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viernes, 12 de septiembre de 2025

¡Vaya planeta!: reflexión desde la ciencia ficción

Para nadie que haya leido algo de este blog será una sorpresa si digo que soy una persona a la que le gusta leer.

Si hacemos caso a lo que registra mi gestor de librería Calibre, desde que llevo usándolo (circa 2019) a la fecha he leido un poco más de 400 libros; algo así como un libro por semana... sin contar los que he vuelto a leer más de una vez, claro está.

Por supuesto, no todas mis lecturas las he reseñado en este blog, sea porque me parecieron poco interesantes o bien porque no fueron particularmente memorables: algunos libros son de autores más bien desconocidos o el tema del relato no daba realmente para una reseña en estas páginas.

Dicho lo anterior, paso ahora a comentar el libro "¡Vaya planeta!" ("Les étoiles ne s’en foutent pas"), una novela de ciencia ficción del autor frances Pierre Versins.

Comenzaré por decir que la traducción correcta del título sería "A las estrellas no les importa", n'est-ce pas vrai?, pero ya dirá el lector si, tras leer este comentario, el título en español es adecuado o no.

El relato fue escrito en 1954, por lo que el estilo, problemas de traducción aparte, puede resultar algo garruloso y alambicado para un lector actual, aunque la prosa del escritor desborda de esa ironía y fino humor que son característicos de la literatura francesa: ayer, ahora y siempre.

La narración es desde la perspectiva de una especie extraterrestre de más de 50,000 de nuestros años de antigüedad y que forma parte de una confederación tecnológicamente muy avanzada y pacífica, de dimensiones casi galácticas. En uno de sus viajes de exploración han encontrado en un extremo remoto de la galaxia evidencia de unas criaturas desconocidas que están dando sus primeros pasos en el viaje interestelar; intrigados deciden contactarlos...

...y resulta que somos nosotros: un pequeño planeta de múltiples naciones-estados, con una horrible historia de guerra, matanza y pillaje, complicado esto por racismo y explotación extrema de los recursos y de sus semejantes.

El lector puede imaginarse el espanto y el asco de estos extraterrestres y las decisiones a las que se ven obligados para preservación de la paz en el resto de la galaxia.

Aparte de alguna cosa curiosa por cómo se presenta el devenir de una civilización técnica avanzada,  considerando cuando fue escrita la novela, el relato resulta dinámico, absorbente y lleno de esa perspectiva a veces tan clara y lúcida de la que aparentemente solo es capaz la ciencia ficción, máxime considerando que los hechos y los lugares son supuestamente pura fantasía.

Me recordó vivamente el tipo de ficción que se encontraba en una estupenda colección llamada "Antología de novelas de anticipación", editada por Acervo en España, allá por los años 60: una narrativa llena de maravilla y donde lo aparentemente imposible puede volverse cotidiano, dejándonos de paso muchas reflexiones sobre lo que somos y lo que podemos llegar a ser, que ha sido y sigue siendo uno de los mayores aportes de la buena ciencia ficción, entretenimiento aparte.

El lector de esta reseña podría argumentar que la perspectiva del relato, y el poco halagueño retrato que hace de nuestra especie, corresponden a un momento histórico de la Tierra que ya fue superado. Por mi parte, aún veo a veces las noticias, internacionales y las nacionales también, y tengo una opinión algo distinta: guste o no, aunque escrita hace ya 70 años, esta novela tiene elementos de nuestra coexistencia que aún están vigentes y que son, en definitiva, lo que me ha movido a dejar este comentario.

Quiero pensar que, en vez de pesimista, estoy intentando ser un optimista bien informado e invito a mis lectores a sumarse a ese esfuerzo desde la buena literatura, que no importa cuando se ha escrito, si algo importante tiene que decirnos.

sábado, 8 de julio de 2023

Diatribas en El Escritorio

Si han prestado atención a lo que publico en el blog, habrán notado que en algunos artículos he puesto algo más de, digamos, temperamento en mis opiniones sobre alguna obra, un cierto hecho o un tema en particular.

No pretendo presumir que alguna vez he intentado ser objetivo a la hora de escribir estas reseñas porque si no ¿cuál sería el aporte de estos posts?

Lo cierto es que en algunas ocasiones se nota (y de lejos) que hay cosas que me importan más que otras y que derechamente me molestan o hasta me enfurecen.

No voy a pedir disculpas por eso, en todo caso: si a alguno de mis lectores les molesta mi manera de pensar o de expresar mi opinión al punto de no querer seguir leyéndome, pues tanto mejor si deciden buscar material de lectura en otra parte.

Alternativas no les van a faltar, si lo que les interesa es leer material en que el autor esté ausente.

