Mostrando entradas con la etiqueta edad moderna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edad moderna. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2026

Usagi Yojimbo: periplo en la senda del samurai

No es habitual que haga reseña de comics en el blog, ya que no suelen ser estrictamente narrativa literaria. Sin embargo, he hecho algunas excepciones cuando el aporte de la obra me ha parecido significativo o bien me ha dejado huella y un grato recuerdo.

Es el caso de la serie norteamericana Usagi Yojimbo, para cuya presentación tomaré prestado el texto de Wikipedia, muy correcto y completo en su síntesis:

Usagi Yojimbo (del japonés 兎用心棒, conejo guardaespaldas) es una serie de historietas creada en 1984 por Stan Sakai, ganador del Premio Eisner. La serie está ambientada  en el inicio del periodo Edo de la historia de Japón y presenta animales antropomórficos sustituyendo a los humanos. El personaje principal es un conejo rōnin, Miyamoto Usagi, que Sakai basó parcialmente en el famoso espadachín Miyamoto Musashi. Usagi vaga por la tierra en un musha shugyō (peregrinaje del guerrero), vendiendo ocasionalmente sus servicios como guardaespaldas.

Usagi Yojimbo está muy influenciada por el cine japonés; ha incluido referencias a la obra y el cine de samuráis de Akira Kurosawa (el título de la serie deriva de la película Yojimbo, de Kurosawa, de 1960), así como a iconos del cine popular japonés, como El lobo solitario y su cachorro, Zatoichi y Godzilla. La serie también está influenciada en cierta medida por Groo the Wanderer, de Sergio Aragonés (Sakai se encarga de la tipografía de esa serie), pero el tono general de Usagi Yojimbo es más serio y reflexivo. La serie sigue la convención tradicional japonesa para los nombres de todos los personajes: sus apellidos seguidos de sus nombres de pila.

Como habrá notado el lector habitual del blog, tengo cierto gusto por los relatos de samuráis, máxime si, como es el caso presente, están creados en torno a la narrativa de aventuras: viajes y peripecias diversas de los personajes.

La vida de Miyamoto Usagi sigue casi a rajatabla muchos de los tópicos de las historias de samuráis; un aprendizaje duro con un maestro eximio y severo, el servicio honorable a un señor feudal justo pero derrotado mediante la traición, seguido de lo que da vida a la serie: aventuras sin fin en un camino de aprendizaje que no parece que pueda terminar nunca.

Y es que a este conejo le gustaría hechar raíces, pero no puede... o no quiere.

Es amado y querido en su pueblo de origen y fuera de él, pero no puede corresponder al amor porque su periplo o él mismo no lo permiten; muchos señores feudales le querrían a su servicio pero no se siente digno, pese a que nadie, ni siquiera su maestro o sus enemigos, puede comparársele en su irreprochable y perfecta adherencia al ideal de bushidō.

Y ocurre que Miyamoto es más y mejor que el camino del samurái y, aunque él no quiera saberlo, se ha vuelto una inspiración y un ejemplo para muchos de sus conocidos, algunos que cómo él viven en la penumbra del rōnin, otros que sobreviven bajo las sombras del crimen o incluso individuos que existen bajo el oscuro misterio del ninja.

Sin embargo, el protagonista se mantiene fiel a sí mismo y a las enseñanzas de su sensei: recto, discreto, sencillo, humilde, generoso, valiente y arrojado... e implacable en su lucha contra el mal, sea terreno o sobrenatural: en estos relatos, las criaturas míticas o fantásticas del folclore japonés están siempre presentes y son un contrapunto habitual de las historias más "normales", en las que el humor suele ser un ingrediente habitual.

Así es la vida de Miyamoto Usagi, en su búsqueda del equilibrio entre lo mundano y lo trascendente, entre la vigilia y los sueños... lo que está a un paso de distancia y que a la vez resulta del todo inalcanzable.

Una serie absolutamente recomendable para quienes gustan del relato de aventuras y de las historias de samuráis. Ahora bien, si usted no lee comics por que cree que son "puros dibujitos", entonces esta saga va doblemente recomendada.

sábado, 30 de agosto de 2025

Atrapado en Alatriste

Un alza un tanto brusca en la carga de trabajo y algunos temas de familia me han vuelto a alejar de estas páginas.

Mientras tanto, la mente no descansa... o trata de hacerlo, cuando puede.

Buscando un poco de solaz, he recurrido a mi otra afición narrativa, que son los cómics y he dado con un par de episodios de "Las aventuras del capitán Alatriste": una lectura liviana pero no falta de gracia y ciertamente plena de entretención. 

