Intentando hacer un ejercicio de estilo literario, que vuestras mercedes sabrán disculpar si no resulta feliz, paso a hacer una breve relación del relato que Ricard Ibañez hace en su novela "La Monja Alférez: La juventud travestida de Catalina de Erauso".
Nace en 1585 la protagonista desta historia como Catalina de Erauso en San Sebastián de Guipúzcoa, en España, y es ingresada a un convento de ese lar a los 4 años; durante poco más de dos lustros no logran allí domar su temple, entre varios lances que pasan de la picaresca hasta la Inquisición.
Luego, acaecerá su fuga del convento y su transformación de género, entre cosmética, disfraz y aquelarre, que dello se dice quel señor Ibañez conoce no poco. Comienza así su vida como Francisco de Loyola, su alter ego masculino, que no aun verdaderamente viril.
Sigue a ello un breve interludio con un peregrino más sagaz y entendido en lo mundano que lo espiritual. Arriba así a la localidad de Vitoria, donde hará un corto servicio de 3 meses con un profesor de bachilleres, haciendo en esas tareas algo más de aprendizaje en letras y ganando con ello abrigo y alimento.
Tendrá después vida de paje durante 7 meses en Valladolid, al servicio de Juan de Idiáquez, secretario del rey Felipe III, buscando deste el aprendizaje en la espada, harta ya del de la pluma. Debe, sin embargo huir del lugar: tras un encuentro con su padre (que no la reconoce) y escapando de su pasado, parte a Bilbao.
Tras una pendencia de taverna, de la que nada saca salvo un mes en cárcel, deja Bilbao y parte a Estella, en Navarra, donde tendrá dos años tranquilos como paje al servicio de don Carlos Arellano, caballero de Santiago ya entrado en años.
Después de aquello, hace un breve paseo por su nativa San Sebastián y torna luego a Sevilla con intención de ir a Madrid y hacer servicio en los tercios; más viendo en esa ciudad, andaluza y cosmopolita, cuánto puede el mundo ofrecer, deja Sevilla por Sanlúcar de Barrameda para embarcarse a las Américas, cosa que hace el Lunes Santo del año 1610 y a esas costas de Nombre de Dios llega tras 4 semanas de navegación, lances de marineros y villanos de por medio.
Muda entonces de nombre y como Alonso Díaz comienza a vivir mil y una peripecias en tierras de Reino de Indias.
A Panamá primero llega, de Sevilla ciudad gemela, donde también el dinero a todos hace hermanos. Tres meses de molicie y despilfarro dan cuenta de sus escasos ahorros y entra pues al servicio del mercader Don Juan de Urquiza, cuya vida salva durante aciaga travesía en pos de una de sus muchas propiedades costeras.
Ganada la confianza de su amo se hará cargo de sus negocios en la localidad de Zaña, donde a su pesar se verá metido en líos de faldas que son más del mercader que suyos: tres semanas de cárcel esta vez... y luego un ayuntamiento femenino que, por lo extraño, no le resulta enojoso, a la postre: sin embargo, tres meses de aquello y una segunda riña la deciden a abandonar el lugar y partir a Lima, do llega al comienzo del invierno del año 1610.
Por recomendación de señor de Urquiza entra al servicio de Diego de Solarte, pero un nuevo lío de faldas, a las que por lo visto Catalina (¿o Alonso?) se había aficionado, le trae nuevos problemas lo que le obligan a dejar Lima e ir a Concepción a la Guerra de Arauco que entonces se libraba en la Capitanía general de Chile.
En Concepción servirá bajo su hermano Miguel, sin ser por este reconocida. Su afición por las de su sexo le trae nuevos problemas, esta vez con la querida de su coevo y es entonces destinada a Paicaví. Ahí hará fama, participando en salidas de castigo y captura de los bravos nativos, de quienes hará rehenes que luego se intercambian por dineros o gentes españolas presas en lances similares de los araucanos. Aquello nuevamente le traera convivencia con su propio sexo, pero los azares de la guerra darán a ello un final funesto y poco feliz.
Decepcionada, Catalina deja la guerra de Arauco, pero su propia lucha no ha de terminar, pues su destino aún la persigue doquiera que vaya y su propio carácter indómito no dejará de traerle problemas, de los cuales ya no sabrá como salir...
El lector de estos tiempos sabrá aquilatar las diferencias y también similitudes de las vivencias de la de Erauso que, nacida mujer en su tiempo, no podía a causa dello vivir plenamente según su carácter, pareceres e inclinaciones; cosa esta que, pese a los cambios en las costumbres y los modos de vida, es aun una dificultad que algotros siguen enfrentando en nuestra epoca.
Quiera entonces quien esto lee reflexionar sobre cómo de actuales o no son las vicisitudes de Catalina y qué tan verderamente moderno es nuestro mundo contemporáneo, para quienes en él no siempre se encuentran del todo a gusto...


