No pretendo tampoco comenzar una serie de artículos "en pie de guerra", como sugiere la ilustración más arriba, pero de ahora en más incluiré la etiqueta "diatribas" cuando vea que estoy escribiendo con "algo más de entusiasmo" o de frentón molesto por algo; también la he incluído en artículos anteriores, por si algún lector estuviera interesado en este lado más, digamos, personal de mi producción en estas páginas.

¡Hasta pronto!

viernes, 30 de junio de 2023

Detective Heredia: misterio policial a la chilena

Como comenté en otro artículo, he iniciado la lectura de una serie de relatos de misterio policíaco de un autor de mi país, por lo que ahora haré aquí una breve reseña.

Se trata de la serie de novelas de misterio "Detective Heredia", del escritor chileno Ramón Díaz Eterovic. El protagonista es un detective privado que vive en Santiago, resolviendo habitualmente casos y cosas menores, empezando el primer episodio, "La Ciudad está triste" en plena dictadura militar.

Los eventos relatados involucran personas y personajes que, cuando no son históricos, corresponden a hechos u organizaciones que sí formaban parte de la realidad de Chile en aquel entonces, por lo que a lectores que sean mis compatriotas puede que estas historias les hagan (como a mí) un eco un tanto especial, pues si bien se trata de ficción literaria, lo es a medias.

Respecto de esto último, declaro aquí que, simpatías políticas o ideológicas aparte, intentar a estas alturas negar el terrorismo de estado chileno de aquel tiempo retratado en estas  novelas es, proverbialmente, tratar de tapar el sol con un dedo: el robo, los secuestros, la tortura, las desapariciones, los asesinatos y la mordaza a la justicia y los medios locales... incontables tropelías cometidas en nombre de la patria y la seguridad interior. Si el que yo escriba esto determina que algunos de mis lectores dejen de serlo, sepan que no voy a lamentarlo en demasía y tampoco voy a echarlos mucho de menos; en efecto, si van a juzgarme por, vamos a ver, "mi particular perspectiva", no tengo ningún problema en yo también emitir juicios como estos: viví en ese tiempo y mi memoria no es tan frágil, aunque la de otros sea más acomodaticia...

Heredia, pese a todo y a todos, intenta siempre resolver sus casos, obtenga o no justicia para sus clientes, por lo que no pocas veces ha de recurrir a sus aliados y amigos, fuera y dentro de la ley, para salir adelante con el pellejo no del todo intacto: es también, como tantos, víctima de la violencia represiva del estado, pero procura dar de lo que recibe y devolver la mano en la medida de sus posibilidades.

La prosa es amena, llena de humor e ironía. Los hechos son narrados en forma muy ágil y el autor  aprovecha nuestro particular léxico, incluyendo modismos que, conforme avanza la serie, se vuelven menos anacrónicos y algo más modernos, ya que las novelas (que no suelen extenderse mucho) van dejando al poco andar el siglo XX y se adentran en nuestros tiempos, incluyendo nuestra zigzagueante y amañada transición a la democracia.

¿Son estas novelas recomendables para lectores que no sean chilenos?

Habiendo leído no pocos relatos de misterio policial escritos en el así llamado español neutro, puedo asegurar que, vocabulario aparte, la serie se lee con agrado e interés; los detalles de ambientación "a la chilena" no hacen sino darle gracia a estas historias sin restar nada a la experiencia de lectura para cualquier persona interesada en el género. El autor no cae, en todo caso, en la tentación de hacer relatos herméticos o acaso panfletarios y los libros pueden disfrutarse sin necesidad de estar recurriendo a textos de historia o a la censurada prensa de la época.

Recomiendo así estas novelas policíacas con elementos históricos, cuya relevancia es mucho mayor, desde (no sólo) mi punto de vista, que la de una narración de misterio genérica. Ahora bien, si el lector es de los que no quiere que le recuerden cómo era (y es) Chile en tiempos no demasiado lejanos, su lectura va doblemente recomendada.

viernes, 23 de junio de 2023

Sobre lecturas IV: medios

Continuando con esta serie sobre la lectura, en este artículo trataré de mi experiencia con los distintos medios de soporte que hacen posible la lectura; será probablemente el artículo más vivencial (y visceral) de esta serie y puede que esté entre los destacables del blog en ese aspecto más personal.

La verdad es que estas páginas comenzaron a publicarse cuando la única forma que yo tenía para acceder a la literatura era la impresa: pedía prestado o compraba el material de lectura que era de mi interés... cuando podía: en Chile comprar libros siempre ha sido un asunto complejo cuando no ruinoso, ya que la literatura (ficción, ensayo, educativa: todo cuanto se publica) paga impuestos: los materiales, la publicación y la venta. Curiosamente, irse al infierno, culturalmente hablando, es en mi país una actividad que aun sigue exenta de tasas...

