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domingo, 3 de mayo de 2026

La monja alférez: crónica de una epopeya trans del siglo XVII

Intentando hacer un ejercicio de estilo literario, que vuestras mercedes sabrán disculpar si no resulta feliz, paso a hacer una breve relación del relato que Ricard Ibañez hace en su novela "La Monja Alférez: La juventud travestida de Catalina de Erauso".

Nace en 1585 la protagonista desta historia como Catalina de Erauso en San Sebastián de Guipúzcoa, en España, y es ingresada a un convento de ese lar a los 4 años; durante poco más de dos lustros no logran allí domar su temple, entre varios lances que pasan de la picaresca hasta la Inquisición.

Luego, acaecerá su fuga del convento y su transformación de género, entre cosmética, disfraz y aquelarre, que dello se dice quel señor Ibañez conoce no poco. Comienza así su vida como Francisco de Loyola, su alter ego masculino, que no aun verdaderamente viril.

Sigue a ello un breve interludio con un peregrino más sagaz y entendido en lo mundano que lo espiritual. Arriba así a la localidad de Vitoria, donde hará un corto servicio de 3 meses con un profesor de bachilleres, haciendo en esas tareas algo más de aprendizaje en letras y ganando con ello abrigo y alimento.

Tendrá después vida de paje durante 7 meses en Valladolid, al servicio de Juan de Idiáquez, secretario del rey Felipe III, buscando deste el aprendizaje en la espada, harta ya del de la pluma. Debe, sin embargo huir del lugar: tras un encuentro con su padre (que no la reconoce) y escapando de su pasado, parte a Bilbao.

Tras una pendencia de taverna, de la que nada saca salvo un mes en cárcel, deja Bilbao y parte a Estella, en Navarra, donde tendrá dos años tranquilos como paje al servicio de don Carlos Arellano, caballero de Santiago ya entrado en años.

Después de aquello, hace un breve paseo por su nativa San Sebastián y torna luego a Sevilla con intención de ir a Madrid y hacer servicio en los tercios; más viendo en esa ciudad, andaluza y cosmopolita, cuánto puede el mundo ofrecer, deja Sevilla por Sanlúcar de Barrameda para embarcarse a las Américas, cosa que hace el Lunes Santo del año 1610 y a esas costas de Nombre de Dios llega tras 4 semanas de navegación, lances de marineros y villanos de por medio.

Muda entonces de nombre y como Alonso Díaz comienza a vivir mil y una peripecias en tierras de Reino de Indias.

A Panamá primero llega, de Sevilla ciudad gemela, donde también el dinero a todos hace hermanos. Tres meses de molicie y despilfarro dan cuenta de sus escasos ahorros y entra pues al servicio del mercader Don Juan de Urquiza, cuya vida salva durante aciaga travesía en pos de una de sus muchas propiedades costeras.

Ganada la confianza de su amo se hará cargo de sus negocios en la localidad de Zaña, donde a su pesar se verá metido en líos de faldas que son más del mercader que suyos: tres semanas de cárcel esta vez... y luego un ayuntamiento femenino que, por lo extraño, no le resulta enojoso, a la postre: sin embargo, tres meses de aquello y una segunda riña la deciden a abandonar el lugar y partir a Lima, do llega al comienzo del invierno del año 1610.

Por recomendación de señor de Urquiza entra al servicio de Diego de Solarte, pero un nuevo lío de faldas, a las que por lo visto Catalina (¿o Alonso?) se había aficionado, le trae nuevos problemas lo que le obligan a dejar Lima e ir a Concepción a la Guerra de Arauco que entonces se libraba en la Capitanía general de Chile.

En Concepción servirá bajo su hermano Miguel, sin ser por este reconocida. Su afición por las de su sexo le trae nuevos problemas, esta vez con la querida de su coevo y es entonces destinada a Paicaví. Ahí hará fama, participando en salidas de castigo y captura de los bravos nativos, de quienes hará rehenes que luego se intercambian por dineros o gentes españolas presas en lances similares de los araucanos. Aquello nuevamente le traera convivencia con su propio sexo, pero los azares de la guerra darán a ello un final funesto y poco feliz.

Decepcionada, Catalina deja la guerra de Arauco, pero su propia lucha no ha de terminar, pues su destino aún la persigue doquiera que vaya y su propio carácter indómito no dejará de traerle problemas, de los cuales ya no sabrá como salir...

El lector de estos tiempos sabrá aquilatar las diferencias y también similitudes de las vivencias de la de Erauso que, nacida mujer en su tiempo, no podía a causa dello vivir plenamente según su carácter, pareceres e inclinaciones; cosa esta que, pese a los cambios en las costumbres y los modos de vida, es aun una dificultad que algotros siguen enfrentando en nuestra epoca.

Quiera entonces quien esto lee reflexionar sobre cómo de actuales o no son las vicisitudes de Catalina y qué tan verderamente moderno es nuestro mundo contemporáneo, para quienes en él no siempre se encuentran del todo a gusto...

sábado, 30 de agosto de 2025

Atrapado en Alatriste

Un alza un tanto brusca en la carga de trabajo y algunos temas de familia me han vuelto a alejar de estas páginas.

