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viernes, 27 de marzo de 2026

La Caverna del Tiempo: un viaje al comienzo de mi historia de los librojuegos

Si bien en este blog los libro juegos están más bien presentes, noto que he comentado muy al paso cómo llegué yo a este paticular género literario.

Lo cierto es que bastante antes de "Lobo Solitario" yo ya estaba familiarizado con este tipo de libros, gracias a un trabajo seminal del género: "La caverna del tiempo" ("The Cave of Time") del autor norteamericano Edward Packard y que forma parte de la serie "Elige tu propia aventura" ("Choose your Own Adventure"), también imprescindible si se quiere entender la historia de este tipo de literatura como fenómeno masivo.

Haciendo memoria, estaba en mi preadolescencia y procuraba de alternar la lectura obligatoria escolar con cosas más de mi gusto, que no tuvieran ningún fin práctico más allá de una distracción o puro entretenimiento.

Que la lectura (o la literatura) pudiera además ser un juego, no se me había cruzado por la cabeza... hasta entonces.

Ya de entrada, el libro prometía no poco:

Te has perdido en una extraña cueva, tenuemente iluminada. Gradualmente empiezas a distinguir dos túneles. Uno de ellos, el de la derecha, forma una curva hacia abajo. El otro sube en pendiente hacia la izquierda.

Piensas que el que desciende puede conducir al pasado y el que sube al futuro. Si tomas el túnel de la izquierda, pasa a la página 20. Si tomas el túnel de la derecha, pasa a la página 61. Si vuelves a salir de la cueva, pasa a la página 21.

¿Qué sucede a continuación? Todo depende de tu elección. ¿Cómo finaliza la aventura? ¡Sólo tú puedes averiguarlo! Y lo mejor es que puedes seguir leyendo y vivir no una, sino muchas aventuras increíbles.

Me puse pues a ello y comencé a recorrer los distintos caminos que ofrecía el libro, tratando de ver cuántos de esos ¡40! posibles finales podía alcanzar a leer y qué tan "buenos" o "malos" podían ser. Me costaba no poco dejar la lectura, que tenía una buena dosis de humor, aunque en general era de un estilo más bien simple. Que algunas secuencias generadas por mis decisiones carecieran de un hilo argumental razonable no podía importarme menos, pues "La caverna..." tenía algo que, pese a mis poco años, era raro de encontrar en mis lecturas habituales: maravilla y sorpresa.

Y es que los clásicos literarios que eran de "lecturas forzosas"  en mi etapa escolar podrían haber estado muy bien escritos, con una progresión narrativa excelente y una estructura argumental impecable...

...pero a ratos resultaban sosos, escazos de gracia, brillo o chispa; sin ninguna sorpresa y ausentes de toda maravilla.

El tiempo y la lectura de otras obras, dentro y fuera de la colección "Elige tu propia aventura", me permitirían ver los ripios y hasta fallos de "La caverna...", tanto en lo literario como en lo interactivo; nada de eso me impidió disfrutar entonces con su lectura, la que luego dió paso, como digo, a "Lobo Solitario", los juegos de rol y, a la postre, mi propia autoría de aventuras conversacionales.

No es mucho más, este breve recuerdo y homenaje a una obra sencilla pero contundente, de la que guardo grato recuerdo: como lector pero especialmente como creador de ficción interactiva.

viernes, 24 de febrero de 2023

El talento de Mr. Ripley: ser o no ser

En esta oportunidad comentaré la novela "El talento de Mr. Ripley" ("The Talented Mr. Ripley"), primero de una serie de libros sobre Tom Ripley, escritos por la autora estadounidense Patricia Highsmith.

Al inicio del relato, Tom ha estado mal viviendo en Nueva York, entre trabajos breves y trapicheos varios, después de una infancia y adolescencia más bien desdichada en Boston: un huérfano allegado de su mezquina y más bien odiosa tía Dottie.