Podrá imaginar el lector que en cuanto pude hacerlo comencé a comprar libros en el extranjero... y sobre aquello podría escribir un blog completo: los aspectos económicos del asunto, la logística sumamente dilatada pues las consultas de catálogo se hacían por correo tradicional (sin Internet) y sobre todo la espera para que llegaran los dichosos libros, un tiempo que a veces se hacía eterno:  los libros llegaban habitualmente al cabo de meses.

Una vez en casa, podía leerlos ¡por fin! a mis anchas. De hecho, a no ser por algún requerimiento educativo o académico, una vez tuve en mi poder la primera remesa decidí dejar de comprar libros en mi país: sencillamente, ya no valía la pena. No recuerdo haber sentido lástima por las librerías de mi ciudad porque, en mi experiencia mayoritaria entonces y a la fecha, esos locales eran atendidos (es un decir) por gente que no sabía leer mucho más que un recibo de compras o la etiqueta del precio.... pero eso da para otro artículo.

Ya entrando en la primera década de mi vida profesional, comencé a tener un acceso más frecuente a medios tecnológicos que me permitían leer libros electrónicos, pero el asunto aún tenía sus bemoles: la literatura en esos medios era fundamentalmente técnica y la lectura era un asunto obligado por razones de trabajo: "lectura forzada", cosa que en efecto existe y si la frase tiene ribetes de pena carcelaria es porque a veces se sentía de ese modo.

Por fin, allá por el 2011, comenzaron a aparecer los primeros dispositivos de lectura de e-books a precio razonable, al punto que pude comprar uno a mi gusto...

...y todo cambio en forma felizmente irreversible. Podía ahora comprar y acceder en forma muy económica (cuando no gratis) a cuanto libro fuera de mi interés, y pronto empecé a tener un colección virtual que superaba (y con mucho) a mi biblioteca "física".

Si el lector lo desea, puede conocer con pelos y señales mi periplo en esto de los e-readers, que en los últimos 20 años han sido mi medio preferente de lectura, por mil y un motivos prácticos.

¿Los libros impresos, la lectura en papel?

De vez en cuando vuelvo a ello, si el volumen lo amerita o siento nostalgia por alguna edición particular; a veces recibo (con mucho placer) libros de regalo o los compro si la ocasión (una feria, un viaje) lo amerita. En cuanto a eso que llaman "ir de compras" no hay nada que me guste más que visitar librerías... en el extranjero.

Y es que, a diferencia de lo que sigo viviendo acá en Chile, "allá afuera" aún saben ofrecer y vender libros, pues entienden que los libros son distintos a otras cosas que se compran también por necesidad; que tal he visto como se perpetra la venta de literatura en estos lares: equiparado un libro con una hamburguesa o un par de zapatos...

Si lo anterior se ha leido como una crítica a las librerías santiaguinas y su actitud de estulticia mercenaria para la venta de los libros, es sólo porque me he contenido. Entiendo perfectamente que la venta de libros sea un negocio complicado, máxime si los volúmenes son caros, pero me molesta la ignorancia compuesta con desidia en las librerías de mi ciudad, que no hace sino empeorar la experiencia del lector local en ciernes.

Llego así al final de este post, que no de la serie, la que ha de terminar en el próximo artículo, donde  referiré al delicado y acuciante tema de la ocasión: cuándo y cómo llega quien esto escribe a la experiencia de la lectura.

sábado, 12 de marzo de 2022

Esto te va a doler: primero no hacer daño no aplica al doctor

En general, en este blog no he escrito reseñas sobre temas vocacionales, salvo lo referido a la autoría de ficción interactiva. En efecto, aquella suele ser literatura más bien árida y no siempre de lectura grata o demasiado interesante: de hecho, cuando el lector aborda ese tipo de ensayo suele hacerlo precisamente desde el interés y experiencia personal, aspectos sumamente variables de un individuo a otro.

Sin embargo, el tema de la salud y su cuidado es, creo, suficientemente universal: en uno u otro momento todos hemos tenido que atendernos en centros médicos y (según los medios de cada uno) en particular en lo que se suele llamar el sistema de salud pública. La experiencia del paciente varía de un país a otro pues, como suele ocurrir con todo, el nivel de calidad de la atención así como los tiempos de espera van según los medios económicos de cada país... o eso se supone.

Todo eso desde el punto de vista del paciente, claro. Pero la otra cara de la moneda, las vicisitudes de los médicos, enfermeras y personal de atención primaria en general suele pasarse habitualmente por alto, como si ellos no fueran personas con sus propias dificultades, necesidades, fatigas y (sorpresa) problemas de salud.

Dicho eso, en esta ocasión voy a comentar el libro "Esto te va a doler" (This is Going To Hurt) del autor británico Adam Kay.