Mientras tanto, la mente no descansa... o trata de hacerlo, cuando puede.

Buscando un poco de solaz, he recurrido a mi otra afición narrativa, que son los cómics y he dado con un par de episodios de "Las aventuras del capitán Alatriste": una lectura liviana pero no falta de gracia y ciertamente plena de entretención. 

Avisado de que está pronto a aparecer un nuevo libro de la saga literaria de don Arturo Pérez-Reverte, me ha picado el gusanillo de la lectura y he vuelto, una vez más, a las obras literarias que inspiraron el cómic.

Como ocurre con una buena comida, pues también sucede con un libro o una obra literaria de calidad: siempre es gusto poder volver a disfrutarla; llevo ya cosa de una semana en ello y estoy por terminar con "El sol de Breda", tercer título de la serie.

No acabo de decidirme si lo que me gusta de la serie es la parte aventurera, el lenguaje, la ambientación, los personajes... es el todo o son cada una de las partes, pero el hecho es que la novela seduce y me hace, como digo, regresar: y no es primera vez, vaya.

Y está, también, el hecho de que hace ya mucho tengo en proyecto una obra ambientada en una época similar, a la que la verdad aún no me atrevo a acudir en pleno, precisamente por no dar con el lenguaje adecuado, cosa que en cambio a Don Arturo se le da con tanta facilidad. Con decirles que he llegado a considerar usar una IA para que "tradujera" mis textos, pero mi pudor puede más...

En fin, quería contarles mis cuitas personales y de autor, para no perder la costumbre de publicar en el blog y para airear ciertas cosas que me están preocupando estos días: que para eso, la palabra escrita tiene su qué sé yo de terapéutico.

Ya les contaré pronto de qué van el mundillo aventurero y mis otras lecturas.

¡Hasta pronto!

viernes, 17 de febrero de 2023

Julián Romero de Ibarrola: la vida de un soldado en los Tercios de España

Por cosas de mi interés por la novela histórica y las aventuras de capa y espada, han caido en mis manos un par de libros del autor español José Javier Esparza ambientados en el así llamado Siglo de Oro español. 

Son parte de la serie literaria en los que se narran episodios de la vida de don Julián Romero de Ibarrola, quien fuera soldado en los poderosos ejércitos de la corona ibérica, los afamados Tercios, que durante casi tres siglos fueron la fuerza militar suprema en Europa y América.

Aunque los hechos narrados corresponden a un periodo semejante a los de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, antes comentada en este blog, el relato es bastante distinto al de las andanzas de Diego Alatriste y Tenorio, lo que ciertamente hace de esta lectura, a gusto de quien esto escribe, una experiencia de mucho provecho y disfrute.

Para empezar, las novelas están escritas a modo de autobiografía, con una prosa y lenguajes que ciertamente evocan el imaginario de aquellos tiempos, pero con un vocabulario asequible al lector actual. El tono, por otra parte, es mucho más personal, con la perspectiva de quien relata lo que ocurrió en su vida: desvaríos y precisiones, aciertos y errores, luces y sombras: en fin, lo que es de esperar de un relato subjetivo de hechos que sin embargo ocurrieron y que, historia aparte, son a la postre una ficción literaria, ya que don Julian jamás escribió sus memorias pues, en vida, estuvo ocupado en otros menesteres.

Es en este aspecto que el relato difiere (y no poco) con el de Alatriste, ya que si bien ambos protagonistas fueron soldados, la suerte de don Julian fue tanto más favorable, siempre al alero del ejército, en trato, servicio y confianza frecuente con "grandes del reyno".

Conoceremos así en "San Quintín" y "El tercio que nunca existió" los ires y venires de Romero, fuera y dentro de los campos de batalla, en su preparación y desenlace, con todos los rigores y esfuerzos de la vida del soldado español de aquellos tiempos, una vida de mucho riesgo y no siempre plena de recompensa o prebendas. Fue la suya, en cambio, una carrera militar siempre en ascenso, hasta llegar a los laureles de maestre de campo y  caballero de Santiago, lejos del periplo progresivamente ruinoso de don Diego.

Sin embargo, nada de ello vino por casualidad o sin daño, que la gloria en batalla se ganaba (entonces y ahora) a costa de muchos sacrificios, pues muy pocos salían de esos lances vivos o con el cuerpo y el espíritu intactos. En palabras de don Julián:

Mi nombre es Julián Romero de Ibarrola y soy maestre de campo de los tercios del rey nuestro señor. Sirvo hoy con don Felipe II como ayer serví con su augusto padre, el césar Carlos. Queréis que os cuente mi historia y yo os diré que mi único mérito es haber salvado la piel donde otros dieron la vida.

No busquéis aquí epopeyas ni fantasías, que esto no es libro de caballerías, sino memoria fiel y seca de una vida de soldado. Todo cuanto hallaréis en estas páginas son hechos verídicos y ciertos, que bien sabido es que la milicia casa mal con la imaginación.