Avisado de que está pronto a aparecer un nuevo libro de la saga literaria de don Arturo Pérez-Reverte, me ha picado el gusanillo de la lectura y he vuelto, una vez más, a las obras literarias que inspiraron el cómic.

Como ocurre con una buena comida, pues también sucede con un libro o una obra literaria de calidad: siempre es gusto poder volver a disfrutarla; llevo ya cosa de una semana en ello y estoy por terminar con "El sol de Breda", tercer título de la serie.

No acabo de decidirme si lo que me gusta de la serie es la parte aventurera, el lenguaje, la ambientación, los personajes... es el todo o son cada una de las partes, pero el hecho es que la novela seduce y me hace, como digo, regresar: y no es primera vez, vaya.

Y está, también, el hecho de que hace ya mucho tengo en proyecto una obra ambientada en una época similar, a la que la verdad aún no me atrevo a acudir en pleno, precisamente por no dar con el lenguaje adecuado, cosa que en cambio a Don Arturo se le da con tanta facilidad. Con decirles que he llegado a considerar usar una IA para que "tradujera" mis textos, pero mi pudor puede más...

En fin, quería contarles mis cuitas personales y de autor, para no perder la costumbre de publicar en el blog y para airear ciertas cosas que me están preocupando estos días: que para eso, la palabra escrita tiene su qué sé yo de terapéutico.

Ya les contaré pronto de qué van el mundillo aventurero y mis otras lecturas.

¡Hasta pronto!

domingo, 16 de abril de 2023

No está muerto lo que yace eternamente: decimoctavo episodio, segunda temporada

Este viernes recién pasado apareció en línea el decimoctavo episodio de la segunda temporada de “No está muerto lo que yace eternamente”. Está disponible en el canal de Textualiza en Twitch y también en YouTube: Ruber Eaglenest y Jade nos traen en amena conversación las novedades de la escena de la ficción interactiva. 

Tal como en el episodio anterior, en esta oportunidad el autor Fran Kapilla, antiguo colaborador del CAAD, compartió en directo su último trabajo: "El mosquetero de la Reina", una aventura de texto que exprime las posibilidades literarias e interactivas del incombustible Sinclair Spectrum +128K.

Como es habitual en estos lances, al inicio del episodio hay una entrevista al autor invitado, donde conoceremos su periplo en la autoría de ficción interactiva, para luego acercarnos la actualidad y las novedades del mundillo.

En cuanto a las noticias, los enlaces del temario están disponibles en YouTube y además fueron publicados en el foro en español de Intfiction; como es habitual, los pueden leer desde ya en este post:

Como cada semana, tenemos nuevamente este estupendo medio para estar al día de lo que hay (y ha de haber) en ficción interactiva.

viernes, 17 de febrero de 2023

Julián Romero de Ibarrola: la vida de un soldado en los Tercios de España

Por cosas de mi interés por la novela histórica y las aventuras de capa y espada, han caido en mis manos un par de libros del autor español José Javier Esparza ambientados en el así llamado Siglo de Oro español. 

Son parte de la serie literaria en los que se narran episodios de la vida de don Julián Romero de Ibarrola, quien fuera soldado en los poderosos ejércitos de la corona ibérica, los afamados Tercios, que durante casi tres siglos fueron la fuerza militar suprema en Europa y América.

Aunque los hechos narrados corresponden a un periodo semejante a los de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, antes comentada en este blog, el relato es bastante distinto al de las andanzas de Diego Alatriste y Tenorio, lo que ciertamente hace de esta lectura, a gusto de quien esto escribe, una experiencia de mucho provecho y disfrute.

Para empezar, las novelas están escritas a modo de autobiografía, con una prosa y lenguajes que ciertamente evocan el imaginario de aquellos tiempos, pero con un vocabulario asequible al lector actual. El tono, por otra parte, es mucho más personal, con la perspectiva de quien relata lo que ocurrió en su vida: desvaríos y precisiones, aciertos y errores, luces y sombras: en fin, lo que es de esperar de un relato subjetivo de hechos que sin embargo ocurrieron y que, historia aparte, son a la postre una ficción literaria, ya que don Julian jamás escribió sus memorias pues, en vida, estuvo ocupado en otros menesteres.

Es en este aspecto que el relato difiere (y no poco) con el de Alatriste, ya que si bien ambos protagonistas fueron soldados, la suerte de don Julian fue tanto más favorable, siempre al alero del ejército, en trato, servicio y confianza frecuente con "grandes del reyno".