Actualmente Adam es humorista y escritor de guiones para cine y televisión, pero antes de eso ejerció la medicina como gineco obstetra. En su caso, esto quiere decir que su práctica profesional tuvo un paso obligado por el Sistema de Salud Nacional (NHS) británico, donde trabajó durante varios años.

La lectura nos llevará a asistir a los comienzos, el progreso y el avance de la práctica médica del autor, en base a una serie de breves anécdotas episódicas tomadas de un diario de registro profesional pero que, inevitablemente, se vuelve más y más personal a medida que el tiempo pasa y los rigores de su trabajo comienzan a pasarle la cuenta al joven doctor: en su cuerpo y en su mente.

Conoceremos así su ordalía con el sobretiempo, el abuso de sus superiores y de los pacientes, las dificultades kafkianas de requerimientos administrativos que la informática acrecienta en vez de resolver... y la lenta pero inexorable degradación de la vida personal de Adam, que sencillamente no puede con todo y tampoco tiene tiempo para nada fuera de su trabajo.

Aunque la prosa es de tono liviano, el lector no se ahorrará detalles más bien escabrosos de la especialidad médica del autor, donde no hay espacio para el error humano: hay vidas de por medio, máxime de niños por nacer, pero a los doctores y tratantes en general se les somete a exigencias de tiempo, resistencia y dedicación que ignoran o derechamente atropellan su condición humana, con toda su fragilidad e inevitable falibilidad.

Y es que los doctores son también personas, aunque esto resulte inconveniente para un sistema de salud y una opinión pública insensibles y desmedidos en sus expectativas, sazonado todo ello con la habitual estulticia demagógica de los políticos (pequeños sátrapas de nuestros tiempos) cuya contribución al problema es que existan menos recursos y mecanismos de soporte o alivio, lo que no hace más que empeorar las condiciones laborales de los tratantes.

Todo ello determinará el quebranto y finalmente el abandono de la profesión médica por parte de Adam: no por falta de vocación sino porque su espíritu ha quedado herido más allá de cualquier cura.

Será el tiempo, la calma y la perspectiva desde afuera lo que llevarán al autor a crear este libro, que en su país no pasó desapercibido, exponiendo una realidad que merecía ser gritada en la cara de cuantos preferían ignorarla o negarla.

A pesar de lo dicho, estamos frente a una lectura sumamente amena e interesante de principio a fin, escrita con mucho humor y no poca ironía, pero que es a la postre una loa al sacrificio y abnegación de quienes trabajan sin descanso y poco agradecimiento en esto que se ha dado en llamar "la salud", olvidando que para hacer esa masa es necesario moler trigo y hacer harina con los seres humanos que hacen posible que aquello funcione.

Lectura sumamente recomendable para todos quienes quieran saber más del tema de la salud pública, que no varía demasiado cuando se supone que sí existen los recursos y los medios: quiera el lector conocer este libro y luego mirar con otros ojos algo que todos damos por sentado, sin saber realmente cuánto vale ni todo lo que les cuesta a aquellos que prestan este servicio.

sábado, 15 de mayo de 2021

Los perros duros no bailan: vida de perros

En este blog en general los libros que reseño no suelen tener personajes animales, salvo "La colina de Watership" previamente comentada aquí; fábulas, que yo sepa, no he comentado a la fecha: son lecturas que no visito desde mi infancia y (de momento) no creo que vuelva a revisar.

Dicho eso, quizá si por interés en la obra general de su autor o por curiosidad, he leído y disfrutado con "Los perros duros no bailan" del escritor español Arturo Pérez-Reverte, un habitual de este blog.

El relato es contado desde el punto de vista de Negro, un perro de pelea ya retirado, muy lejos de la "flor de la vida" y con facultades (físicas y mentales) que están comenzando a desaparecer. Quedan, sin embargo, la amistad y la lealtad con sus amigos, algo que el tiempo no borra ni desvanece en lo más mínimo.

Y es que la amistad y esa lealtad que conlleva son elementos absolutamente centrales de esta narración. En el pequeño mundo de esta ficción, en efecto tales cosas no tienen dobleces ni areas grises para los perros... ni hay tampoco dudas sobre las acciones que hay que llevar a cabo para preservarlas o castigarlas ante una falta.

Hete aquí que hace varios días se echa de menos a dos compañeros del barrio y nadie sabe nada de ellos. Como se sospecha de que hay algo raro y acaso oscuro de por medio, Negro inciará un periplo asarozo y audaz por la ciudad con un fin preciso: dar con sus amigos, rescatarlos de su presunta desgracia y vengarlos si es necesario.

A diferencia de lo que ocurre en la arriba citada "Colina...", Negro no podrá esquivar el mundo de los hombres pues es de hecho el suyo también, desde cachorro. Y lo es también de la mayoría de sus amigos, no necesariamente más afortunados por esa relación o su ausencia: el vínculo de los humanos con los perros no siempre es recíproco en lealtad y amistad, lo que en definitiva determina la mayor parte del tiempo la dicha y también la desgracia de los canes, en este relato y por cierto en nuestra realidad.