Para quienes gusten del relato histórico o de hechos marciales, se trata sin duda de lecturas que traerán muchas horas de entretenimiento y educación, pues en su correctísima ambientación el lector se asomará con mucho detalle (y sin ningún tedio) a una época de la que no se habla habitualmente, pues su recuerdo no es siempre feliz: en mi país se citará la Guerra de Arauco, con todo lo noble, bello, horrible y bajo que ahí se dió cita... de ambos lados, pues si aquí los Tercios fueron rudos, los nativos nunca quedaron a la saga....

...pero esa es otra historia.

De vuelta a nuestro presente, no me queda sino recomendar la lectura de estos magníficos libros, para que el lector quiera conocer y aprender de un trozo de la historia de España, de la voz de uno de sus protagonistas: una historia cuyos ecos se escuchan incluso en nuestros días, a uno y otro lado "del charco".

sábado, 14 de enero de 2023

El samurái de Sevilla

Una de las últimas novelas que reseñé el 2007, en los comienzos de este blog, fue "Shogun" de James Clavell, lectura que dejó en mi una profunda y aun no del todo resuelta afición por la cultura japonesa.

Más de quince años después, las vueltas de la vida me han llevado a leer una suerte de continuación de aquel relato, también histórico amen de ficticio, que ahora paso a comentar.

Se trata del libro "El samurái de Sevilla" del autor John. J. Healey, en el que se narra el en verdad histórico viaje de Hasekura Tsunenaga, que lideró una misión comercial y diplómatica de Japón a España entre los años 1613 y 1620, precisamente a partir del punto en que finaliza "Shogún".

La narración, sin embargo, se centrará en las vivencias de uno de los miembros del séquito de Hasekura: Shiro, un samurái bastardo pero de linaje elevado, cuyos mesurados, prudentes y cuidadosos pasos se mezclarán de diversas maneras con las vidas de varios personajes de tierras españolas, reales y ficticios.

A través de los ojos de Shiro viviremos el choque de dos culturas más bien opuestas. Experimentaremos pues la maravilla, el pasmo y al cabo la repulsa y hasta el asco del protagonista al tratar de conciliar las obligaciones de su misión diplómatica con las maneras y usos de los a ratos "bárbaros" españoles de la época, frente a la sutileza y la contención de un samurái, fruto de la cultura japonesa en general y del bushido en particular.

Sin embargo, Shiro abraza la experencia, disfrutando o sufriendo plenamente de su periplo: jamás perdiendo su identidad nipona pero dejándose permear sin embargo por todos los lances que le ofrece su estadía en España, país que, como Japón, es un lugar hermoso a la par que peligroso, con sus propias normas y claves de comportamiento, en los que la clase social, la religión y el poder guían y tuercen los destinos de las gentes, un destino o karma del que Shiro tampoco podrá escapar...

Quienes hayan leído "Shogún" disfrutarán de esta novela sin experimentar nada ni remotamente parecido a la reiteración, ya que los personajes y las vivencias serán del todo distintas a las del relato de Clavell. Sin embargo, hay mucho de reflejo, simetría y hasta complemento en ambas historias: aquí, el extranjero es un japonés y lo exótico es lo occidental, un mundo ibérico familiar al lector pero que se presenta como nuevo, curioso o acaso risible al enfrentarlo con la perspectiva de Shiro.

Por otra parte, la narración, aunque correctamente ambientada, no es en verdad un tour de force de la cultura española pues el propósito del libro no es llevar al lector a la España histórica (cosa que igualmente consigue) sino cambiar su enfoque y mirada, para vernos y descubrirnos en los ojos de un extraño al que todo ello le dejará, felizmente o no, una profunda huella.

Como una vez más le ocurrió a quien esto escribe, por cierto.

No siendo verdaderamente un relato de aventuras, es una narración que se lee ágilmente y con gusto, sin deseo de que termine pronto aunque con satisfacción al concluir, por poco japoneses que sean tales conceptos, vaya.

Lectura sumamente recomendable para quienes gustan del relato histórico y sienten, como yo, fascinación por el ethos japonés, un modo de vida que este libro permite abordar con calma aunque no sin algo de pena: es un relato más bien realista y la vida, ya se sabe, no siempre es color de rosa...

sábado, 19 de noviembre de 2022

Biblioteca Básica Informática: mi primera enciclopedia de computación

Para los que no somos nativos digitales, el advenimiento de la informática fue un proceso lento, gradual y más bien azaroso.

Los tiempos y los medios económicos eran tales que contar con un computador doméstico (no digamos ya un PC) no era cosa baladí, para no hablar de acceso a literatura (revistas o libros) sobre el tema, máxime en español.

Este artículo es precisamente acerca de una de las primeras colecciones de libros razonablemente completas y asequibles que tuve y que me permitieron entrar en el fascinante mundo de la informática, que luego daría lugar a mi trabajo y a mi afición por la ficción interactiva; motivo de este blog, por cierto.

La "Biblioteca Básica Informática" fue editada por Ingelek entre los años 1985 y 1986, aunque a Chile llegó con algo de desface: yo la adquirí mediante la compra (que no suscripción, ya hubiera querido) de una revista que la incluía "de regalo".