Conoceremos así en "San Quintín" y "El tercio que nunca existió" los ires y venires de Romero, fuera y dentro de los campos de batalla, en su preparación y desenlace, con todos los rigores y esfuerzos de la vida del soldado español de aquellos tiempos, una vida de mucho riesgo y no siempre plena de recompensa o prebendas. Fue la suya, en cambio, una carrera militar siempre en ascenso, hasta llegar a los laureles de maestre de campo y  caballero de Santiago, lejos del periplo progresivamente ruinoso de don Diego.

Sin embargo, nada de ello vino por casualidad o sin daño, que la gloria en batalla se ganaba (entonces y ahora) a costa de muchos sacrificios, pues muy pocos salían de esos lances vivos o con el cuerpo y el espíritu intactos. En palabras de don Julián:

Mi nombre es Julián Romero de Ibarrola y soy maestre de campo de los tercios del rey nuestro señor. Sirvo hoy con don Felipe II como ayer serví con su augusto padre, el césar Carlos. Queréis que os cuente mi historia y yo os diré que mi único mérito es haber salvado la piel donde otros dieron la vida.

No busquéis aquí epopeyas ni fantasías, que esto no es libro de caballerías, sino memoria fiel y seca de una vida de soldado. Todo cuanto hallaréis en estas páginas son hechos verídicos y ciertos, que bien sabido es que la milicia casa mal con la imaginación.

Para quienes gusten del relato histórico o de hechos marciales, se trata sin duda de lecturas que traerán muchas horas de entretenimiento y educación, pues en su correctísima ambientación el lector se asomará con mucho detalle (y sin ningún tedio) a una época de la que no se habla habitualmente, pues su recuerdo no es siempre feliz: en mi país se citará la Guerra de Arauco, con todo lo noble, bello, horrible y bajo que ahí se dió cita... de ambos lados, pues si aquí los Tercios fueron rudos, los nativos nunca quedaron a la saga....

...pero esa es otra historia.

De vuelta a nuestro presente, no me queda sino recomendar la lectura de estos magníficos libros, para que el lector quiera conocer y aprender de un trozo de la historia de España, de la voz de uno de sus protagonistas: una historia cuyos ecos se escuchan incluso en nuestros días, a uno y otro lado "del charco".

sábado, 14 de enero de 2023

El samurái de Sevilla

Una de las últimas novelas que reseñé el 2007, en los comienzos de este blog, fue "Shogun" de James Clavell, lectura que dejó en mi una profunda y aun no del todo resuelta afición por la cultura japonesa.

Más de quince años después, las vueltas de la vida me han llevado a leer una suerte de continuación de aquel relato, también histórico amen de ficticio, que ahora paso a comentar.

Se trata del libro "El samurái de Sevilla" del autor John. J. Healey, en el que se narra el en verdad histórico viaje de Hasekura Tsunenaga, que lideró una misión comercial y diplómatica de Japón a España entre los años 1613 y 1620, precisamente a partir del punto en que finaliza "Shogún".

La narración, sin embargo, se centrará en las vivencias de uno de los miembros del séquito de Hasekura: Shiro, un samurái bastardo pero de linaje elevado, cuyos mesurados, prudentes y cuidadosos pasos se mezclarán de diversas maneras con las vidas de varios personajes de tierras españolas, reales y ficticios.

A través de los ojos de Shiro viviremos el choque de dos culturas más bien opuestas. Experimentaremos pues la maravilla, el pasmo y al cabo la repulsa y hasta el asco del protagonista al tratar de conciliar las obligaciones de su misión diplómatica con las maneras y usos de los a ratos "bárbaros" españoles de la época, frente a la sutileza y la contención de un samurái, fruto de la cultura japonesa en general y del bushido en particular.

Sin embargo, Shiro abraza la experencia, disfrutando o sufriendo plenamente de su periplo: jamás perdiendo su identidad nipona pero dejándose permear sin embargo por todos los lances que le ofrece su estadía en España, país que, como Japón, es un lugar hermoso a la par que peligroso, con sus propias normas y claves de comportamiento, en los que la clase social, la religión y el poder guían y tuercen los destinos de las gentes, un destino o karma del que Shiro tampoco podrá escapar...

