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domingo, 26 de julio de 2026

El problema final: si el criminal es un artista, el investigador es un crítico

Me cuesta mantener la debida frecuencia en esto de la escritura periódica: por pereza, por falta de inspiración, por las demandas de tiempo de la vida familiar, laboral o una mezcla de todo ello; la razón de fondo es que no he sabido dedicarle más tiempo y esa es la verdad.

Dicho eso, paso ahora a comentar la novela de misterio policial "El problema final" del autor español Arturo Pérez-Reverte, que no es extraño a este tipo de artículos en mi blog.

El relato se situa en el año 1960, en la pequeña isla de Utakos. Forzados por un frente de mal tiempo, el actor Hopalong Basil, junto a quienes le invitaron a un paseo en yate, se ven obligados a permanecer en el hotel del lugar, esperando a que mejore el clima.

Al poco andar esa estancia ocurre el asesinato de Edith Mander, turista inglesa que estaba ahí con una amiga. Faltando la policía griega, contactada por radio pero que no puede todavía acercarse al lugar, los empleados del hotel y los demás huéspedes designan a Basil como investigador del hecho por la simple razón de haber protagonziado quince películas basadas en relatos de Sherlock Holmes. El actor, venido a menos pero con el recuerdo fresco de cómo se preparó para ese papel, acepta renuente el desafío y, con la ayuda de uno de los viajeros, acomete las pesquizas para desentrañar el crimen...

...que no ha de ser el único: a muy pocos días, otras personas caerán bajo la mano del asesino, que parece deleitarse creando escenarios del tipo de habitación cerrada, donde las pistas son escasas o equívocas. Añádase a ello que todos los presentes son sospechosos, pues la propia isla actua como cuarto y celda, mientras las autoridades, ocupadas y alejadas por el temporal, se demoran en poner pie en el lugar.

Don Arturo muestra con habilidad su oficio y se revela como un buen escritor de misterio, mostrando lo justo o distrayéndonos con lo que de nada sirve, para mantener así el interés del lector, que como es habitual en estas narraciones, tiene todo frente a sus ojos pero no puede verlo claramente; Basil y su asistente, que casualmente es autor de novelas de misterio, comentan esto no pocas veces, sabiéndose en una situación realmente compleja pero tratando de tomar distancia para ser objetivos.

En forma más bien explícita, el autor embrolla a los personajes (y ciertamente a los que luego leerán la novela), mezclando los elementos de los hechos con referencias y situaciones francamente literarias, de lo cual todos están siempre concientes, pues el detective de Baker Street, sus aventuras y todo su pequeño mundo no suelen estar lejos de los diálogos de los actores del drama en general o de las reflexiones del protagonista en particular, que se sabe bisoño en esto de la investigación policiaca.

La novela se dejar leer con facilidad y rapidez, no siendo especialmente larga, cosa que resulta necesaria para mantener funcionales este tipo de historias. Es un libro sumamente recomendable, especialmente para los que gustan de este tipo de narrativa. Ahora bien, si usted es de los que cree saberlo todo sobre el señor Holmes y su colega Watson, esta lectura va doblemente recomedada.

sábado, 30 de agosto de 2025

Atrapado en Alatriste

Un alza un tanto brusca en la carga de trabajo y algunos temas de familia me han vuelto a alejar de estas páginas.

Mientras tanto, la mente no descansa... o trata de hacerlo, cuando puede.

Buscando un poco de solaz, he recurrido a mi otra afición narrativa, que son los cómics y he dado con un par de episodios de "Las aventuras del capitán Alatriste": una lectura liviana pero no falta de gracia y ciertamente plena de entretención. 

Avisado de que está pronto a aparecer un nuevo libro de la saga literaria de don Arturo Pérez-Reverte, me ha picado el gusanillo de la lectura y he vuelto, una vez más, a las obras literarias que inspiraron el cómic.

Como ocurre con una buena comida, pues también sucede con un libro o una obra literaria de calidad: siempre es gusto poder volver a disfrutarla; llevo ya cosa de una semana en ello y estoy por terminar con "El sol de Breda", tercer título de la serie.

No acabo de decidirme si lo que me gusta de la serie es la parte aventurera, el lenguaje, la ambientación, los personajes... es el todo o son cada una de las partes, pero el hecho es que la novela seduce y me hace, como digo, regresar: y no es primera vez, vaya.