Se trataba de volúmenes sencillos y breves, de impresión correcta pero sin florituras: texto muy claro (buena tipografía) con pocos colores salvo títulos y algunos párrafos destacados, intercalado aquí y allá con algunas fotografías en blanco y negro. La prosa era amena, acompañada de diagramas sencillos pero contundentes. Todo ello era sumamente esclarecedor para legos en la materia y resultaba fascinante para los que empezábamos a entender algo y deseabamos saber más.

Si bien en aquel entonces no llegué a tener la colección completa, los libros que sí pude leer significaron para mí poder abrir el entendimiento y el interés por un sinfín de aspectos de esta tecnología, de los que de otro modo poco y nada lograría conocer; eran tiempos sin acceso a publicaciones internacionales ni a bibliotecas universitarias, únicas fuentes en mi país de información "al día" sobre estos temas; Internet era un sueño remoto al que me integraría muchos años más tarde.

Guardo particular recuerdo del volumen sobre diseño de juegos, que me permitió iniciar mi andadura (a punta de BASIC) en la programación de aventuras conversacionales.

Hoy por hoy, es posible descargar la colección completa desde el Internet Archive, donde por cierto pueden encontrarse otras publicaciones de Ingelek y de aquellos tiempos, tan precarios a la luz de hoy y sin embargo tan llenos de maravilla y de aprendizaje gozoso.

Desde aquí, mi saludo agradecido a todos esos esforzados y anónimos autores, que abrieron para mí un camino que aun hoy recorro, un camino por el que todos (lo sepan o no) transitan cotidianamente.

sábado, 10 de abril de 2021

Falcó: el único bando es el mío

En esta oportunidad comentaré el libro "Falcó" del autor español Arturo Pérez-Reverte, del que ya he escrito otras reseñas en este blog.

La narración nos sitúa al principio de la Guerra Civil española. El protagonista es un adulto de familia acomodada y que se ha hecho algo de fama y fortuna como traficante de armas (entre otras cosas). Eventualmente capturado y puesto a elegir entre el patíbulo y servir al bando republicano de Francisco Franco, Lorenzo Falcó oficiará de espía, agente secreto, asesino... y de cualquier cosa que se le pida, pues en general actúa sin demasiados remilgos a las órdenes de su superior, un oficial de la marina desde Salamanca.

El libro narra precisamente un nuevo encargo que se le ha impuesto: infiltrarse, durante el otoño de 1936, entre las filas del bando rebelde y rescatar de la cárcel de Alicante a José Antonio Primo de Rivera, preso del bando Nacional. Para ello, Falcó deberá contactar a los hermanos Montero y Eva Rengel y ganarse su confianza con las armas eternas de tales lances de traición y subterfugio: probar su valía y lealtad, hacerse su camarada, amigo y (en el caso de Eva) algo más; lo que haga falta para llegar a su objetivo y rescatar al prisionero.

El relato sigue los lances propios de la novela de espías, con aventuras, mucha acción (encubierta y no tanto), con los entresijos de los servicios de inteligencia de varias facciones, enfrentadas o no, pero con dos agregados importantes y distintivos.

Lo primero es la ambientación, muy correcta dada la rigurosa investigación histórica del autor, que ya había escrito anteriormente un extenso ensayo sobre el tema.

El segundo elemento es el propio Falcó, que ve la realidad y sus propias acciones con un prisma en extremo cínico y falto de toda moral o escrúpulo. No se trata de un personaje psicópata, pero en efecto desapegado de cualquier noción del bien o el mal: para Falcó, aquello que le permita seguir gozando de la buena vida tendrá como único precio lo que haga falta para pagarse sus gustos... y continuar vivo para disfrutar de ello. No tiene otro país o lealtad que sí mismo, ni tampoco horizontes ni planes más allá del presente inmediato.

No deja de ser curioso y atractivo, en cuanto a bribón, este James Bond "a la española": su personalidad y sus tropelías consiguen mantener el interés del lector, ya que aunque Falcó sea un sinvergüenza contumaz, es por lo demás del todo eficaz y con una sangre fría a toda prueba: no se cree invulnerable y no es cobarde, pero carece de todo heroísmo o motivación más noble que su auto preservación. Semejante juego de equilibrio en la cuerda floja y la tensión que genera puede ser fascinante... cuando no derechamente aterrador.

Lectura muy recomendable para entretenerse y acercarse (de manera superficial, es cierto) a un período muy turbulento de la historia de España. Ahora bien, si el lector está buscando personajes que lo inspiren y le sirvan de modelo de conducta o de ética, no recomiendo este libro excepto como muy mal ejemplo... 

sábado, 3 de abril de 2021

Sidi: realidad y leyenda del Cid Campeador

 

Habiendo ya visitado lo suficiente la modernidad y la tecnología en mis últimos post, paso ahora a comentar la novela histórica "Sidi, un relato de frontera" del autor español Arturo Pérez-Reverte sobre (una parte de) la vida y hechos del Cid Campeador.