Quienes hayan leído "Shogún" disfrutarán de esta novela sin experimentar nada ni remotamente parecido a la reiteración, ya que los personajes y las vivencias serán del todo distintas a las del relato de Clavell. Sin embargo, hay mucho de reflejo, simetría y hasta complemento en ambas historias: aquí, el extranjero es un japonés y lo exótico es lo occidental, un mundo ibérico familiar al lector pero que se presenta como nuevo, curioso o acaso risible al enfrentarlo con la perspectiva de Shiro.

Por otra parte, la narración, aunque correctamente ambientada, no es en verdad un tour de force de la cultura española pues el propósito del libro no es llevar al lector a la España histórica (cosa que igualmente consigue) sino cambiar su enfoque y mirada, para vernos y descubrirnos en los ojos de un extraño al que todo ello le dejará, felizmente o no, una profunda huella.

Como una vez más le ocurrió a quien esto escribe, por cierto.

No siendo verdaderamente un relato de aventuras, es una narración que se lee ágilmente y con gusto, sin deseo de que termine pronto aunque con satisfacción al concluir, por poco japoneses que sean tales conceptos, vaya.

Lectura sumamente recomendable para quienes gustan del relato histórico y sienten, como yo, fascinación por el ethos japonés, un modo de vida que este libro permite abordar con calma aunque no sin algo de pena: es un relato más bien realista y la vida, ya se sabe, no siempre es color de rosa...

sábado, 24 de abril de 2021

Orgullo y prejucio y zombis: Jane Austen no lo escribió exactamente así

En esta oportunidad voy a darle espacio a algo leve o, al menos, algo que de solemne creo que tiene muy poco.

En otra reseña hice notar que (en general) no me gustan los pastiches, pues tienen la tendencia a ser "ni chicha ni limoná" como decimos en Chile: no se respetan o más bien se atropellan las claves de los géneros que se intentan amalgamar, con resultados acaso dispares cuando no derechamente decepcionantes.

No es, sin embargo, el caso de la novela "Orgullo y prejuicio y zombis" (Pride and Prejudice and Zombies), originalmente escrita por Jane Austen y adaptada luego a la temática de zombis por Seth Grahame-Smith.

Esta no es la primera (ni ha de ser la última) adaptación alternativa de los trabajos de Austen, pero siendo de las más recientes resulta, cuando menos, un tanto peculiar...

La narración nos sitúa en la tranquila población inglesa de Meryton, cuya paz bucólica se verá interrumpida por brotes de una plaga de muertos vivientes que está asolando la isla británica. Frente a semejante amenaza, no queda otra cosa por hacer que mantener la serenidad y la calma, para luego tomar armas y defender la honra y la vida como es debido.

En este cometido, las hermanas de la familia Bennett de Longbourn están a la cabeza de su sociedad inmediata, siendo ejemplo eficaz y decoroso de cómo protegerse ellas mismas y a sus semejantes de tales embates, evitando así la desagradable inconveniencia de volverse bestias descerebradas que sólo tienen como aspiración, irónicamente, la adquisición de cerebros ajenos por vía de la ingesta oral; rara vez con el consentimiento del donante, dicho sea de paso.

Elizabeth Bennet, la mayor de sus hermanas, es parangón, ejemplo y admiración tanto de su familia como de sus vecinos. Su empeño, sin embargo, se verá interrumpido y hasta perturbado por la llegada del caballero Fitzwilliam Darcy, cuyos modales arrogantes y su eficacia en el combate de los muertos vivientes traerán zozobra a la vida de "Lizzie", de por sí complicada con sus obligaciones familiares y sociales.

Comenzarán entonces una serie de lances (alternados) de cortejo y combate, en los que el señor Darcy y la señorita Bennet deberán enfrentar una serie de obstáculos para lograr estar juntos: el orgullo de Darcy, los prejucios de Elizabeth, amén de las presiones que implican las intrigas de las familias de ambos que desean (o no) la unión de los jóvenes... y de los monstruos que desean devorarlos a todos, sean de la familia que sean.

Estamos frente a un curiosísimo ejercicio de edición literaria, toda vez que la prosa de Austen se mantiene lo más intacta posible, salvo cuando Seth introduce su pluma irreverente para agregar la temática de muertos vivientes a lo que en principio es un relato romántico correctamente ambientado en el período de la regencia.

El resultado es una narración notable en su humorismo y horror, que sin llegar a la sátira o al morbo, nos mantiene en vilo con los encuentros y desencuentros de dos enamorados que deben superarlo todo y a todos (incluidos ellos mismos) para alcanzar su felicidad, digan lo que digan las convenciones sociales y la muerte que los rodean, a cuál más implacable.