En la ciudad las cosas no van demasiado bien para Ripley hasta que, por un equívoco, el magnate naviero Herbert Greenleaf lo confunde con un compañero de estudios en Princeton de su hijo Richard, "Dickie" para sus amigos. Hete aquí que el señor Greenleaf ve con desesperación la vida disipada de su hijo en Italia y le pide ayuda a Tom para convencerlo de volver y hacerse cargo del negocio familiar.

La posibilidad de viajar a Europa, gastos a cargo de la fortuna Greenleaf, le parece a Tom una ocasión inmejorable para salir de su situación y construir, lejos de todo, un mejor y sobre todo más cómodo futuro.

Arrivando al pueblito de Mongibello, Ripley no tarda en insinuarse en la vida de "Dickie" y su amiga Marge, encandilado con el estilo de vida lujoso, epicúreo y ocioso de ese círculo social al que sabe que no pertenece...

..aún; Tom tiene bastante experiencia en ganarse la confianza de los demás para luego estafarlos, cosa que hacía a escala pequeña y mezquina en Nueva York. Es en procura de alejarse de su pasado, irónicamente, cuando despliega y acrecienta sus habilidades hasta límites insospechados, con el único norte de compartir y pronto hacerse de todo lo que el heredero Greenleaf posee.

En efecto, simular para engañar (a los demás y a sí mismo) es el talento de Tom Ripley, y él mismo lo confiesa en acaso el único momento honesto del personaje en todo el libro:

Dickie se sentó en un sillón de mimbre, con las piernas colgándole por encima de uno de los brazos.

–¡Cuéntame más cosas! – dijo sonriendo-. ¿A qué clase de trabajo te dedicas? Dijiste que tal vez buscarías un empleo.

–¿Por qué lo dices? ¿Es que tienes algo para mí?

–Me temo que no.

–Pues, puedo hacer varias cosas… de mayordomo, cuidar niños, llevar una contabilidad… Por desgracia tengo aptitud para los números. Por borracho que esté, siempre me doy cuenta cuando el camarero intenta estafarme. Sé falsificar firmas, pilotar un helicóptero, defenderme con los dados en la mano, hacerme pasar prácticamente por cualquier otra persona, cocinar… y montar un espectáculo para mí solo en un club nocturno cuando el animador de la casa está enfermo. ¿Hace falta que siga?

Tom tenía el cuerpo inclinado hacia adelante e iba contando sus habilidades con los dedos. No le hubiera resultado difícil seguir nombrándolas.

Hasta dónde está dispuesto a llegar Ripley en pos de sus objetivos y cómo resolverá los obstáculos que tenga por delante forman la parte central de este relato y evitaré revelarlo aquí.

Puedo decir, sí, que es una lectura envolvente y amena, con un ritmo suave, centrado en un excelente despliegue de caracterización de personajes, entre ellos ninguno como Tom, protagonista insalubre donde se los haya visto y sin embargo fascinante e irresistible, como quienes se topan con él podrán descubrir, más pronto o más tarde.

Las "aventuras" de Tom no terminan al final del libro y quienes lo deseen podrán asomarse a otros cuatro episodios de la vida de Ripley, para observar la creciente madurez y maestría de su modus operandi (cuando no vivendi).

Para quienes gustan de la novela de suspenso o bien el relato psicológico, hay pocos libros mejores que éste o los que le suceden y su lectura es grata de principio a fin... siempre y cuando uno no se cuestione demasiado por qué nos gusta tanto ver cómo hace Tom Ripley en esto de ser o no ser.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Confucio: de la sabiduría a la armonía

Descubro que este año he escrito muy pocas reseñas literarias o artículos sobre "literatura y letras en general" como reza en el encabezado de la página del blog: el dinamismo de la escena de la aventura conversacional y mi intento de reflejar eso en el blog ha dado lugar a una cierta desproporción de lo aventurero frente a lo literario, que no es en sí una mala cosa, pero que sin duda ha cambiado el tono de este blog.