Y está, también, el hecho de que hace ya mucho tengo en proyecto una obra ambientada en una época similar, a la que la verdad aún no me atrevo a acudir en pleno, precisamente por no dar con el lenguaje adecuado, cosa que en cambio a Don Arturo se le da con tanta facilidad. Con decirles que he llegado a considerar usar una IA para que "tradujera" mis textos, pero mi pudor puede más...

En fin, quería contarles mis cuitas personales y de autor, para no perder la costumbre de publicar en el blog y para airear ciertas cosas que me están preocupando estos días: que para eso, la palabra escrita tiene su qué sé yo de terapéutico.

Ya les contaré pronto de qué van el mundillo aventurero y mis otras lecturas.

¡Hasta pronto!

sábado, 15 de mayo de 2021

Los perros duros no bailan: vida de perros

En este blog en general los libros que reseño no suelen tener personajes animales, salvo "La colina de Watership" previamente comentada aquí; fábulas, que yo sepa, no he comentado a la fecha: son lecturas que no visito desde mi infancia y (de momento) no creo que vuelva a revisar.

Dicho eso, quizá si por interés en la obra general de su autor o por curiosidad, he leído y disfrutado con "Los perros duros no bailan" del escritor español Arturo Pérez-Reverte, un habitual de este blog.

El relato es contado desde el punto de vista de Negro, un perro de pelea ya retirado, muy lejos de la "flor de la vida" y con facultades (físicas y mentales) que están comenzando a desaparecer. Quedan, sin embargo, la amistad y la lealtad con sus amigos, algo que el tiempo no borra ni desvanece en lo más mínimo.

Y es que la amistad y esa lealtad que conlleva son elementos absolutamente centrales de esta narración. En el pequeño mundo de esta ficción, en efecto tales cosas no tienen dobleces ni areas grises para los perros... ni hay tampoco dudas sobre las acciones que hay que llevar a cabo para preservarlas o castigarlas ante una falta.

Hete aquí que hace varios días se echa de menos a dos compañeros del barrio y nadie sabe nada de ellos. Como se sospecha de que hay algo raro y acaso oscuro de por medio, Negro inciará un periplo asarozo y audaz por la ciudad con un fin preciso: dar con sus amigos, rescatarlos de su presunta desgracia y vengarlos si es necesario.

A diferencia de lo que ocurre en la arriba citada "Colina...", Negro no podrá esquivar el mundo de los hombres pues es de hecho el suyo también, desde cachorro. Y lo es también de la mayoría de sus amigos, no necesariamente más afortunados por esa relación o su ausencia: el vínculo de los humanos con los perros no siempre es recíproco en lealtad y amistad, lo que en definitiva determina la mayor parte del tiempo la dicha y también la desgracia de los canes, en este relato y por cierto en nuestra realidad.

Negro no tendrá más remedio, entonces, que recorrer el mundo de los humanos, usando su olfato, su instinto e inteligencia, siempre en pos de las escazas pistas que lo llevarán hasta donde están sus compañeros perdidos, siguiendo un camino a veces tortuoso: un itinerario entre las luces y sombras que proyectamos los otros animales, esos que andamos en dos pies.

¿Es este un relato recomendable para los amantes de los animales y de los perros en particular?

Si el lector es responsable con sus mascotas en lo que debe hacer y en como tratarlas, o al menos aspira a serlo, ciertamente es una narración de aventuras, curiosamente policial, muy interesante, entretenida y a ratos enternecedora, pues nos sumerge en el mundo de los perros y nos los muestra tal como son en verdad: puros, simples y actuando según eso; rara vez para el bien o provecho personal del can.

Por el contrario, si el lector no quiere saber ni desea enterarse de hasta qué punto somos responsables de la vida de estas bestias, lo mejor que puede hacer es no leer este libro y de hecho olvidarse de haber leido esta reseña: la ignorancia le será más cómoda.

sábado, 10 de abril de 2021

Falcó: el único bando es el mío

En esta oportunidad comentaré el libro "Falcó" del autor español Arturo Pérez-Reverte, del que ya he escrito otras reseñas en este blog.

La narración nos sitúa al principio de la Guerra Civil española. El protagonista es un adulto de familia acomodada y que se ha hecho algo de fama y fortuna como traficante de armas (entre otras cosas). Eventualmente capturado y puesto a elegir entre el patíbulo y servir al bando republicano de Francisco Franco, Lorenzo Falcó oficiará de espía, agente secreto, asesino... y de cualquier cosa que se le pida, pues en general actúa sin demasiados remilgos a las órdenes de su superior, un oficial de la marina desde Salamanca.