Negro no tendrá más remedio, entonces, que recorrer el mundo de los humanos, usando su olfato, su instinto e inteligencia, siempre en pos de las escazas pistas que lo llevarán hasta donde están sus compañeros perdidos, siguiendo un camino a veces tortuoso: un itinerario entre las luces y sombras que proyectamos los otros animales, esos que andamos en dos pies.

¿Es este un relato recomendable para los amantes de los animales y de los perros en particular?

Si el lector es responsable con sus mascotas en lo que debe hacer y en como tratarlas, o al menos aspira a serlo, ciertamente es una narración de aventuras, curiosamente policial, muy interesante, entretenida y a ratos enternecedora, pues nos sumerge en el mundo de los perros y nos los muestra tal como son en verdad: puros, simples y actuando según eso; rara vez para el bien o provecho personal del can.

Por el contrario, si el lector no quiere saber ni desea enterarse de hasta qué punto somos responsables de la vida de estas bestias, lo mejor que puede hacer es no leer este libro y de hecho olvidarse de haber leido esta reseña: la ignorancia le será más cómoda.

domingo, 21 de marzo de 2021

Obseqium: el diamante de la Edad de Oro del videojuego español

Continuando con la temática aventurera y de videojuegos, ahora revisaré el libro "Obseqium: Un relato cultural, tecnológico y emocional de la Abadía del Crímen", perteneciente a la serie "Ocho Quilates" del autor español Jaume Esteve Gutiérrez (y otros).

Para empezar, digamos que dado un recuerdo que consideramos importante en nuestras vidas, esa memoria estará conformada obligadamente en torno a uno o más elementos concretos e imprescindibles para ese recuerdo.

En mi caso, uno de esos recuerdos y una parte de mi vivencia de la adolescencia están vinculados al computador Sinclair Spectrum y a los videojuegos de lo que luego se conoció como la Edad de Oro del videojuego español, revisada anteriormente en este blog.

Dicho eso, más allá de cualquier gusto personal, "La abadía del crímen", creada por Paco Menéndez y Juan Delcán, ocupa un lugar único y casi mítico en ese pequeño universo de videjouegos.

Brevemente, "La abadía" es un videojuego de aventuras y misterio que se inspiró en "El nombre de la rosa" del autor italiano Umberto Eco. Para mayor detalle, citaremos el artículo que Wikipedia dedica al tema:

La abadía del crimen es una videoaventura, donde un fraile franciscano, Guillermo de Occam (Guillermo de Baskerville en el libro) y el joven novicio Adso tienen que descubrir al autor de una serie de asesinatos que suceden en una abadía situada en la península itálica durante el siglo XIV.

Famoso por su complejidad y dificultad, el juego se desarrolla en siete días en los que es necesario realizar las labores de un monje de aquella época​, mientras en los ratos libres se debe realizar la investigación por la laberíntica abadía. Guillermo debe cumplir en todo momento las órdenes del abad, particularmente asistir a misa y al comedor cuando suena la campana, así como seguirle cuando se lo pida. Otra de las órdenes más tajantes es no salir de su celda por la noche, sin embargo esto es necesario para avanzar en la investigación y Guillermo tendrá que burlar la vigilancia del abad y evitar ser descubierto.

Las desobediencias leves harán bajar una barra llamada obsequium («obediencia», «disciplina» o «lealtad», en latín). Gastar esta barra o realizar una desobediencia grave (faltar a misa o la comida, o ser pillado de noche por el abad) supondrán la expulsión de la abadía, y con ello el final de la partida.

El libro que nos ocupa es a la vez un estudio y un homenaje a este videjouego, abordado desde múltiples perspectivas: técnicas, tecnológicas, estéticas y culturales. Hay entrevistas a quienes participaron de su concepción y desarrollo original, su comercialización y sus inevitables versiones en diversas plataformas, incluyendo los llamados remakes, algunos de los cuales, libres de limitaciones tecnológicas, extienden las posibilidades y alcances de su primera encarnación.

Los apartados técnicos, en particular, son una delicia para los que conocimos el juego en su tiempo, especialmente si consideramos cuanto lograron realizar los programadores en una arquitectura de 8 bits y acaso 128Kbytes de memoria: maravilla y asombro, cuando no pasmo e incredulidad; si vistos desde este presente, máxime en aquel entonces.

¿Es este un libro para todo público? Definitivamente no.

Fuera de la afición o la nostalgia, este texto es de interés sólamente para quienes quieran tener una formación cabal y completa de la aún incipiente historia de los videojuegos, siendo como trata de una obra específica: un videjouego destacable, es verdad, sobresaliente en su originalidad y características técnicas (para su momento)... pero sólo un caso individual, a la postre: uno de no pocos títulos destacables que forman parte de la dicha historia.