No pretendo que la parte literaria del blog será de pronto más abundante meramente para balancear contenidos, pero la verdad es que, al menos en este 2022, es un aspecto que ha estado algo ausente.

Precisamente en busca de un poco más de equilibrio, traigo a relación en esta reseña la obra y enseñanzas de Confucio, celebrado pensador y filósofo chino. Si bien su vida fue más bien discreta, alternando entre trabajos de maestro, funcionario público menor y carpintero, su más importante legado es su trabajo de compilación y síntesis de las tradiciones de sabiduría de su país, ya que él mismo nunca pretendió ser el autor original de nada de cuanto profesó.

El confucianismo, cuyo valor y relevancia no desaparecen a más de 2.500 años de  la muerte de su autor, es una filosofía espiritual que, aunque no siempre se practica como religión, tiene de hecho muchos seguidores o cultores de algunos de sus aspectos escenciales, cuyo fin último es lograr la armonía personal y social a partir del cuidado de las relaciones humanas... que se dice pronto.

Su principal obra publicada, las llamadas Analectas, es singularmente breve pero, como suele ocurrir con las obras maestras, de una sencillez y profundidad pasmosa: se trata de máximas y conversaciones de Confucio con sus discípulos en las que expone esos principios básicos que permiten ordenar y mantener las interacciones entre personas, siempre bajo la idea base de que en cualquier relación humana la parte superior tiene la obligación de protección y el rol inferior, de lealtad y respeto. Se atribuyen también a Confucio y sus discípulos los Cinco Clásicos, libros póstumos de recopilación doctrinaria del pensamiento del maestro.

Sería vano tratar de reunir en un sólo artículo una parte razonable del confucianismo, por lo que dejaré aquí algunas muestras que, por cuestiones personales y de contingencia, a mí me han hecho particular sentido:

  • Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso
  • Cuando alguien pone el dedo en la llaga, sólo los necios piensan que lo importante es el dedo
  • Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo
  • Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y tendida la mano
  • Donde hay educación, no hay distinción de clases
  • Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío
  • El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor
  • El silencio es un amigo que jamás traiciona
  • En un país bien gobernado, la pobreza es algo que avergüenza. En un país mal gobernado, la riqueza es algo que avergüenza
  • La mayor gloria no es permanecer de pie, sino levantarse cada vez que se cae
  • La pereza camina tan lentamente que no ha de esforzarse mucho la pobreza para alcanzarla
  • No hay cosa más fría que un consejo cuya aplicación sea imposible
  • No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino
  • No todos los hombres pueden ser ilustres, pero todos pueden ser buenos hombres
  • Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón
  • Si el hombre no tiene costumbre de preguntar, yo no puedo hacer nada por él
  • Trabaja en impedir delitos para no necesitar castigos

No es más, esta modesta y leve ojeada al pensamiento de Confucio. Dejo al lector la posibilidad de ahondar más en esta filosofía, especialmente en estos tiempos en que un poco más de armonía social no nos vendría mal...

domingo, 21 de marzo de 2021

Obseqium: el diamante de la Edad de Oro del videojuego español

Continuando con la temática aventurera y de videojuegos, ahora revisaré el libro "Obseqium: Un relato cultural, tecnológico y emocional de la Abadía del Crímen", perteneciente a la serie "Ocho Quilates" del autor español Jaume Esteve Gutiérrez (y otros).

Para empezar, digamos que dado un recuerdo que consideramos importante en nuestras vidas, esa memoria estará conformada obligadamente en torno a uno o más elementos concretos e imprescindibles para ese recuerdo.

En mi caso, uno de esos recuerdos y una parte de mi vivencia de la adolescencia están vinculados al computador Sinclair Spectrum y a los videojuegos de lo que luego se conoció como la Edad de Oro del videojuego español, revisada anteriormente en este blog.