El libro narra precisamente un nuevo encargo que se le ha impuesto: infiltrarse, durante el otoño de 1936, entre las filas del bando rebelde y rescatar de la cárcel de Alicante a José Antonio Primo de Rivera, preso del bando Nacional. Para ello, Falcó deberá contactar a los hermanos Montero y Eva Rengel y ganarse su confianza con las armas eternas de tales lances de traición y subterfugio: probar su valía y lealtad, hacerse su camarada, amigo y (en el caso de Eva) algo más; lo que haga falta para llegar a su objetivo y rescatar al prisionero.

El relato sigue los lances propios de la novela de espías, con aventuras, mucha acción (encubierta y no tanto), con los entresijos de los servicios de inteligencia de varias facciones, enfrentadas o no, pero con dos agregados importantes y distintivos.

Lo primero es la ambientación, muy correcta dada la rigurosa investigación histórica del autor, que ya había escrito anteriormente un extenso ensayo sobre el tema.

El segundo elemento es el propio Falcó, que ve la realidad y sus propias acciones con un prisma en extremo cínico y falto de toda moral o escrúpulo. No se trata de un personaje psicópata, pero en efecto desapegado de cualquier noción del bien o el mal: para Falcó, aquello que le permita seguir gozando de la buena vida tendrá como único precio lo que haga falta para pagarse sus gustos... y continuar vivo para disfrutar de ello. No tiene otro país o lealtad que sí mismo, ni tampoco horizontes ni planes más allá del presente inmediato.

No deja de ser curioso y atractivo, en cuanto a bribón, este James Bond "a la española": su personalidad y sus tropelías consiguen mantener el interés del lector, ya que aunque Falcó sea un sinvergüenza contumaz, es por lo demás del todo eficaz y con una sangre fría a toda prueba: no se cree invulnerable y no es cobarde, pero carece de todo heroísmo o motivación más noble que su auto preservación. Semejante juego de equilibrio en la cuerda floja y la tensión que genera puede ser fascinante... cuando no derechamente aterrador.

Lectura muy recomendable para entretenerse y acercarse (de manera superficial, es cierto) a un período muy turbulento de la historia de España. Ahora bien, si el lector está buscando personajes que lo inspiren y le sirvan de modelo de conducta o de ética, no recomiendo este libro excepto como muy mal ejemplo... 

sábado, 3 de abril de 2021

Sidi: realidad y leyenda del Cid Campeador

 

Habiendo ya visitado lo suficiente la modernidad y la tecnología en mis últimos post, paso ahora a comentar la novela histórica "Sidi, un relato de frontera" del autor español Arturo Pérez-Reverte sobre (una parte de) la vida y hechos del Cid Campeador.

Hay pocas figuras históricas del pasado ibérico tan celebradas y mitificadas como Rodrigo "Ruy" Díaz de Vivar, equivalente español (que no émulo) del ideal arturiano del caballero a la vez que modelo ejemplar del señor feudal justo. Su valor, heroísmo, rectitud moral y dotes de liderazgo se han ensalsado hasta los cielos en múltiples sagas y leyendas, al punto que es muy difícil saber cuál es la verdad histórica de este caballero castellano del siglo XI.

Lo cierto es que, más allá del mito, buena parte de la fama del Cid viene de sus múltiples hechos de armas en una España que aun no se llamaba de esa guisa, fragmentada como estaba en múltiples reinos cristianos y otros del entonces aun poderoso Al-Andalus. La presente novela relata precisamente algunos de esos epsiodios, acontecidos durante el primer destierro de "Ruy" que aun así se consideraba súbdito leal del rey Alfonso VI de León y Castilla. Se trata de algunas escaramuzas en lo que a todas luces se siente en la lectura como territorio ocupado por el adversario (no siempre enemigo); ataques mediante los cuales el Campeador intenta medrar, manteniendo en pie a sus soldados a la vez que procura fama y fortuna sirviendo una causa que, en definitiva, no es otra que la suya.

Veremos a Rodrigo participando de hechos de violencia y rapiña, expediciones de castigo, exploración del territorio y un largo etcétera con las que en aquel entonces se ocupaba una mesnada, curiosa mezcla de caballeros y soldados de toda condición, todos en busca de mejor fortuna por el solo ejercicio de su voluntad, fuerza de armas... y un valor acaso desesperado. En definitiva es el relato de combates en una zona fronteriza, donde el refugio es escaso y las posibilidades de retroceder prácticamente inexistentes, ya que, literal e históricamente, moros y cristianos eran o podían en aquel entonces ser enemigos o aliados, "según se terciara" en ese mapa y tiempo siempre cambiante de lo que luego pasó a llamarse la Reconquista de España.