Por otra parte, en cuanto a obra de ensayo es imperfecta, pues da mayor énfasis a algunos temas en desmedro de otros no menos importantes para entender cabalmente "La abadía", tanto en su propio contexto temporal como en su trascendencia para el corpus general de los videojuegos...

...lo que en definitiva poco y nada importan a quien esto escribe y quiero pensar que ocurre lo mismo a la mayoría de mis lectores. Si quisiera comentar u abordar en este blog sólo lo imperecedero en las letras, no haría ningún aporte personal u original a lo que seguramente se ha hecho y se seguirá haciendo en materia de crítica o análisis literarios, ya sea en lo académico o periodístico. Con todas sus imperfecciones y defectos, este blog es una expresión de lo que soy como lector (y en mi propia medida, como autor): está hecho según mis intereses, entendimiento, experiencia y tiempo libre; quien desee buscar mejor provecho literario o literatura "seria" tiene sin duda incontables alternativas para ello, a cuál más árida o impersonal.

No es el caso de este blog y tampoco del libro que nos ocupa, ambos escritos desde el gusto y el entusiasmo por algo que puede parecer pequeño en el gran concierto del mundo creativo, pero que en su propia individualidad tienen un valor único.

Invito entonces a la lectura de "Obseqium" a todos quienes guardan algún recuerdo grato de los tiempos que vieron nacer "La abadía" o a quienes pueden aun maravillarse con el proceso creativo, con sus falencias, miserias y sombras, sí; pero sobre todo con sus luces, gozo y esplendor, que sólo quien se arriesga a crear algo llega a conocer.

Al resto, en cambio, los que prefieran la forma al fondo y el análisis frío e impersonal a la vivencia y el goce de las cosas, o aquellos que prefieran la crítica a la creación, imagínense (si pueden) a qué los invito...

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes del Siglo de Oro: nada nuevo bajo el sol

Pese a tener bastante material pendiente o disponible para leer, de vez en cuando tiendo a volver a algunos libros que dejaron impresión honda o de los que gusto mucho. Es el caso de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrita por el novelista español Arturo Pérez-Reverte.

Esta segunda lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la serie, me ha permitido fijarme en algunos detalles más bien sociológicos observados en ese Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español, que paso a compartir con ustedes:

  • Las gentes, en vez de tweets, escribía poemas anónimos que luego circulaban según si eran certeros o de calidad.
  • El toreo era una fiesta universal: para todos y todas.
  • En general, el pueblo llano era pobre, generoso, honesto, trabajador y leal; en su mayoría, la nobleza, las autoridades (Iglesia y Estado) y la burocracia... no.
  • La mujer era libre de respirar... y poco más.
  • Al soldado, en activo o veterano retirado, rico o sobretodo pobre, su honra le valía la vida.
  • Los artistas de renombre, especialmente en las letras, eran venerados, queridos y respetados por las gentes.
  • Los artistas, entre sí, en público y en privado, alternaban la admiración y el respeto con la envidia y el escarnio; para los medios de comunicación, véase el primer apunte.
  • Las autoridades comerciaban, acordaban, traicionaban y robaban; discretamente o a plena vista, según les plugía.
Como podrán observar "vuestras mercedes" en algunas cosas nuestras sociedades han mejorado... y en otras no tanto: puedo asegurar que cualquiera de ustedes podrá, sin demasiado esfuerzo, encontrar ejemplos en la contingencia reciente de su país que caen en alguno de estos apuntes.

La naturaleza humana y nuestras instituciones, ya se ve, siguen siendo más o menos las mismas y los cambios (que los hay) avanzan más bien lento.

Espero escribirles pronto con un tema algo más festivo que esta constatación de que, mirando la historia, cuesta encontrar algo nuevo bajo el sol...


lunes, 31 de mayo de 2010

La Pajita Más Corta

Oficina del Guardia en Jefe, Nivel Superior de la Pirámide, 3 A.M.

Se restregó los ojos por quinta vez en la última hora.

El sueño estaba empezando a hacer mella en su concentración, pero no podía permitirse el sueño aun: había que terminar con las asignaciones del día de mañana, y era su responsabilidad, como jefe de la Guardia, el tenerlas listas para distribuirlas a primera hora... dentro de poco más de tres horas.

Su responsabilidad.

Después de todas las idioteces que había hecho para ser relegado a este nivel de la Pirámide...

Considerando lo que había hecho desde entonces, su "comportamiento ejemplar"...

Sabiendo todo lo que le faltaba por hacer para que tal vez lo dejaran bajar de vuelta allá abajo, donde seguiría teniendo pesadas cargas durante el resto de su vida, siempre bajo sospecha...