Dicho eso, más allá de cualquier gusto personal, "La abadía del crímen", creada por Paco Menéndez y Juan Delcán, ocupa un lugar único y casi mítico en ese pequeño universo de videjouegos.

Brevemente, "La abadía" es un videojuego de aventuras y misterio que se inspiró en "El nombre de la rosa" del autor italiano Umberto Eco. Para mayor detalle, citaremos el artículo que Wikipedia dedica al tema:

La abadía del crimen es una videoaventura, donde un fraile franciscano, Guillermo de Occam (Guillermo de Baskerville en el libro) y el joven novicio Adso tienen que descubrir al autor de una serie de asesinatos que suceden en una abadía situada en la península itálica durante el siglo XIV.

Famoso por su complejidad y dificultad, el juego se desarrolla en siete días en los que es necesario realizar las labores de un monje de aquella época​, mientras en los ratos libres se debe realizar la investigación por la laberíntica abadía. Guillermo debe cumplir en todo momento las órdenes del abad, particularmente asistir a misa y al comedor cuando suena la campana, así como seguirle cuando se lo pida. Otra de las órdenes más tajantes es no salir de su celda por la noche, sin embargo esto es necesario para avanzar en la investigación y Guillermo tendrá que burlar la vigilancia del abad y evitar ser descubierto.

Las desobediencias leves harán bajar una barra llamada obsequium («obediencia», «disciplina» o «lealtad», en latín). Gastar esta barra o realizar una desobediencia grave (faltar a misa o la comida, o ser pillado de noche por el abad) supondrán la expulsión de la abadía, y con ello el final de la partida.

El libro que nos ocupa es a la vez un estudio y un homenaje a este videjouego, abordado desde múltiples perspectivas: técnicas, tecnológicas, estéticas y culturales. Hay entrevistas a quienes participaron de su concepción y desarrollo original, su comercialización y sus inevitables versiones en diversas plataformas, incluyendo los llamados remakes, algunos de los cuales, libres de limitaciones tecnológicas, extienden las posibilidades y alcances de su primera encarnación.

Los apartados técnicos, en particular, son una delicia para los que conocimos el juego en su tiempo, especialmente si consideramos cuanto lograron realizar los programadores en una arquitectura de 8 bits y acaso 128Kbytes de memoria: maravilla y asombro, cuando no pasmo e incredulidad; si vistos desde este presente, máxime en aquel entonces.

¿Es este un libro para todo público? Definitivamente no.

Fuera de la afición o la nostalgia, este texto es de interés sólamente para quienes quieran tener una formación cabal y completa de la aún incipiente historia de los videojuegos, siendo como trata de una obra específica: un videjouego destacable, es verdad, sobresaliente en su originalidad y características técnicas (para su momento)... pero sólo un caso individual, a la postre: uno de no pocos títulos destacables que forman parte de la dicha historia.

Por otra parte, en cuanto a obra de ensayo es imperfecta, pues da mayor énfasis a algunos temas en desmedro de otros no menos importantes para entender cabalmente "La abadía", tanto en su propio contexto temporal como en su trascendencia para el corpus general de los videojuegos...

...lo que en definitiva poco y nada importan a quien esto escribe y quiero pensar que ocurre lo mismo a la mayoría de mis lectores. Si quisiera comentar u abordar en este blog sólo lo imperecedero en las letras, no haría ningún aporte personal u original a lo que seguramente se ha hecho y se seguirá haciendo en materia de crítica o análisis literarios, ya sea en lo académico o periodístico. Con todas sus imperfecciones y defectos, este blog es una expresión de lo que soy como lector (y en mi propia medida, como autor): está hecho según mis intereses, entendimiento, experiencia y tiempo libre; quien desee buscar mejor provecho literario o literatura "seria" tiene sin duda incontables alternativas para ello, a cuál más árida o impersonal.