Salvo los usos, modos de habla y costumbres, donde se nota el rigor investigativo del autor, el relato se nos hará sin embargo cercano y en modo alguno ajeno, menos aun si hemos visto alguna película bélica en los últimos tiempos. No hay aquí diálogos poéticos o de prosa elevada, ni gestas heróicas por elevados ideales. Se trata en cambio del día a día de los soldados de aquel y cualquier tiempo: marchas a campo agreste, la vida de campamento, con su inevitable intendencia... y el combate, mayormente cuerpo a cuerpo: organizado, por cierto y no totalmente sin cuartel, pero siempre arriesgando la vida y la salud, único patrimonio con el que a fin contaba el Cid y los suyos, lejos de líneas de suministro o fotalezas a las que recogerse si la suerte de armas les era adversa.

Pérez-Reverte no pretende que la suya sea una versión correcta o definitiva del Cid, afirmando que "Hay muchos Ruy Díaz en la tradición española, y este es el mío." Se nos presenta así a un Campeador más persona que héroe mítico, valiente y honorable pero en ningún caso sobrehumano o santurrón: una lectura que ha sido muy de gusto de quien esto escribe, que en su epoca escolar fue sepultado bajo el peso del "Cantar del Mio Cid" y que tuvo que vivir (y leer) lo suyo antes de reencontrarse con estas páginas tan hermosas y terribles de la historia de España.

Resumiendo, "Sidi" es una lectura sumamente recomendable para el que guste del relato histórico, de aventuras o caballeresco y es particularmente recomendable para los que quieran acercarse desde el punto de vista del hombre común a la figura de un héroe que seguramente, como todos, hizo lo que pudo según la vida que le toco vivir.

En todo caso, si el lector quisiera una visión novelada más completa, con la trayectoria total de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, puedo recomendar alternativamente la lectura de "El Cid" del autor español José Luis Corral, relato ése "asaz largo aunque ameno en grande forma" del periplo del Campeador.

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes del Siglo de Oro: nada nuevo bajo el sol

Pese a tener bastante material pendiente o disponible para leer, de vez en cuando tiendo a volver a algunos libros que dejaron impresión honda o de los que gusto mucho. Es el caso de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrita por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Esta segunda lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la serie, me ha permitido fijarme en algunos detalles más bien sociológicos observados en ese Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español, que paso a compartir con ustedes:

  • Las gentes, en vez de tweets, escribía poemas anónimos que luego circulaban según si eran certeros o de calidad.
  • El toreo era una fiesta universal: para todos y todas.
  • En general, el pueblo llano era pobre, generoso, honesto, trabajador y leal; en su mayoría, la nobleza, las autoridades (Iglesia y Estado) y la burocracia... no.
  • La mujer era libre de respirar... y poco más.
  • Al soldado, en activo o veterano retirado, rico o sobretodo pobre, su honra le valía la vida.
  • Los artistas de renombre, especialmente en las letras, eran venerados, queridos y respetados por las gentes.
  • Los artistas, entre sí, en público y en privado, alternaban la admiración y el respeto con la envidia y el escarnio; para los medios de comunicación, véase el primer apunte.
  • Las autoridades comerciaban, acordaban, traicionaban y robaban; discretamente o a plena vista, según les plugía.
Como podrán observar "vuestras mercedes" en algunas cosas nuestras sociedades han mejorado... y en otras no tanto: puedo asegurar que cualquiera de ustedes podrá, sin demasiado esfuerzo, encontrar ejemplos en la contingencia reciente de su país que caen en alguno de estos apuntes.

La naturaleza humana y nuestras instituciones, ya se ve, siguen siendo más o menos las mismas y los cambios (que los hay) avanzan más bien lento.

Espero escribirles pronto con un tema algo más festivo que esta constatación de que, mirando la historia, cuesta encontrar algo nuevo bajo el sol...


lunes, 7 de noviembre de 2011

El club Dumas: Ex libris, caveat emptor, cui bono y todo eso

Este fin de semana he leído El club Dumas del novelista español Arturo Pérez-Reverte. Ya ven que uno tiene sus preferencias...