Hay pocas figuras históricas del pasado ibérico tan celebradas y mitificadas como Rodrigo "Ruy" Díaz de Vivar, equivalente español (que no émulo) del ideal arturiano del caballero a la vez que modelo ejemplar del señor feudal justo. Su valor, heroísmo, rectitud moral y dotes de liderazgo se han ensalsado hasta los cielos en múltiples sagas y leyendas, al punto que es muy difícil saber cuál es la verdad histórica de este caballero castellano del siglo XI.

Lo cierto es que, más allá del mito, buena parte de la fama del Cid viene de sus múltiples hechos de armas en una España que aun no se llamaba de esa guisa, fragmentada como estaba en múltiples reinos cristianos y otros del entonces aun poderoso Al-Andalus. La presente novela relata precisamente algunos de esos epsiodios, acontecidos durante el primer destierro de "Ruy" que aun así se consideraba súbdito leal del rey Alfonso VI de León y Castilla. Se trata de algunas escaramuzas en lo que a todas luces se siente en la lectura como territorio ocupado por el adversario (no siempre enemigo); ataques mediante los cuales el Campeador intenta medrar, manteniendo en pie a sus soldados a la vez que procura fama y fortuna sirviendo una causa que, en definitiva, no es otra que la suya.

Veremos a Rodrigo participando de hechos de violencia y rapiña, expediciones de castigo, exploración del territorio y un largo etcétera con las que en aquel entonces se ocupaba una mesnada, curiosa mezcla de caballeros y soldados de toda condición, todos en busca de mejor fortuna por el solo ejercicio de su voluntad, fuerza de armas... y un valor acaso desesperado. En definitiva es el relato de combates en una zona fronteriza, donde el refugio es escaso y las posibilidades de retroceder prácticamente inexistentes, ya que, literal e históricamente, moros y cristianos eran o podían en aquel entonces ser enemigos o aliados, "según se terciara" en ese mapa y tiempo siempre cambiante de lo que luego pasó a llamarse la Reconquista de España.

Salvo los usos, modos de habla y costumbres, donde se nota el rigor investigativo del autor, el relato se nos hará sin embargo cercano y en modo alguno ajeno, menos aun si hemos visto alguna película bélica en los últimos tiempos. No hay aquí diálogos poéticos o de prosa elevada, ni gestas heróicas por elevados ideales. Se trata en cambio del día a día de los soldados de aquel y cualquier tiempo: marchas a campo agreste, la vida de campamento, con su inevitable intendencia... y el combate, mayormente cuerpo a cuerpo: organizado, por cierto y no totalmente sin cuartel, pero siempre arriesgando la vida y la salud, único patrimonio con el que a fin contaba el Cid y los suyos, lejos de líneas de suministro o fotalezas a las que recogerse si la suerte de armas les era adversa.

Pérez-Reverte no pretende que la suya sea una versión correcta o definitiva del Cid, afirmando que "Hay muchos Ruy Díaz en la tradición española, y este es el mío." Se nos presenta así a un Campeador más persona que héroe mítico, valiente y honorable pero en ningún caso sobrehumano o santurrón: una lectura que ha sido muy de gusto de quien esto escribe, que en su epoca escolar fue sepultado bajo el peso del "Cantar del Mio Cid" y que tuvo que vivir (y leer) lo suyo antes de reencontrarse con estas páginas tan hermosas y terribles de la historia de España.

Resumiendo, "Sidi" es una lectura sumamente recomendable para el que guste del relato histórico, de aventuras o caballeresco y es particularmente recomendable para los que quieran acercarse desde el punto de vista del hombre común a la figura de un héroe que seguramente, como todos, hizo lo que pudo según la vida que le toco vivir.

En todo caso, si el lector quisiera una visión novelada más completa, con la trayectoria total de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, puedo recomendar alternativamente la lectura de "El Cid" del autor español José Luis Corral, relato ése "asaz largo aunque ameno en grande forma" del periplo del Campeador.

domingo, 21 de marzo de 2021

Obseqium: el diamante de la Edad de Oro del videojuego español

Continuando con la temática aventurera y de videojuegos, ahora revisaré el libro "Obseqium: Un relato cultural, tecnológico y emocional de la Abadía del Crímen", perteneciente a la serie "Ocho Quilates" del autor español Jaume Esteve Gutiérrez (y otros).

Para empezar, digamos que dado un recuerdo que consideramos importante en nuestras vidas, esa memoria estará conformada obligadamente en torno a uno o más elementos concretos e imprescindibles para ese recuerdo.

En mi caso, uno de esos recuerdos y una parte de mi vivencia de la adolescencia están vinculados al computador Sinclair Spectrum y a los videojuegos de lo que luego se conoció como la Edad de Oro del videojuego español, revisada anteriormente en este blog.

Dicho eso, más allá de cualquier gusto personal, "La abadía del crímen", creada por Paco Menéndez y Juan Delcán, ocupa un lugar único y casi mítico en ese pequeño universo de videjouegos.