No es el caso de este blog y tampoco del libro que nos ocupa, ambos escritos desde el gusto y el entusiasmo por algo que puede parecer pequeño en el gran concierto del mundo creativo, pero que en su propia individualidad tienen un valor único.

Invito entonces a la lectura de "Obseqium" a todos quienes guardan algún recuerdo grato de los tiempos que vieron nacer "La abadía" o a quienes pueden aun maravillarse con el proceso creativo, con sus falencias, miserias y sombras, sí; pero sobre todo con sus luces, gozo y esplendor, que sólo quien se arriesga a crear algo llega a conocer.

Al resto, en cambio, los que prefieran la forma al fondo y el análisis frío e impersonal a la vivencia y el goce de las cosas, o aquellos que prefieran la crítica a la creación, imagínense (si pueden) a qué los invito...

domingo, 4 de marzo de 2018

Starship Troopers: si vis pacem, para bellum

Continuando con mis sección de relatos clásicos de la ciencia ficción, en esta ocasión comentaré la novela "Tropas Espaciales" (Starship Troopers) del escritor estadounidense Robert A. Heinlein.

El relato sigue las peripecias de John "Johnnie" Rico, que se ha enrolado en la infantería móvil de la Federación.

Cabe aquí describir algunos aspectos de la sociedad en que vive (con perdón a los puristas, en adelante) "Yoni":

  • La sociedad está dividida en estamentos militares y, bueno, no militares.
  • Mientras está en servicio, el personal militar no tiene derecho a voto.
  • Una vez concluida su participación militar, la persona obtiene el derecho a voto: se ha ganado (y a pulso, vamos) su ciudadanía.
  • El resto de las personas que aun no han cumplido con este requisitos son "meramente" civiles: con ciertos derechos... pero no el derecho a voto.
¿Curioso, no? Para "Yoni", en cambio, este es el ethos de su sociedad y ha sido educado según eso y un par de preceptos más bien básicos:

  • Nada tiene valor si no se obtiene con esfuerzo
  • Una persona puede asumir responsabilidades (y los derechos asociados) sólo en la medida de que puede responder por ello.
"Yoni" tendrá ocasión de reflexionar (y vivir en carne propia) todo eso mientras cumple con su servicio militar (estrictamente voluntario). El proceso es sumamente arduo (física y psicológicamente) pero esta adversidad hará madurar a "Yoni" y le imbuirán al mismo tiempo ese inefable esprit de corps con el que sólo cuenta un ejército verdaderamente profesional.

El periplo de "Yoni" no termina pronto, pues durante su instrucción se ha declarado la guerra con una especie extraterrestre de insectos tanto o más territoriales que los seres humanos. Deberá, pues, participar en el conflicto y asumir, según su madurez se lo permite, mayores compromisos y responsabilidades: "Yoni" decide participar en el programa de formación de oficiales para aprender (entre otras cosas) a hacerse cargo de más vidas que la suya propia.

Y vivir con las consecuencias.

A lo largo de la narración, el autor se ocupa en exponer y reflexionar sobre aspectos cruciales de la vida en sociedades civilizadas, incluyendo, además de lo arriba expuesto, temas más bien peliagudos como la pena capital y la delincuencia juvenil.

¿Estamos frente a una apología de las ideas del autor? Sin duda alguna, y pese a los premios que este relato ha recibido, esta es merecidamente la obra más controversial del autor, si  no de la ciencia ficción del siglo XX.

Porque, en definitiva, la sociedad descrita en la novela podría ser llamada una utopía militar o una distopía civil, según el punto de vista... ¿o no?

Esta novela es absolutamente recomendable para toda clase de público (excepto infantil). Si el lector, por otra parte, no está de acuerdo con el "par de preceptos más bien básicos" arriba descritos, entonces la lectura de esta novela se vuelve casi obligatoria, si no urgente...

jueves, 13 de octubre de 2016

Watership Down: cuestión de perspectiva

Ya que estamos en esto ;-) ahora comentaré la novela "La colina de Watership" ("Watership Down") del autor inglés Richard Adams.