La trama gira en torno a Lucas Corso y su trabajo como "cazador de libros": por buenas o malas artes, Corso adquiere, revende o autentifica libros raros y antiguos, generalmente de origen ex libris. El personaje es así una curiosa y divertida mezcla de mercenario e ilustrado bibliófilo, aunque él intente (no siempre con éxito) mantener una distancia cínica y estrictamente profesional con los objetos de su trabajo.

Se le ha encargado a Corso que adquiera las dos últimas copias del libro llamado de Las nueve puertas, cuyo protagonista es el diablo. Paralelamente, un amigo y colega le pide que compruebe la autenticidad de un manuscrito de El vino de Anjou, correspondiente a uno de los capítulos de Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas (padre).

Se trataría de otro trabajo más para Corso, pero a poco andar comienzan a sucederse eventos y personajes demasiado propios de un relato de Dumas como para tratarse de coincidencias. El protagonista comienza a ir con pies de plomo, internándose en algo que no acaba de perfilarse como intriga, conspiración... o profecía.

El interés del lector se sostienen tanto por la tensión del relato como por las fascinantes revelaciones sobre temas aparentemente tan dispares como la autoría de los relatos de Dumas y la demonología en la literatura.

Quienes gusten de la novela de misterio así como de la historia de la literatura y de la literatura en la historia (no es lo mismo...) disfrutarán lo suyo con este relato, uno de los mejores de Pérez-Reverte.

Por cierto, para aquellos que hayan visto la película La novena puerta de Roman Polanski estén prevenidos: el libro es, como de costumbre, mucho más que su versión fílmica...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Entrevista al capitán Alatriste

Se ha publicado en el diario español El Mundo , en su sección Encuentros digitales, una interesantísima entrevista a Diego Alatriste y Tenorio, en cuanto a personaje literario creado por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Es un hermoso ejercicio literario, en que el personaje responde, de la mano de su autor, a preguntas hechas por personas de nuestros días.

Asistimos así a la ficción de ver nuestro mundo del presente con los ojos de una persona que vivió en otros tiempos que, como cualquier época, tenían sus más y sus menos. Para muestra, un botón:

31. [...] Mi pregunta es porqué a pesar de esta jodida España cada vez que llego a mi Puerto de Cádiz, el nuevo Barajas, después de estar con los de los ladrillos rojos empapados en agua, los ingleses, los pesados italianos, cuyo país es mucho más hermoso cuando duermen y los petulantes vecinos del norte, se me abre el corazón, me entra una sonrisa y se me ilumina el alma? Muchas gracias mi Capitán. Un jodido infeliz de la tropa Española.

R. Porque España, cuando se la mira bien, es un lugar luminoso y grato. Poblado por gente de ingenio y coraje cuando se le demanda. Me pregunto si en vez de estar en manos de los que siempre estuvimos, qué habría pasado si hubiésemos estado regidos por gente buena y decente. Todo sería muy distinto, sin duda. La ventaja de ustedes respecto a mí es que con los sistemas políticos modernos de que gozan, pueden intentar eso de la decencia cada cuatro años. En mi tiempo no había más cera que la que ardía. Nacías con un rey, morías con un rey y te echaban el responso los curas de siempre.
y cómo esta, 99 más y ninguna tiene desperdicio.

Sumamente recomendable para los estudiosos de la historia, los observadores del presente y todos quienes no se traguen discursos baratos para explicar las burradas y las maravillas de nuestra pobre y grandiosa naturaleza humana.

Aprovecho de agradecer a Baltasar, autor del CAAD: sin su oportuna cita en facebook, jamás me habría enterado de esta pequeña maravilla...

viernes, 14 de mayo de 2010

El capitán Alatriste: no es de oro todo lo que reluce (y un siglo, menos)

He disfrutado mucho la lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrito por el novelista español Arturo Pérez-Reverte. Tiempo hacía que no leía novelas de capa y espada, y mucho me ha gustado, por lo que paso a reseñarla brevemente.

El relato se basa en la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín que sobrevive alquilando su acero, pero nunca su honra, en el Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español... y aquí conviene que explique el título de este post, de labios de Íñigo Balboa y Aguirre, hijo de un fallecido amigo del capitán, su (entonces) paje y cronista de la saga:

Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca Don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman Siglo de Oro. Más lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de Don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena.
Y es que, en efecto, a los ojos de sus testigos presenciales (entre los que está Francisco de Quevedo, amigo del capitán) el mentado siglo dorado no fue tal, sino más bien el engañoso fulgor de una decadencia que se aceleraría en menos de 20 años para dar a la postre con la hegemonía de España en el mundo, su economía y cultura...

