Mostrando entradas con la etiqueta alatriste. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alatriste. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de agosto de 2025

Atrapado en Alatriste

Un alza un tanto brusca en la carga de trabajo y algunos temas de familia me han vuelto a alejar de estas páginas.

Mientras tanto, la mente no descansa... o trata de hacerlo, cuando puede.

Buscando un poco de solaz, he recurrido a mi otra afición narrativa, que son los cómics y he dado con un par de episodios de "Las aventuras del capitán Alatriste": una lectura liviana pero no falta de gracia y ciertamente plena de entretención. 

Avisado de que está pronto a aparecer un nuevo libro de la saga literaria de don Arturo Pérez-Reverte, me ha picado el gusanillo de la lectura y he vuelto, una vez más, a las obras literarias que inspiraron el cómic.

Como ocurre con una buena comida, pues también sucede con un libro o una obra literaria de calidad: siempre es gusto poder volver a disfrutarla; llevo ya cosa de una semana en ello y estoy por terminar con "El sol de Breda", tercer título de la serie.

No acabo de decidirme si lo que me gusta de la serie es la parte aventurera, el lenguaje, la ambientación, los personajes... es el todo o son cada una de las partes, pero el hecho es que la novela seduce y me hace, como digo, regresar: y no es primera vez, vaya.

Y está, también, el hecho de que hace ya mucho tengo en proyecto una obra ambientada en una época similar, a la que la verdad aún no me atrevo a acudir en pleno, precisamente por no dar con el lenguaje adecuado, cosa que en cambio a Don Arturo se le da con tanta facilidad. Con decirles que he llegado a considerar usar una IA para que "tradujera" mis textos, pero mi pudor puede más...

En fin, quería contarles mis cuitas personales y de autor, para no perder la costumbre de publicar en el blog y para airear ciertas cosas que me están preocupando estos días: que para eso, la palabra escrita tiene su qué sé yo de terapéutico.

Ya les contaré pronto de qué van el mundillo aventurero y mis otras lecturas.

¡Hasta pronto!

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes del Siglo de Oro: nada nuevo bajo el sol

Pese a tener bastante material pendiente o disponible para leer, de vez en cuando tiendo a volver a algunos libros que dejaron impresión honda o de los que gusto mucho. Es el caso de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrita por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Esta segunda lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la serie, me ha permitido fijarme en algunos detalles más bien sociológicos observados en ese Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español, que paso a compartir con ustedes:

  • Las gentes, en vez de tweets, escribía poemas anónimos que luego circulaban según si eran certeros o de calidad.
  • El toreo era una fiesta universal: para todos y todas.
  • En general, el pueblo llano era pobre, generoso, honesto, trabajador y leal; en su mayoría, la nobleza, las autoridades (Iglesia y Estado) y la burocracia... no.
  • La mujer era libre de respirar... y poco más.
  • Al soldado, en activo o veterano retirado, rico o sobretodo pobre, su honra le valía la vida.
  • Los artistas de renombre, especialmente en las letras, eran venerados, queridos y respetados por las gentes.
  • Los artistas, entre sí, en público y en privado, alternaban la admiración y el respeto con la envidia y el escarnio; para los medios de comunicación, véase el primer apunte.
  • Las autoridades comerciaban, acordaban, traicionaban y robaban; discretamente o a plena vista, según les plugía.
Como podrán observar "vuestras mercedes" en algunas cosas nuestras sociedades han mejorado... y en otras no tanto: puedo asegurar que cualquiera de ustedes podrá, sin demasiado esfuerzo, encontrar ejemplos en la contingencia reciente de su país que caen en alguno de estos apuntes.

La naturaleza humana y nuestras instituciones, ya se ve, siguen siendo más o menos las mismas y los cambios (que los hay) avanzan más bien lento.

Espero escribirles pronto con un tema algo más festivo que esta constatación de que, mirando la historia, cuesta encontrar algo nuevo bajo el sol...


viernes, 4 de noviembre de 2011

Entrevista al capitán Alatriste

Se ha publicado en el diario español El Mundo , en su sección Encuentros digitales, una interesantísima entrevista a Diego Alatriste y Tenorio, en cuanto a personaje literario creado por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Es un hermoso ejercicio literario, en que el personaje responde, de la mano de su autor, a preguntas hechas por personas de nuestros días.

Asistimos así a la ficción de ver nuestro mundo del presente con los ojos de una persona que vivió en otros tiempos que, como cualquier época, tenían sus más y sus menos. Para muestra, un botón:

31. [...] Mi pregunta es porqué a pesar de esta jodida España cada vez que llego a mi Puerto de Cádiz, el nuevo Barajas, después de estar con los de los ladrillos rojos empapados en agua, los ingleses, los pesados italianos, cuyo país es mucho más hermoso cuando duermen y los petulantes vecinos del norte, se me abre el corazón, me entra una sonrisa y se me ilumina el alma? Muchas gracias mi Capitán. Un jodido infeliz de la tropa Española.

R. Porque España, cuando se la mira bien, es un lugar luminoso y grato. Poblado por gente de ingenio y coraje cuando se le demanda. Me pregunto si en vez de estar en manos de los que siempre estuvimos, qué habría pasado si hubiésemos estado regidos por gente buena y decente. Todo sería muy distinto, sin duda. La ventaja de ustedes respecto a mí es que con los sistemas políticos modernos de que gozan, pueden intentar eso de la decencia cada cuatro años. En mi tiempo no había más cera que la que ardía. Nacías con un rey, morías con un rey y te echaban el responso los curas de siempre.
y cómo esta, 99 más y ninguna tiene desperdicio.