Lectura sumamente recomendable, especialmente para solaz y disfrute en estos tiempos tan difíciles. Ahora bien, si el lector cree que hay cosas que no deben nunca ser tomadas en broma, la lectura de este libro va especialmente recomendada.

sábado, 17 de febrero de 2018

Nación: comenzando de cero

Para comenzar, pedir disculpas a los que leen este blog ("alguien debe hacerlo") por mi larga ausencia en estas páginas, pantallas o como sea...

Dicho esto, en esta ocasión reseñaré la novela "Nación" (Nation) del autor británico Terry Pratchett.

Pratchett es famoso por su saga de humor y fantasía "Mundodisco" (Discworld) pero también escribía novelas independientes, la mayoría en clave de humor como la presente.

"Nación" comienza en un planeta casi-casi como el nuestro, en un mundo en que las colonias americanas inglesas no llegaron a independizarse; acaba de publicarse "El origen de las especies" de Charles Darwin, pero el vendaval de ese libro es casi una nota al pie de página de este relato.

He aquí que una pandemia de influenza rusa acaba de diezmar a la familia real inglesa, al punto de que 137 de sus miembros en la linea de sucesión han perecido: sobrevive Henry Fanshaw, gobernador de las posesiones inglesas en Oceanía... y su hija Ermintrude, abandonada en la isla Nación tras un tsunami que hundió la embarcación en que viajaba sin su padre, salvándola (es un decir) de un motín a bordo.

Ermintrude no está sola en la isla. Pronto encontrará a Mau, un nativo cuyo pueblo ha sido totalmente destruido por el tsunami; Mau sobrevive al estar lejos de su isla durante su rito de iniciación, dejándolo con culpa de superviviente y con una profunda desconfianza en sus creencias religiosas.

Luego llegan a la isla otros náufragos del desastre, más cercanos en cultura y creencias a Mau que a la chica inglesa, que en forma muy cómica y equívoca comienza gradualmente a entenderse con los nativos, colaborando con ellos para sobrevivir. La naturaleza no es el único obstáculo a superar: el tsunami ha acabado con todos los nativos y pronto queda claro que Nación no era una isla abandonada, deshabitada... ni pacífica.

Mau y Ermintrude, jóvenes y con escaza experiencia (en casi todo), comienzan a tomar decisiones morales crecientemente complejas y difíciles, sin más guia que su naciente aunque accidentada (je) amistad y todo el sentido común y buenas intenciones que dos muchachos desarraigados pueden tener.

Como en muchas de sus novelas, Pratchett da mucha importancia al azar y la voluntad (buena y mala) de sus protagonistas, que cometen los errores propios de su edad, su limitada experiencia y su escazamente formada noción de lo bueno y lo malo: es precisamente un elemento crucial (y fascinante) del relato el ver como los protagonistas se manejan en las difíciles circunstancias que les toca vivir, creándose su propio conjunto de reglas y de valores para salir adelante...

...siendo fieles a sí mismos, pues no hay adultos que puedan o quieran guiarlos en el proceso.

La perspectiva presente en "Nación" es optimista frente a otros relatos como "El señor de las moscas" (Lord of the Flies) de William Golding, pues el humor de Pratchett desborda en cada página de este entretenido libro.

Lectura muy recomendable para los que gustan del humor, los relatos de aventura y de la transición a la vida adulta.

Si, por otra parte, el lector cree que empezar de cero en una isla desierta es la solución a los problemas de la vida, entonces esta novela va doblemente recomendada.

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes del Siglo de Oro: nada nuevo bajo el sol

Pese a tener bastante material pendiente o disponible para leer, de vez en cuando tiendo a volver a algunos libros que dejaron impresión honda o de los que gusto mucho. Es el caso de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrita por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Esta segunda lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la serie, me ha permitido fijarme en algunos detalles más bien sociológicos observados en ese Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español, que paso a compartir con ustedes:

  • Las gentes, en vez de tweets, escribía poemas anónimos que luego circulaban según si eran certeros o de calidad.
  • El toreo era una fiesta universal: para todos y todas.
  • En general, el pueblo llano era pobre, generoso, honesto, trabajador y leal; en su mayoría, la nobleza, las autoridades (Iglesia y Estado) y la burocracia... no.
  • La mujer era libre de respirar... y poco más.
  • Al soldado, en activo o veterano retirado, rico o sobretodo pobre, su honra le valía la vida.
  • Los artistas de renombre, especialmente en las letras, eran venerados, queridos y respetados por las gentes.
  • Los artistas, entre sí, en público y en privado, alternaban la admiración y el respeto con la envidia y el escarnio; para los medios de comunicación, véase el primer apunte.
  • Las autoridades comerciaban, acordaban, traicionaban y robaban; discretamente o a plena vista, según les plugía.
Como podrán observar "vuestras mercedes" en algunas cosas nuestras sociedades han mejorado... y en otras no tanto: puedo asegurar que cualquiera de ustedes podrá, sin demasiado esfuerzo, encontrar ejemplos en la contingencia reciente de su país que caen en alguno de estos apuntes.