Brevemente, "La abadía" es un videojuego de aventuras y misterio que se inspiró en "El nombre de la rosa" del autor italiano Umberto Eco. Para mayor detalle, citaremos el artículo que Wikipedia dedica al tema:

La abadía del crimen es una videoaventura, donde un fraile franciscano, Guillermo de Occam (Guillermo de Baskerville en el libro) y el joven novicio Adso tienen que descubrir al autor de una serie de asesinatos que suceden en una abadía situada en la península itálica durante el siglo XIV.

Famoso por su complejidad y dificultad, el juego se desarrolla en siete días en los que es necesario realizar las labores de un monje de aquella época​, mientras en los ratos libres se debe realizar la investigación por la laberíntica abadía. Guillermo debe cumplir en todo momento las órdenes del abad, particularmente asistir a misa y al comedor cuando suena la campana, así como seguirle cuando se lo pida. Otra de las órdenes más tajantes es no salir de su celda por la noche, sin embargo esto es necesario para avanzar en la investigación y Guillermo tendrá que burlar la vigilancia del abad y evitar ser descubierto.

Las desobediencias leves harán bajar una barra llamada obsequium («obediencia», «disciplina» o «lealtad», en latín). Gastar esta barra o realizar una desobediencia grave (faltar a misa o la comida, o ser pillado de noche por el abad) supondrán la expulsión de la abadía, y con ello el final de la partida.

El libro que nos ocupa es a la vez un estudio y un homenaje a este videjouego, abordado desde múltiples perspectivas: técnicas, tecnológicas, estéticas y culturales. Hay entrevistas a quienes participaron de su concepción y desarrollo original, su comercialización y sus inevitables versiones en diversas plataformas, incluyendo los llamados remakes, algunos de los cuales, libres de limitaciones tecnológicas, extienden las posibilidades y alcances de su primera encarnación.

Los apartados técnicos, en particular, son una delicia para los que conocimos el juego en su tiempo, especialmente si consideramos cuanto lograron realizar los programadores en una arquitectura de 8 bits y acaso 128Kbytes de memoria: maravilla y asombro, cuando no pasmo e incredulidad; si vistos desde este presente, máxime en aquel entonces.

¿Es este un libro para todo público? Definitivamente no.

Fuera de la afición o la nostalgia, este texto es de interés sólamente para quienes quieran tener una formación cabal y completa de la aún incipiente historia de los videojuegos, siendo como trata de una obra específica: un videjouego destacable, es verdad, sobresaliente en su originalidad y características técnicas (para su momento)... pero sólo un caso individual, a la postre: uno de no pocos títulos destacables que forman parte de la dicha historia.

Por otra parte, en cuanto a obra de ensayo es imperfecta, pues da mayor énfasis a algunos temas en desmedro de otros no menos importantes para entender cabalmente "La abadía", tanto en su propio contexto temporal como en su trascendencia para el corpus general de los videojuegos...

...lo que en definitiva poco y nada importan a quien esto escribe y quiero pensar que ocurre lo mismo a la mayoría de mis lectores. Si quisiera comentar u abordar en este blog sólo lo imperecedero en las letras, no haría ningún aporte personal u original a lo que seguramente se ha hecho y se seguirá haciendo en materia de crítica o análisis literarios, ya sea en lo académico o periodístico. Con todas sus imperfecciones y defectos, este blog es una expresión de lo que soy como lector (y en mi propia medida, como autor): está hecho según mis intereses, entendimiento, experiencia y tiempo libre; quien desee buscar mejor provecho literario o literatura "seria" tiene sin duda incontables alternativas para ello, a cuál más árida o impersonal.

No es el caso de este blog y tampoco del libro que nos ocupa, ambos escritos desde el gusto y el entusiasmo por algo que puede parecer pequeño en el gran concierto del mundo creativo, pero que en su propia individualidad tienen un valor único.

Invito entonces a la lectura de "Obseqium" a todos quienes guardan algún recuerdo grato de los tiempos que vieron nacer "La abadía" o a quienes pueden aun maravillarse con el proceso creativo, con sus falencias, miserias y sombras, sí; pero sobre todo con sus luces, gozo y esplendor, que sólo quien se arriesga a crear algo llega a conocer.

Al resto, en cambio, los que prefieran la forma al fondo y el análisis frío e impersonal a la vivencia y el goce de las cosas, o aquellos que prefieran la crítica a la creación, imagínense (si pueden) a qué los invito...

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes del Siglo de Oro: nada nuevo bajo el sol

Pese a tener bastante material pendiente o disponible para leer, de vez en cuando tiendo a volver a algunos libros que dejaron impresión honda o de los que gusto mucho. Es el caso de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrita por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Esta segunda lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la serie, me ha permitido fijarme en algunos detalles más bien sociológicos observados en ese Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español, que paso a compartir con ustedes:

  • Las gentes, en vez de tweets, escribía poemas anónimos que luego circulaban según si eran certeros o de calidad.
  • El toreo era una fiesta universal: para todos y todas.
  • En general, el pueblo llano era pobre, generoso, honesto, trabajador y leal; en su mayoría, la nobleza, las autoridades (Iglesia y Estado) y la burocracia... no.
  • La mujer era libre de respirar... y poco más.
  • Al soldado, en activo o veterano retirado, rico o sobretodo pobre, su honra le valía la vida.
  • Los artistas de renombre, especialmente en las letras, eran venerados, queridos y respetados por las gentes.
  • Los artistas, entre sí, en público y en privado, alternaban la admiración y el respeto con la envidia y el escarnio; para los medios de comunicación, véase el primer apunte.
  • Las autoridades comerciaban, acordaban, traicionaban y robaban; discretamente o a plena vista, según les plugía.
Como podrán observar "vuestras mercedes" en algunas cosas nuestras sociedades han mejorado... y en otras no tanto: puedo asegurar que cualquiera de ustedes podrá, sin demasiado esfuerzo, encontrar ejemplos en la contingencia reciente de su país que caen en alguno de estos apuntes.

La naturaleza humana y nuestras instituciones, ya se ve, siguen siendo más o menos las mismas y los cambios (que los hay) avanzan más bien lento.

Espero escribirles pronto con un tema algo más festivo que esta constatación de que, mirando la historia, cuesta encontrar algo nuevo bajo el sol...


lunes, 2 de julio de 2012

Ocho quilates: la historia de la Edad de Oro del videojuego español

Mientras estaba en mi re-lectura de "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury (quiero hacer una buena reseña para mi serie de clásicos) se me cruzó en el camino (cosas de facebook) el libro que paso a comentar.

"Ocho quilates", de Jaume Esteve Gutiérrez, nos relata con lujo de detalles y en forma muy amena lo que se dió a conocer como la Edad de Oro del videojuego español, un periodo que abarca desde 1983 a 1992.

Como dice la web del autor, la dicha edad "hace referencia a un lapso de tiempo a caballo entre dos décadas y que vivió al amparo de las máquinas de 8 bits, especialmente Spectrum, Amstrad, MSX y Commodore. Durante esos años, y comenzando desde cero, el videojuego español tuvo tiempo para nacer, crecer, desarrollarse y llegar a una situación terminal de la que no levantó cabeza hasta pasados un buen puñado de años."

Quien esto escribe vivió ese tiempo en Chile; aunque mediado por la distancia y el tiempo (el software de Spectrum, por ejemplo, nos llegaba a veces con 1 año de atraso) siguió los avatares de todo aquello con no poco interés y no menor disfrute.

El autor esboza, más allá de lo anecdótico, los detalles, aciertos, equívocos y azares de un periodo que, como pocos, concentró hitos de creatividad y entretenimiento para dispositivos de capacidades muy limitadas: los computadores domésticos de 8 bits.

Es una lectura sumamente amena y muy recomendable, tanto para los que vivimos esa época como para quienes quieran conocer más de cerca un momento único de la historia de la informática.


Un capítulo que se escribió en Español...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Entrevista al capitán Alatriste

Se ha publicado en el diario español El Mundo , en su sección Encuentros digitales, una interesantísima entrevista a Diego Alatriste y Tenorio, en cuanto a personaje literario creado por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Es un hermoso ejercicio literario, en que el personaje responde, de la mano de su autor, a preguntas hechas por personas de nuestros días.

Asistimos así a la ficción de ver nuestro mundo del presente con los ojos de una persona que vivió en otros tiempos que, como cualquier época, tenían sus más y sus menos. Para muestra, un botón:

31. [...] Mi pregunta es porqué a pesar de esta jodida España cada vez que llego a mi Puerto de Cádiz, el nuevo Barajas, después de estar con los de los ladrillos rojos empapados en agua, los ingleses, los pesados italianos, cuyo país es mucho más hermoso cuando duermen y los petulantes vecinos del norte, se me abre el corazón, me entra una sonrisa y se me ilumina el alma? Muchas gracias mi Capitán. Un jodido infeliz de la tropa Española.

R. Porque España, cuando se la mira bien, es un lugar luminoso y grato. Poblado por gente de ingenio y coraje cuando se le demanda. Me pregunto si en vez de estar en manos de los que siempre estuvimos, qué habría pasado si hubiésemos estado regidos por gente buena y decente. Todo sería muy distinto, sin duda. La ventaja de ustedes respecto a mí es que con los sistemas políticos modernos de que gozan, pueden intentar eso de la decencia cada cuatro años. En mi tiempo no había más cera que la que ardía. Nacías con un rey, morías con un rey y te echaban el responso los curas de siempre.
y cómo esta, 99 más y ninguna tiene desperdicio.

Sumamente recomendable para los estudiosos de la historia, los observadores del presente y todos quienes no se traguen discursos baratos para explicar las burradas y las maravillas de nuestra pobre y grandiosa naturaleza humana.

Aprovecho de agradecer a Baltasar, autor del CAAD: sin su oportuna cita en facebook, jamás me habría enterado de esta pequeña maravilla...

viernes, 14 de mayo de 2010

El capitán Alatriste: no es de oro todo lo que reluce (y un siglo, menos)

He disfrutado mucho la lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrito por el novelista español Arturo Pérez-Reverte. Tiempo hacía que no leía novelas de capa y espada, y mucho me ha gustado, por lo que paso a reseñarla brevemente.