...pero, no adelantemos los hechos (como diría Íñigo) y volvamos a lo que nos ocupa.

Corre el año 1622 (o 1623; el cronista no está seguro), siendo soberano Felipe IV de España . Don Diego, intentando capear la miseria que lo acecha, acepta un trabajo donde se necesitan sus servicios como espadachín a sueldo. Es citado en una extraña casa abandonada y entrevistado por dos sujetos enmascarados quienes le señalan que existen dos viajeros ingleses que deben ser castigados o desanimados de llegar a la embajada inglesa, que es su destino final... pero sin matarlos ("Ni muertos ni sangre –insistió el hombre corpulento–. Al menos, no mucha."). Sin embargo, estando ausentes los sujetos enmascarados, aparece fray Emilio Bocanegra, dominico y presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, quien cambia las órdenes.

Alatriste intentará cumplir con el encargo, pero estas cosas suelen complicarse... y no se diga más, que no quitaré al potencial lector el gusto se averiguarlo por si mismo.

Todo esto, por supuesto, con Madrid, su buena gente y tanta maravilla de esos tiempos como telón de fondo, lo que, sin embargo, no hace perder del todo la perspectiva del cronista. Cito otro pasaje:
–Ahí viene Lope –dijo alguien.
Todos se quitaron los sombreros cuando Lope, el gran Félix Lope de Vega Carpio, apareció caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso, y se detuvo unos instantes a departir con Don Francisco de Quevedo, quien lo felicitó por la comedia que representaban al día siguiente en el corral del Príncipe: acontecimiento teatral al que Diego Alatriste había prometido llevarme, y yo iba a presenciar por primera vez en mi vida. Después, Don Francisco hizo algunas presentaciones.
–El capitán Don Diego Alatriste y Tenorio... Ya conoce vuestra merced a Juan Vicuña... Diego Silva... El jovencito es Íñigo Balboa, hijo de un militar caído en Flandes.
Al oír aquello, Lope me tocó un momento la cabeza con espontáneo gesto de simpatía. Fue la primera vez que lo vi, aunque tendría después otras ocasiones; y recordaré siempre su continente sexagenario y grave, su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada, que nos dedicó a todos antes de proseguir camino rodeado por muestras de respeto.
–No olvides a ese hombre ni este día –me dijo el capitán, dándome un afectuoso pescozón en el mismo sitio donde Lope me había tocado.
Y no lo olvidé nunca. Todavía hoy, tantos años después de aquello, me llevo la mano a la coronilla y siento allí el contacto de los dedos afectuosos del Fénix de los Ingenios. Ni él, ni Don Francisco de Quevedo, ni Velázquez, ni el capitán Alatriste, ni la época miserable y magnífica que entonces conocí, existen ya. Pero queda, en las bibliotecas, en los libros, en los lienzos, en las iglesias, en los palacios, calles y plazas, la huella indeleble que aquellos hombres dejaron de su paso por la tierra. El recuerdo de la mano de Lope desaparecerá conmigo cuando yo muera, como también el acento andaluz de Diego de Silva, el sonido de las espuelas de oro de Don Francisco al cojear, o la mirada glauca y serena del capitán Alatriste. Pero el eco de sus vidas singulares seguirá resonando mientras exista ese lugar impreciso, mezcla de pueblos, lenguas, historias, sangres y sueños traicionados: ese escenario maravilloso y trágico que llamamos España.
Nosotros, que vivimos tiempos ciertamente de menos lustro en las letras pero no por ellos vacíos o faltos de maravilla en las artes y otros ámbitos, debemos también saber apreciarlos, saber vivir y, en la medida de nuestras posibilidades, talentos y fuerzas, dejar en definitiva nuestra huella, por breve que esta sea, en este friso tan hermoso que tuvo a bien Dios darnos a contemplar y completar... pardiez ;-)

Quien esto escribe no tiene pretensiones literarias en este sentido, por cierto, pero si tras leer lo que se escribe en este blog, alguno se siente inspirado o motivado a crear o recrearse con lo hermoso y bueno que hay en el mundo, no todo lo que se trabaje será en vano.

Dicho esto, es una novela absolutamente recomendable para todos los que disfruten del relato de aventuras, de la novela histórica y sobre todo de un relato en lo que bueno, lo hermoso y lo terrible de nuestra humanidad rezuma y reluce por todo lo alto.

Hasta pronto...