La naturaleza humana y nuestras instituciones, ya se ve, siguen siendo más o menos las mismas y los cambios (que los hay) avanzan más bien lento.

Espero escribirles pronto con un tema algo más festivo que esta constatación de que, mirando la historia, cuesta encontrar algo nuevo bajo el sol...


lunes, 7 de noviembre de 2011

El club Dumas: Ex libris, caveat emptor, cui bono y todo eso

Este fin de semana he leído El club Dumas del novelista español Arturo Pérez-Reverte. Ya ven que uno tiene sus preferencias...

La trama gira en torno a Lucas Corso y su trabajo como "cazador de libros": por buenas o malas artes, Corso adquiere, revende o autentifica libros raros y antiguos, generalmente de origen ex libris. El personaje es así una curiosa y divertida mezcla de mercenario e ilustrado bibliófilo, aunque él intente (no siempre con éxito) mantener una distancia cínica y estrictamente profesional con los objetos de su trabajo.

Se le ha encargado a Corso que adquiera las dos últimas copias del libro llamado de Las nueve puertas, cuyo protagonista es el diablo. Paralelamente, un amigo y colega le pide que compruebe la autenticidad de un manuscrito de El vino de Anjou, correspondiente a uno de los capítulos de Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas (padre).

Se trataría de otro trabajo más para Corso, pero a poco andar comienzan a sucederse eventos y personajes demasiado propios de un relato de Dumas como para tratarse de coincidencias. El protagonista comienza a ir con pies de plomo, internándose en algo que no acaba de perfilarse como intriga, conspiración... o profecía.

El interés del lector se sostienen tanto por la tensión del relato como por las fascinantes revelaciones sobre temas aparentemente tan dispares como la autoría de los relatos de Dumas y la demonología en la literatura.

Quienes gusten de la novela de misterio así como de la historia de la literatura y de la literatura en la historia (no es lo mismo...) disfrutarán lo suyo con este relato, uno de los mejores de Pérez-Reverte.

Por cierto, para aquellos que hayan visto la película La novena puerta de Roman Polanski estén prevenidos: el libro es, como de costumbre, mucho más que su versión fílmica...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Entrevista al capitán Alatriste

Se ha publicado en el diario español El Mundo , en su sección Encuentros digitales, una interesantísima entrevista a Diego Alatriste y Tenorio, en cuanto a personaje literario creado por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Es un hermoso ejercicio literario, en que el personaje responde, de la mano de su autor, a preguntas hechas por personas de nuestros días.

Asistimos así a la ficción de ver nuestro mundo del presente con los ojos de una persona que vivió en otros tiempos que, como cualquier época, tenían sus más y sus menos. Para muestra, un botón:

31. [...] Mi pregunta es porqué a pesar de esta jodida España cada vez que llego a mi Puerto de Cádiz, el nuevo Barajas, después de estar con los de los ladrillos rojos empapados en agua, los ingleses, los pesados italianos, cuyo país es mucho más hermoso cuando duermen y los petulantes vecinos del norte, se me abre el corazón, me entra una sonrisa y se me ilumina el alma? Muchas gracias mi Capitán. Un jodido infeliz de la tropa Española.

R. Porque España, cuando se la mira bien, es un lugar luminoso y grato. Poblado por gente de ingenio y coraje cuando se le demanda. Me pregunto si en vez de estar en manos de los que siempre estuvimos, qué habría pasado si hubiésemos estado regidos por gente buena y decente. Todo sería muy distinto, sin duda. La ventaja de ustedes respecto a mí es que con los sistemas políticos modernos de que gozan, pueden intentar eso de la decencia cada cuatro años. En mi tiempo no había más cera que la que ardía. Nacías con un rey, morías con un rey y te echaban el responso los curas de siempre.
y cómo esta, 99 más y ninguna tiene desperdicio.

Sumamente recomendable para los estudiosos de la historia, los observadores del presente y todos quienes no se traguen discursos baratos para explicar las burradas y las maravillas de nuestra pobre y grandiosa naturaleza humana.