Mientras más lo pensaba, más se convencía de que todo empezaba y terminaba justamente en eso: las responsabilidades que todo el mundo tenía en la Pirámide, las que alguna vez descuidó y que ahora se esforzaba por recuperar.

Bueno, eso y la libertad, con sus limitaciones, pero libertad al fin y al cabo, de la vida allá abajo: poder trabajar, comer y dormir en horarios normales... y no tener que estar hasta vaya uno a saber qué hora con estas tristes y aburridas planillas de todos los días:

"Asignación de Turnos de Trabajo"

"Revisiones de Desempeño"


"Solicitudes de Aprovisionamiento"


y diez más como ésa. Selló con un timbre la penúltima planilla y tomó la última... la más desagradable de todas, aunque entendía perfectamente su necesidad.

"Asignación de Expedición de Forrajeo"

Nunca tuvo que participar en alguna ("buen comportamiento" y todo eso), pero sabía que los demás prisioneros las veían como una forma de castigo severo; no pocos, al despertar en las celdas de salida, habían preferido suicidarse antes que salir Afuera.

Considerando las historias que contaban los que volvían, Afuera no era agradable. De hecho, salvo los casos irremediables, después de su primera Salida, los prisioneros se volvían casi irreconociblemente dóciles y colaboradores.

Salvo los casos irremediables. A esos, se los hacía Salir hasta que sencillamente no volvían más... lo que siempre pasaba, más temprano que tarde.

Justamente, el último "irremediable" había tenido el mal gusto de no regresar ayer, así que había que escoger a otro desgraciado para que tomara su lugar... y en esta ocasión, ya tenía visto el candidato hace semanas: violento, irrespetuoso, insensible, un patán y cabrón hijo de...

Tuvo que serenarse. Él mismo alguna vez fue un prisionero y solo su "buen comportamiento" le permitió llegar a donde estaba ahora... donde podía aspirar a tener alguna esperanza de volver abajo.

Para este otro, en cambio, ahora solo había una salida: Afuera.

Selló la planilla, la puso con las demás en el ducto de mensajes y apagó, por fin, la luz. Su cama, dura como una piedra, le resultó comodísima y la oscuridad absoluta, un arrullo...

--- o ---

Este relato fue creado para la publicación de mi relato interactivo "Afuera", por lo que continúa aquí.

sábado, 4 de julio de 2009

The World Without Us

En esta ocasión comentaré el ensayo "El mundo sin nosotros" (The World Without Us) del periodista Alan Weisman.

Con un enfoque extraordinariamente objetivo, el autor disecta el efecto generalmente nocivo que a ha tenido, especialmente desde fines del siglo XIX, nuestra presencia, actividades y desechos en la vida, el clima y los ecosistemas en general de prácticamente todo el planeta.

Los ejemplos abundan: desechos plásticos desmenuzándose en el océano y las playas (algunos, encontrados hasta en peces y plancton), floraciones de químicos (radiactivos o no) pese a medidas de contención o en su ausencia, sobrecarga de la atmósfera con nuestros desechos industriales y su efecto en el clima, extinción de especies animales y vegetales por el uso y abuso de suelos para la agricultura y la habitación...

La lista es larga, y probablemente ya han escuchado, visto y leído sobre esto más de una vez, lamentablemente. El autor documenta con fría precisión cada uno de estos temas, para luego, en cada caso, mostrarnos cuánto tiempo le tomaría a la naturaleza revertir nuestras acciones si sencillamente dejáramos de hacerlas. Asimismo, se entretiene en mostrar cuánto tiempo le toma a la naturaleza consumir nuestra civilización y sus obras: de las más cotidianas a las más monumentales. A título anecdótico, lo único que nos sobrevive, en la escala geológica de las cosas, es el Monte Rushmore ...y nuestros desechos plásticos.

Por supuesto, el autor muestra esfuerzos de muchas personas, que lejos de hacerse a un lado o ignorar estos problemas, trabajan activamente por revertirlos... pero que claramente son una minoría. Sugiere, como medida primaria, un control de población mucho más astringente y severo (1 hijo por mujer durante al menos cien años), para disminuir nuestra demanda de recursos y espacio, y dejar así a la naturaleza recuperar sus fueros sin perder necesariamente nuestro lugar.

El hecho es que, como este y otros autores han señalado, si no sabemos convivir con nosotros y nuestro ambiente, algún día correremos el riesgo de extinguirnos.

Y la vida seguirá, por supuesto.

Pero en un mundo sin nosotros.

lunes, 16 de junio de 2008

Rakhat o Cómo Pavimentar el Camino al Infierno

En esta ocasión, comentaré el libro "Rakhat" ("The Sparrow") de Mary Doria Russell.

