gentes que, no estando muertas de cuerpo, inexorablemente llegan a estarlo de espíritu.

Y pronto el paisaje se llena de muertos vivientes... y de los zombis que los acechan.

Lectura muy recomendable, sobre todo para los que creen que las cosas no pueden empeorar después de un desastre...

domingo, 10 de junio de 2012

Duna: más allá de la ciencia ficción.

La reciente muerte de Ray Bradbury me ha hecho revisar la lista de obras que he reseñado en este blog.

He podido constatar, con algo de vergüenza, que no he comentado varias obras fundamentales de la ciencia ficción y la fantasía: verdaderos clásicos de esta rama de la literatura.

Así pues, en lo que espero que se transforme en una larga serie de artículos ;-) pasaré a comentar varios libros que han dejado huella en la literatura universal, comenzando por Duna (Dune) del norte americano Frank Herbert.

La narración se sitúa en un futuro distante: la humanidad se ha expandido por el cosmos, con varias interesantes premisas para plantear el argumento.

La forma de gobierno imperante es claramente feudal, con familias reinantes a cargo de uno o más planetas, lideradas por una dinastía imperial, todas balanceando entres sí su poderío bélico bajo la premisa de aniquilación mutua garantizada.

La tecnología está en un grado altísimo de sofisticación, liderado por los pueblos Tleilaxu e Ix, pero con la ausencia total de elementos informáticos, tras una cruenta "guerra santa", la Yihad Butleriana, que borró a las "máquinas pensantes" y la esclavitud en que tenían sumida a la humanidad (auspicioso para nuestros tiempos ¿no?).

El comercio es llevado por la CHOAM, un consorcio monopólico absoluto que se apoya a su vez en un monopolio también absoluto de la Cofradía Espacial, un gremio de pilotos y naves espaciales.

Una hermandad femenina, la Bene Gesserit, guia desde las sombras todas estas fuerzas, en pos de conseguir (con cruza genética selectiva) una especie más evolucionada. Su meta es el advenimiento de un hombre, el Kwisatz Haderach, cuyos poderes mentales trascenderán el tiempo y el espacio.

Y en el centro de todo, el planeta Arrakis, Duna: un mundo árido y desértico, el único lugar del universo conocido donde se extrae la especia melange, un compuesto semi orgánico que prolonga la vida y cohesiona al Imperio, ya que sin la especia los Navegantes no podrían guiar a sus naves por el espacio en forma instantánea...

He aquí que las familias reinantes Atreides y Harkonnen van a finalizar su antagonismo de siglos, pues el emperador ha cedido a los Atreides la explotación de la especia. Las luchas e intrigas bizantinas no tardan en desencadenarse, sutil y luego violentamente, en Duna y fuera del planeta, para determinar el periplo del heredero Atreides, Paul, que intentará recuperar sus derechos desde el seno de los Fremen, nómadas de Dune a los que nadie ha tenido en cuenta... hasta ahora.

Es entre los Fremen que Paul encontrará su verdadero destino, más allá de los designios de su familia, del Imperio, o de la Bena Gesserit, quienes ven en este heredero el fruto final de su programa genético. Los Fremen, un pueblo que tiene una historia tan larga y profunda como las de las fuerzas políticas y económicas que los rodean, una nación que posee sus propios mitos. Todos ellos llevarán a Duna a un destino nuevo, que no está previsto por nadie, ni por ellos mismos...


Cuando leí está novela estaba comenzando mis estudios de ingeniería y tenía no pocas obligaciones que llenaban mi tiempo y mi mente. Sin embargo, este libro abrió mis ojos a muchas realidades de la historia y del presente que de otro modo puede que no habría notado si acaso mucho más tarde.

No siendo un ensayo, el relato plantea al lector muchísimas ideas y reflexiones sobre la naturaleza humana, nuestra relación con el entorno natural, la economía, la política y la religión, cuya enunciación exceden mi propia capacidad literaria para expresarlas en algo parecido a una síntesis y ciertamente no en un sólo artículo en este blog.

Puedo decir, sí, que el ritmo del relato es progresivo, partiendo de lo pequeño y elevándose luego a lo más grande, repitiendo este ciclo contrastante una y otra vez según progresa la narración.

Los personajes, todos ricos en matices aunque con antagonismos y protagonismos muy claros, son el motor del relato y nos dejarán vívido recuerdo, incluyendo el propio paisaje de Duna, que el autor sabe describir y hacer parte integrante de la emotividad de la narración.

La trama, por último, es envolvente y fascinante, pese a que a ratos los hilos argumentales llegan a una complejidad no menor.

¿Que si recomiendo este libro?

Si les gusta la literatura, sí. Y si no les gusta la literatura, entonces lo recomiendo aun más...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Blindsight: los caminos de la inteligencia a la conciencia

Hace algo más de una semana he concluido la lectura de la novela Blindsight ("Visión ciega")del canadiense Peter Watts. No la había reseñado por... bueno, la Vida Real y sus demandas, pero vamos a ello.