En este relato de fantasía el autor nos sitúa en la piel (y no es una expresión) de un grupo de conejos de la Inglaterra rural de mediados de siglo XX. Uno de ellos, con habilidades de clarividencia manifiestas, ha vislumbrado un fin funesto para su madriguera. Como no logran convencer a sus jefes locales, un grupo de conejos decide emprender un éxodo en busca de un mejor lugar para vivir.

Asistiremos en la narración a las peripecias y avatares del progreso de esta pequeña banda, según avanzan por el descampado y alguna que otra granja, enfrentándose una y otra vez a los pequeños y grandes peligros que son el pan de cada día de los conejos desde que el mundo es mundo: depredadores (salvajes y domésticos), los azares del clima y el propio ser humano, cuya civilización y en particular su agricultura suponen una fuente inacabable de tentaciones y peligros para estos animales.

Es uno de los aportes más fascinantes y extraños al lector el hecho de que los conejos de otras madrigueras representarán a la postre uno de los mayores obstáculos a superar, pues los conejos (y esto no es ficción) viven en "sociedades" tan diversas como formas de sobrevivir existen; algunas pastoriles y bucólicas... y otras no tanto. Serán estos otros conejos los que supondrán la peor y más despiadada competencia en este periplo al nuevo hogar, por el sencillo y universal motivo que es fuente de tanto conflicto: tienen las mismas necesidades, aunque diferentes maneras de satisfacerlas.

Todo esto se narra, por cierto, desde la perspectiva personal de los conejos y pronto el lector se ve sumerjido en su mundo: pequeño y a la vez vasto, sencillo pero también lleno de complicaciones, simple en sus aspectos vivenciales pero asimismo lleno de pequeñas sutilezas.

Es precisamente ese punto de vista el que atrae y atrapa, pese a lo aparentemente simple del planteamiento: viñetas de la vida de unos "conejitos".

Pese a que esta novela fue concebida para público infantil, es una lectura absolutamente recomendable para cualquiera que, mediante la lectura, quiera asomarse a otras realidades, especialmente cuando el pasto del vecino parece ser más verde...


miércoles, 4 de febrero de 2015

El misterio de Salem's Lot: pueblo chico...

El autor estadounidense Stephen King es parte inevitable de la escena literaria moderna, máxime si se trata de literatura de horror. Como es habitual en autores de copiosa y asaz abundante producción, hay obras que sobresalen del resto, como es el caso de la que paso a reseñar.

La novela "El misterio de Salem's Lot" (Salem's Lot) transcurre en Jerusalem's Lot, un típico pueblito tranquilo de Maine. El principio del relato sitúa a Ben Mears, autor literario de éxito incipiente, regresando al hogar de su infancia y buscando, entre sus recuerdos de niño y las vistas e historias de la localidad, la inspiración para una novela.

Ben conocerá a otras personas del pueblo con las que trabará amistad (o algo más) mientras investiga la Casa Marsten, una propiedad abandonada y de luctuosa memoria en la historia del pueblo... y en una aterradora experiencia infantil del propio Ben.

Pero la Casa Marsten ya no está deshabitada: ahora tiene nuevos inquilinos... y pronto en el pueblo comienzan a suceder desapariciones sin explicación aparente.

Pronto, las indagaciones de Ben y sus amigos los llevarán de regreso a la Casa Marsten: su pasado tenebroso, la oscuridad de su presente... y las tinieblas en que se mueven sus nuevos habitantes.

Sin revelar más detalles de la trama, Stephen King desarrolla aquí su probado talento en plantear situaciones, lugares y vivencias simples, cotidianas y hasta bucólicas, pero con trasfondos ominosos, tanto cuanto la narración avanza y los propios personajes se dan cuenta (y dan cuenta) de cómo los hechos los envuelven... y atrapan.