El relato se basa en la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín que sobrevive alquilando su acero, pero nunca su honra, en el Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español... y aquí conviene que explique el título de este post, de labios de Íñigo Balboa y Aguirre, hijo de un fallecido amigo del capitán, su (entonces) paje y cronista de la saga:

Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca Don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman Siglo de Oro. Más lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de Don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena.
Y es que, en efecto, a los ojos de sus testigos presenciales (entre los que está Francisco de Quevedo, amigo del capitán) el mentado siglo dorado no fue tal, sino más bien el engañoso fulgor de una decadencia que se aceleraría en menos de 20 años para dar a la postre con la hegemonía de España en el mundo, su economía y cultura...

...pero, no adelantemos los hechos (como diría Íñigo) y volvamos a lo que nos ocupa.

Corre el año 1622 (o 1623; el cronista no está seguro), siendo soberano Felipe IV de España . Don Diego, intentando capear la miseria que lo acecha, acepta un trabajo donde se necesitan sus servicios como espadachín a sueldo. Es citado en una extraña casa abandonada y entrevistado por dos sujetos enmascarados quienes le señalan que existen dos viajeros ingleses que deben ser castigados o desanimados de llegar a la embajada inglesa, que es su destino final... pero sin matarlos ("Ni muertos ni sangre –insistió el hombre corpulento–. Al menos, no mucha."). Sin embargo, estando ausentes los sujetos enmascarados, aparece fray Emilio Bocanegra, dominico y presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, quien cambia las órdenes.

Alatriste intentará cumplir con el encargo, pero estas cosas suelen complicarse... y no se diga más, que no quitaré al potencial lector el gusto se averiguarlo por si mismo.

Todo esto, por supuesto, con Madrid, su buena gente y tanta maravilla de esos tiempos como telón de fondo, lo que, sin embargo, no hace perder del todo la perspectiva del cronista. Cito otro pasaje:
–Ahí viene Lope –dijo alguien.
Todos se quitaron los sombreros cuando Lope, el gran Félix Lope de Vega Carpio, apareció caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso, y se detuvo unos instantes a departir con Don Francisco de Quevedo, quien lo felicitó por la comedia que representaban al día siguiente en el corral del Príncipe: acontecimiento teatral al que Diego Alatriste había prometido llevarme, y yo iba a presenciar por primera vez en mi vida. Después, Don Francisco hizo algunas presentaciones.
–El capitán Don Diego Alatriste y Tenorio... Ya conoce vuestra merced a Juan Vicuña... Diego Silva... El jovencito es Íñigo Balboa, hijo de un militar caído en Flandes.
Al oír aquello, Lope me tocó un momento la cabeza con espontáneo gesto de simpatía. Fue la primera vez que lo vi, aunque tendría después otras ocasiones; y recordaré siempre su continente sexagenario y grave, su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada, que nos dedicó a todos antes de proseguir camino rodeado por muestras de respeto.
–No olvides a ese hombre ni este día –me dijo el capitán, dándome un afectuoso pescozón en el mismo sitio donde Lope me había tocado.
Y no lo olvidé nunca. Todavía hoy, tantos años después de aquello, me llevo la mano a la coronilla y siento allí el contacto de los dedos afectuosos del Fénix de los Ingenios. Ni él, ni Don Francisco de Quevedo, ni Velázquez, ni el capitán Alatriste, ni la época miserable y magnífica que entonces conocí, existen ya. Pero queda, en las bibliotecas, en los libros, en los lienzos, en las iglesias, en los palacios, calles y plazas, la huella indeleble que aquellos hombres dejaron de su paso por la tierra. El recuerdo de la mano de Lope desaparecerá conmigo cuando yo muera, como también el acento andaluz de Diego de Silva, el sonido de las espuelas de oro de Don Francisco al cojear, o la mirada glauca y serena del capitán Alatriste. Pero el eco de sus vidas singulares seguirá resonando mientras exista ese lugar impreciso, mezcla de pueblos, lenguas, historias, sangres y sueños traicionados: ese escenario maravilloso y trágico que llamamos España.
Nosotros, que vivimos tiempos ciertamente de menos lustro en las letras pero no por ellos vacíos o faltos de maravilla en las artes y otros ámbitos, debemos también saber apreciarlos, saber vivir y, en la medida de nuestras posibilidades, talentos y fuerzas, dejar en definitiva nuestra huella, por breve que esta sea, en este friso tan hermoso que tuvo a bien Dios darnos a contemplar y completar... pardiez ;-)

Quien esto escribe no tiene pretensiones literarias en este sentido, por cierto, pero si tras leer lo que se escribe en este blog, alguno se siente inspirado o motivado a crear o recrearse con lo hermoso y bueno que hay en el mundo, no todo lo que se trabaje será en vano.

Dicho esto, es una novela absolutamente recomendable para todos los que disfruten del relato de aventuras, de la novela histórica y sobre todo de un relato en lo que bueno, lo hermoso y lo terrible de nuestra humanidad rezuma y reluce por todo lo alto.

Hasta pronto...