Aprovecho de agradecer a Baltasar, autor del CAAD: sin su oportuna cita en facebook, jamás me habría enterado de esta pequeña maravilla...

viernes, 14 de mayo de 2010

El capitán Alatriste: no es de oro todo lo que reluce (y un siglo, menos)

He disfrutado mucho la lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrito por el novelista español Arturo Pérez-Reverte. Tiempo hacía que no leía novelas de capa y espada, y mucho me ha gustado, por lo que paso a reseñarla brevemente.

El relato se basa en la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín que sobrevive alquilando su acero, pero nunca su honra, en el Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español... y aquí conviene que explique el título de este post, de labios de Íñigo Balboa y Aguirre, hijo de un fallecido amigo del capitán, su (entonces) paje y cronista de la saga:

Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca Don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman Siglo de Oro. Más lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de Don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena.
Y es que, en efecto, a los ojos de sus testigos presenciales (entre los que está Francisco de Quevedo, amigo del capitán) el mentado siglo dorado no fue tal, sino más bien el engañoso fulgor de una decadencia que se aceleraría en menos de 20 años para dar a la postre con la hegemonía de España en el mundo, su economía y cultura...

...pero, no adelantemos los hechos (como diría Íñigo) y volvamos a lo que nos ocupa.

Corre el año 1622 (o 1623; el cronista no está seguro), siendo soberano Felipe IV de España . Don Diego, intentando capear la miseria que lo acecha, acepta un trabajo donde se necesitan sus servicios como espadachín a sueldo. Es citado en una extraña casa abandonada y entrevistado por dos sujetos enmascarados quienes le señalan que existen dos viajeros ingleses que deben ser castigados o desanimados de llegar a la embajada inglesa, que es su destino final... pero sin matarlos ("Ni muertos ni sangre –insistió el hombre corpulento–. Al menos, no mucha."). Sin embargo, estando ausentes los sujetos enmascarados, aparece fray Emilio Bocanegra, dominico y presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, quien cambia las órdenes.

Alatriste intentará cumplir con el encargo, pero estas cosas suelen complicarse... y no se diga más, que no quitaré al potencial lector el gusto se averiguarlo por si mismo.

Todo esto, por supuesto, con Madrid, su buena gente y tanta maravilla de esos tiempos como telón de fondo, lo que, sin embargo, no hace perder del todo la perspectiva del cronista. Cito otro pasaje:
–Ahí viene Lope –dijo alguien.
Todos se quitaron los sombreros cuando Lope, el gran Félix Lope de Vega Carpio, apareció caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso, y se detuvo unos instantes a departir con Don Francisco de Quevedo, quien lo felicitó por la comedia que representaban al día siguiente en el corral del Príncipe: acontecimiento teatral al que Diego Alatriste había prometido llevarme, y yo iba a presenciar por primera vez en mi vida. Después, Don Francisco hizo algunas presentaciones.
–El capitán Don Diego Alatriste y Tenorio... Ya conoce vuestra merced a Juan Vicuña... Diego Silva... El jovencito es Íñigo Balboa, hijo de un militar caído en Flandes.
Al oír aquello, Lope me tocó un momento la cabeza con espontáneo gesto de simpatía. Fue la primera vez que lo vi, aunque tendría después otras ocasiones; y recordaré siempre su continente sexagenario y grave, su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada, que nos dedicó a todos antes de proseguir camino rodeado por muestras de respeto.
–No olvides a ese hombre ni este día –me dijo el capitán, dándome un afectuoso pescozón en el mismo sitio donde Lope me había tocado.
Y no lo olvidé nunca. Todavía hoy, tantos años después de aquello, me llevo la mano a la coronilla y siento allí el contacto de los dedos afectuosos del Fénix de los Ingenios. Ni él, ni Don Francisco de Quevedo, ni Velázquez, ni el capitán Alatriste, ni la época miserable y magnífica que entonces conocí, existen ya. Pero queda, en las bibliotecas, en los libros, en los lienzos, en las iglesias, en los palacios, calles y plazas, la huella indeleble que aquellos hombres dejaron de su paso por la tierra. El recuerdo de la mano de Lope desaparecerá conmigo cuando yo muera, como también el acento andaluz de Diego de Silva, el sonido de las espuelas de oro de Don Francisco al cojear, o la mirada glauca y serena del capitán Alatriste. Pero el eco de sus vidas singulares seguirá resonando mientras exista ese lugar impreciso, mezcla de pueblos, lenguas, historias, sangres y sueños traicionados: ese escenario maravilloso y trágico que llamamos España.
Nosotros, que vivimos tiempos ciertamente de menos lustro en las letras pero no por ellos vacíos o faltos de maravilla en las artes y otros ámbitos, debemos también saber apreciarlos, saber vivir y, en la medida de nuestras posibilidades, talentos y fuerzas, dejar en definitiva nuestra huella, por breve que esta sea, en este friso tan hermoso que tuvo a bien Dios darnos a contemplar y completar... pardiez ;-)