El relato comienza en nuestro planeta 80 años en el futuro. La realidad virtual y la inteligencia artificial han producido la tan esperada convergencia del hombre y sus creaciones informáticas, pero con resultados poco esperanzadores: cunde el individualismo y la vida en línea, al punto de que los nacimientos han descendido en forma más bien alarmante.

Surgen también nuevas profesiones, orientadas a explotar otras formas de conocimiento y colaboración. Tal es el caso del protagonista: Siri es un "sintetista", que observa sin jamás tomar partido para obtener así patrones y conclusiones lo más objetivas posibles... al costo de una separación casi patológica del resto de la humanidad.

En medio de todo esto y en forma más bien sorpresiva, miles de micro satélites artificiales entran en órbita baja, vigilan nuestro planeta por breves momentos... y luego desaparecen. Alarmado, el gobierno mundial envía una nave expedicionaria, la Theseus, para encontrar el origen de los satélites, intentar un primer contacto y determinar las intenciones de los extraterrestres.

Lo que sigue es una fascinante exploración de temas que se vuelven cruciales en estos tiempos tan tecnologizados: nuestra propia humanidad, nuestra evolución cognitiva y social, las infinitas y vastas perspectivas que se descubren en el camino evolutivo que nos llevó desde la inteligencia a la conciencia... y los riesgos que correríamos frente a una especie tecnológicamente más avanzada pero que siguió un camino evolutivo muy diferente.

Es una novela rica en desarrollo de personajes, diálogo y reflexión, pero que mantiene el suspenso y el interés del lector hasta el final. Algunas de las situaciones planteadas son muy inquietantes en cuanto a un posible devenir de nuestra humanidad en el siglo XXI, lo que agrega un elemento más de interés a este relato, que trata de un primer contacto pero sólo en la superficie...

La recomiendo a todos los que gustan de la ciencia ficción, la sociología, la psicología o la "ensalada de extraterrestres". Parece difícil de creer que una sola novela pueda abarcar tanto, pero hacía tiempo que no leía un relato que me confirmara de modo tan contundente que esto de la sci-fi es algo más que viajes espaciales y aventuras...

domingo, 25 de abril de 2010

La carretera: lo importante es el camino

El viaje se ha utilizado como recurso literario desde los comienzos de la historia de la novela. El avance lento por un camino, en pos de alguna misión, enfrentado situaciones y personajes a medida que se avanza, ha sido visitado con singular éxito en la literatura grande y la pequeña: "Don Quijote de la Mancha", "El señor de los anillos", la serie de la Torre Oscura (comentada en este blog) son algunos ejemplos conocidos.

"La carretera" (The Road), novela del escritor estadounidense Cormac McCarthy, es un excelente nuevo ejemplo, que comentaré en este post.

El relato se centra en el periplo de un padre y su hijo a lo largo de los remanentes de una carretera estadounidense en un paisaje post apocalíptico, donde aparte de los protagonistas y otros poquísimos sobre vivientes, ya no queda casi nada con vida. Los personajes huyen de una ubicación original no especificada, en pos de la costa, donde esperan encontrar condiciones climáticas (y humanas) menos hostiles.

El cataclismo, ocurrido antes del nacimiento del niño, nunca es explicitado en su naturaleza, pero las consecuencias en el ecosistema (cenizas por todos lados, vida vegetal y animal aniquilada, escasa luz solar y clima muy frío) y en la sociedad (ciudades consumidas en conflagraciones masivas, comunidades acaso tribales, supervivencia por depredación mutua o por forrajeo de restos en las ruinas) sugieren algún conflicto nuclear importante ("intercambio no limitado").

El autor describe estos elementos con crudo detalle, pero, sin embargo, son sólo el telón de fondo para narrar la relación de mutuo soporte y aprendizaje de los protagonistas, con una prosa bellísima, pausada, envolvente, que, sin ocultar las debilidades de estas personas, resalta sobre todo sus fortalezas, especialmente su vínculo de amor: un amor hermoso, tierno, absolutamente indestructible frente a la desolación y barbarie universales que los rodean.

"El hombre" y "el niño" (sin nombres propios enunciados en parte alguna del relato) hablan poco, pero sus breves diálogos dibujan con sutileza su mundo interior, alternando por cierto la narración entre las urgencias cotidianas por avanzar, mantenerse vivos ...y los recuerdos pre cataclismo del padre, donde escasamente aparece la madre del niño.

Es, sin serlo, una excelente novela sobre la ecología, la importancia de la familia... y la sobrevivencia de la vida y del afecto en condiciones extremas. Después de su lectura no se puede sino mirar con otros ojos este mundo nuestro, tan frágil, tan lleno de belleza, de felicidad y miseria.

Muy recomendable novela para quienes gusten del relato psicólogico y/o de los relatos post apocalípticos, aunque esta novela no es ciencia ficción.

Por cierto, quienes gusten de la ficción interactiva, pueden leer a propósito mi relato "Afuera" escrito/programado mucho antes de leer esta novela. El tema está relacionado aunque el enfoque es algo más que ligeramente distinto...