En principio, la novela relata la misión de Primer Contacto al planeta Rakhat, realizada por la Compañía de Jesús. El relato está situado después del regreso del único superviviente de la misión, el sacerdote y lingüista Emilio Sandoz, por lo que de antemano sabemos que la misión fue desastrosa.

La narración corre a la par con la reconstrucción física y moral (pero no espiritual) del sacerdote, por lo que, flashbacks de por medio, vamos conociendo poco a poco a los demás compañeros de viaje y el periplo en sí.

Sin embargo, y sobre todo en la medida que la misión comienza a desarrollarse en el suelo rajatí, comenzamos a lidiar con el verdadero fondo de esta obra, que de ciencia ficción tiene apenas una superficie.

Y el quid es mucho más importante y trascendente: es el clásico Problema del Mal; la existencia de un Dios benevolente y omnipotente que crea un universo donde el mal no sólo es posible sino que es operativo y puede ser sistemático o casual cuando no involuntariamente causal, a pesar de las loables intenciones que motivan la misión de contacto.

Muchos de los asiduos a la serie Star Trek argüirían que lo que cabe hacer en estos casos es aplicar la "Directiva Primaria" y mantenerse al margen de toda influencia foranea ante una cultura en formación... pero, y eso la autora lo deja claro hasta el hartazgo, las cosas en la realidad son algo más complicadas que en una serie de T.V. Sirva también de referencia nuestra propia historia continental: colonizaciones, esclavismo, encomiendas y demás experiencias derivadas de un Primer Contacto que (se dice) también tenía buenas intenciones...

Yo, por cierto, tengo mi propia respuesta al famoso Problema del Mal, intuida y comprobada (ya en mi infancia, qué le vamos a hacer) a partir de los temas de libre albedrío, naturaleza humana y nuestra realidad material: puede que sea una mala mezcla para una explicación teológicamente purista, pero...

...aplica perfectamente en nuestro mundo, pasado y presente ¿saben?

Y ¡qué coincidencia! en Rakhat también aplica; y cómo.

Estupendo relato de no tan ciencia-ficción, especialmente recomendado para quienes ya saben que si la Vida No Es Justa, no es culpa de la Vida (o de Dios) sino de nosotros, que podemos y no siempre queremos hacer justicia. Como siempre, el libro está disponible vía comentarios en del post para aquellos con problemas de acce$o a los libros.

¡Ah, por cierto! Los que han notado algo de aleccionamiento moral en este post, no se sorprendan: era en efecto mi intención, y probablemente también la de la autora de "Rakhat".

jueves, 11 de octubre de 2007

Roma Sub Rosa

Continuando con las reseñas literarias, en esta ocasión le toca el turno a la serie Roma Sub Rosa, de Steven Saylor.

Ambientada entre los últimos años de la República y los primeros años del Imperio, la serie narra los casos detectivescos de Gordiano, apodado El Sabueso, que de una u otra manera se ve involucrado con grandes personajes y sucesos de la Roma Antigua: Cicero y sus primeros casos legales, la rebelión de los esclavos liderada por Espartaco, la conjura de Catilina, el lento ascenso y tragedia de Julio César y muchos otros: Sulla, Marco Craso, Catulo, Pompeyo ...

Siendo novelas de misterio policíaco, su ambientación histórica y la caracterización de sus personajes han sido ampliamente reconocidas por su rigurosidad y autenticidad; no sirve en verdad para estudiar historia, pero la perspectiva personal de Giordano, su escepticismo y sus reflexiones sobre el destino de Roma, contemplando desde los hechos más encumbrados a las tropelías más bajas, son refrescantes.

Historia nuntia vetustatis: la historia es la mensajera del pasado... pero ¿quién escucha el mensaje? A mí, al menos, la lectura sobre Roma Antigua (su historia, su derecho) me ha servido para constatar hasta qué punto no hay nada nuevo bajo el sol, 2.000 años más tarde, ya sea en política, moral, economía, educación y todos esos temas con que la autoridad de turno trata de vendernos su versión del progreso...

Recomiendo la lectura de esta serie tanto a los que gusten de las novelas policíacas como a los entusiastas de la historia en general y de Roma Antigua en particular. Son novelas fáciles de conseguir, incluyendo ediciones traducidas al Español: una vez más, interesados con problemas para conseguirlaa (por ejemplo, si viven en Chile y la disyuntiva es comprar libros o comer y vestirse...), contactarme en los comentarios de este post.

P.D. A los cristianos esto de "2.000 años más tarde" puede no gustarnos mucho pero, ya que viene al caso, recuerden que Lata culpa est nimia negligentia, id est non intelligere quod omnes intelligunt, que además Magister est prioris posterior dies y que, por último Lex non est imponenda aliis ab eo qui ipsam negligit observare (no traduzco, vean aquí... y saquen sus propias conclusiones, cristianos o no, sobre el progreso del hombre).