Quien esto escribe no tiene pretensiones literarias en este sentido, por cierto, pero si tras leer lo que se escribe en este blog, alguno se siente inspirado o motivado a crear o recrearse con lo hermoso y bueno que hay en el mundo, no todo lo que se trabaje será en vano.

Dicho esto, es una novela absolutamente recomendable para todos los que disfruten del relato de aventuras, de la novela histórica y sobre todo de un relato en lo que bueno, lo hermoso y lo terrible de nuestra humanidad rezuma y reluce por todo lo alto.

Hasta pronto...

lunes, 10 de diciembre de 2007

Shogún: Japón, Japón (con perdón de Bigas Luna)

Estoy terminando de leer Shogún, de James Clavell.

Perteneciente a su Saga de Asia, esta novela está ambientada en Japón, circa 1.600, y describe (cambiando algunos nombres y eventos) los últimos hechos que precipitaron el ascenso de Tokugawa leyasu al shogunato.

El relato es narrado bajo la perspectiva de John Blackthorne, piloto y capitán de la nave holandesa de comercio Erasmus, varada en costas Japonesas tras una terrible tormenta (probablemente un tifón), tras larga travesía de circunvolución del globo.

La mayor parte del relato se centra inicialmente en el choque de la cultura occidental frente a la del Japón, aun medieval y fuertemente estratificado, con los samurai como la clase militar y efectivamente gobernante; luego, la narración pasa a la lenta, sutil e inexorable asimilación del protagonista a la cultura medieval de Japón: deber, disciplina, muerte... el bushido y el karma.

Hay que señalar que aunque el relato es occidental (no es una novela japonesa sobre el Japón) resulta absorvente, fascinante y envolvente, siendo una parte no menor de todo ello el mosaico de personajes "secundarios" del relato, especialmente Mariko y Toranaga, verdaderos arquetipos de la nobleza medieval japonesa. Hay multitud de detalles, algunos humoristicos, otros terribles y no pocos verdaderamente espantosos... para el ojo del lector occidental, que también, poco a poco, se va sumerjendo en el wa japonés (armonía, equilibrio y paz... todo junto) y comprende y entiende cada vez mejor el porqué y el cómo de ese misterio que es Japón.

Sumamente recomendable para quienes quieran aproximarse a esta fascinante cultura de un modo lo menos traumático posible ;-) Está traducido al español, y es fácil de conseguir en cualquier librería. Como siempre, interesados con problemas de acce$o a los libros, contactarme por en los comentarios del post.

¡Hasta la próxima!

viernes, 2 de noviembre de 2007

Q, Un Relato de la Reforma

En esta ocasión comentaré la novela Q del autor colectivo Luther Blisset.

El relato está ambientado en siglo XVI, el llamado "siglo de oro de las bellas letras", a comienzos de la Edad Moderna. La novela narra, siguiendo el periplo vital del protagonista y sus compañeros, hechos relacionados con el surgimiento del anabaptismo, el luteranismo, la guerra de los campesinos alemanes de 1524-1525, y el desarrollo del fraude bancario a gran escala.

Dejando de lado la controversia por el autor, el relato resulta en extremo interesante, pues nos permite observar el cisma de una religión (y el surgimiento de otra) desde la perspectiva del "hombre de la calle" que (muy a su pesar) debe enfrentar situaciones extraordinarias y tratar de salir adelante (léase, con vida).

La narración es a ratos humorístico, a ratos trágica y los personajes están bien caracterizados, y cuesta no tener simpatía (o antipatía) por ellos y ellas.

Muy recomendable para los amantes de la novela histórica, especialmente para los que puedan leer (sin escandalizarse) sobre la historia del cristianismo, cuyas iglesias están hechas (Dios Lo Quiere) por personas, a fin de cuentas, con sus defectos y virtudes. Es fácil de conseguir en librerías, pero aquellos con problemas de acce$o a los libros, contactarme por medio de los comentarios del post.

¡Hasta pronto!