Sumamente recomendable para los estudiosos de la historia, los observadores del presente y todos quienes no se traguen discursos baratos para explicar las burradas y las maravillas de nuestra pobre y grandiosa naturaleza humana.

Aprovecho de agradecer a Baltasar, autor del CAAD: sin su oportuna cita en facebook, jamás me habría enterado de esta pequeña maravilla...

viernes, 14 de mayo de 2010

El capitán Alatriste: no es de oro todo lo que reluce (y un siglo, menos)

He disfrutado mucho la lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrito por el novelista español Arturo Pérez-Reverte. Tiempo hacía que no leía novelas de capa y espada, y mucho me ha gustado, por lo que paso a reseñarla brevemente.

El relato se basa en la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín que sobrevive alquilando su acero, pero nunca su honra, en el Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español... y aquí conviene que explique el título de este post, de labios de Íñigo Balboa y Aguirre, hijo de un fallecido amigo del capitán, su (entonces) paje y cronista de la saga:

Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca Don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman Siglo de Oro. Más lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de Don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena.
Y es que, en efecto, a los ojos de sus testigos presenciales (entre los que está Francisco de Quevedo, amigo del capitán) el mentado siglo dorado no fue tal, sino más bien el engañoso fulgor de una decadencia que se aceleraría en menos de 20 años para dar a la postre con la hegemonía de España en el mundo, su economía y cultura...

...pero, no adelantemos los hechos (como diría Íñigo) y volvamos a lo que nos ocupa.

Corre el año 1622 (o 1623; el cronista no está seguro), siendo soberano Felipe IV de España . Don Diego, intentando capear la miseria que lo acecha, acepta un trabajo donde se necesitan sus servicios como espadachín a sueldo. Es citado en una extraña casa abandonada y entrevistado por dos sujetos enmascarados quienes le señalan que existen dos viajeros ingleses que deben ser castigados o desanimados de llegar a la embajada inglesa, que es su destino final... pero sin matarlos ("Ni muertos ni sangre –insistió el hombre corpulento–. Al menos, no mucha."). Sin embargo, estando ausentes los sujetos enmascarados, aparece fray Emilio Bocanegra, dominico y presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, quien cambia las órdenes.

Alatriste intentará cumplir con el encargo, pero estas cosas suelen complicarse... y no se diga más, que no quitaré al potencial lector el gusto se averiguarlo por si mismo.

Todo esto, por supuesto, con Madrid, su buena gente y tanta maravilla de esos tiempos como telón de fondo, lo que, sin embargo, no hace perder del todo la perspectiva del cronista. Cito otro pasaje:
–Ahí viene Lope –dijo alguien.
Todos se quitaron los sombreros cuando Lope, el gran Félix Lope de Vega Carpio, apareció caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso, y se detuvo unos instantes a departir con Don Francisco de Quevedo, quien lo felicitó por la comedia que representaban al día siguiente en el corral del Príncipe: acontecimiento teatral al que Diego Alatriste había prometido llevarme, y yo iba a presenciar por primera vez en mi vida. Después, Don Francisco hizo algunas presentaciones.
–El capitán Don Diego Alatriste y Tenorio... Ya conoce vuestra merced a Juan Vicuña... Diego Silva... El jovencito es Íñigo Balboa, hijo de un militar caído en Flandes.
Al oír aquello, Lope me tocó un momento la cabeza con espontáneo gesto de simpatía. Fue la primera vez que lo vi, aunque tendría después otras ocasiones; y recordaré siempre su continente sexagenario y grave, su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada, que nos dedicó a todos antes de proseguir camino rodeado por muestras de respeto.
–No olvides a ese hombre ni este día –me dijo el capitán, dándome un afectuoso pescozón en el mismo sitio donde Lope me había tocado.
Y no lo olvidé nunca. Todavía hoy, tantos años después de aquello, me llevo la mano a la coronilla y siento allí el contacto de los dedos afectuosos del Fénix de los Ingenios. Ni él, ni Don Francisco de Quevedo, ni Velázquez, ni el capitán Alatriste, ni la época miserable y magnífica que entonces conocí, existen ya. Pero queda, en las bibliotecas, en los libros, en los lienzos, en las iglesias, en los palacios, calles y plazas, la huella indeleble que aquellos hombres dejaron de su paso por la tierra. El recuerdo de la mano de Lope desaparecerá conmigo cuando yo muera, como también el acento andaluz de Diego de Silva, el sonido de las espuelas de oro de Don Francisco al cojear, o la mirada glauca y serena del capitán Alatriste. Pero el eco de sus vidas singulares seguirá resonando mientras exista ese lugar impreciso, mezcla de pueblos, lenguas, historias, sangres y sueños traicionados: ese escenario maravilloso y trágico que llamamos España.
Nosotros, que vivimos tiempos ciertamente de menos lustro en las letras pero no por ellos vacíos o faltos de maravilla en las artes y otros ámbitos, debemos también saber apreciarlos, saber vivir y, en la medida de nuestras posibilidades, talentos y fuerzas, dejar en definitiva nuestra huella, por breve que esta sea, en este friso tan hermoso que tuvo a bien Dios darnos a contemplar y completar... pardiez ;-)

Quien esto escribe no tiene pretensiones literarias en este sentido, por cierto, pero si tras leer lo que se escribe en este blog, alguno se siente inspirado o motivado a crear o recrearse con lo hermoso y bueno que hay en el mundo, no todo lo que se trabaje será en vano.

Dicho esto, es una novela absolutamente recomendable para todos los que disfruten del relato de aventuras, de la novela histórica y sobre todo de un relato en lo que bueno, lo hermoso y lo terrible de nuestra humanidad rezuma y reluce por todo lo alto.

Hasta pronto...