"El misterio de Salem's Lot" pronto envuelve, también, al lector. Es una lectura fácil y rápida: no por la longitud del relato (no es una novela corta, vaya) sino por la amena prosa del autor y porque el tema atrapa y devora (guiño - guiño, je je, :-P).

Lectura muy recomendable, sobre todo si quieren saber hasta qué punto es cierto que "pueblo chico, infierno grande"...

domingo, 8 de julio de 2012

Crónicas marcianas: la ciencia ficción como denuncia y poesía

Concluida mi lectura de "Crónicas marcianas" (The Martian Chronicles) de Ray Bradbury he refrescado mis recuerdos de este pedazo de la historia de la literatura de la ciencia ficción. Por cierto: esta reseña estaba lista hace 3 meses, pero por tonterías de mi editor de blogger para android  no la publiqué correctamente.

Bradbury nunca fue un escritor de ciencia ficción "dura" o "pura", ni mucho menos de largas novelas. Lo suyo eran los cuentos cortos, con algunos elementos de sci-fi y mucho más argumento, sentimiento y cierta sensibilidad que en general suele estar ausente del género.

"Crónicas marcianas" es un ejemplo perfecto de todo ello.

Estructurado en 3 ciclos de relatos, con poca o ninguna continuidad de personajes, asistimos a la colonización terrestre del planeta Marte, con las habituales estupideces humanas de tales emprendimientos, que el autor retrata con un humor que a veces llega a ser despiadado.

Veremos así primero la decadencia de la cultura marciana: una civilización muy tenuemente tecnológica y pacífica (pero no pasiva) y que acabará diezmada primero y arrasada luego por la ambición humana.

Luego, en etapas posteriores de la colonización, podremos disfrutar (o no) con las viscitudes de los colonos, tan entusiastas, desencaminados y a veces afortunados como llegan a serlo personas que tratan de crear o re crear espacios y vivencias propias... en un lugar tan ajeno como puede serlo Marte.

Por último, como la Tierra está en problemas que de ciencia ficción tienen muy poco (por desgracia), los colonos abandonan Marte y el planeta rojo queda sumido en un silencio casi absoluto.
En medio de esta tranquilidad comienzan a escucharse unas tenues notas de cordura y locura que terminan con el relato pero no con su historia...

Pocos libros me han dejado una impresión tan nítida de los límites y limitaciones de nuestro así llamado "progreso tecnológico", especialmente cuando ese progreso tiene mucho más de material y minoritario que otra cosa. Conservo de su lectura un sano escepticismo a las soluciones "mágicas" a los problemas, especialmente cuando esas soluciones pasan por instalar primero máquinas y solo muy tardíamente por trabajar con personas.

Es una lectura fundamental, ciertamente para los que gustan del género y especialmente para la gente que dice no gusta de la ciencia ficción.

domingo, 10 de junio de 2012

Duna: más allá de la ciencia ficción.

La reciente muerte de Ray Bradbury me ha hecho revisar la lista de obras que he reseñado en este blog.

He podido constatar, con algo de vergüenza, que no he comentado varias obras fundamentales de la ciencia ficción y la fantasía: verdaderos clásicos de esta rama de la literatura.

Así pues, en lo que espero que se transforme en una larga serie de artículos ;-) pasaré a comentar varios libros que han dejado huella en la literatura universal, comenzando por Duna (Dune) del norte americano Frank Herbert.

La narración se sitúa en un futuro distante: la humanidad se ha expandido por el cosmos, con varias interesantes premisas para plantear el argumento.

La forma de gobierno imperante es claramente feudal, con familias reinantes a cargo de uno o más planetas, lideradas por una dinastía imperial, todas balanceando entres sí su poderío bélico bajo la premisa de aniquilación mutua garantizada.

La tecnología está en un grado altísimo de sofisticación, liderado por los pueblos Tleilaxu e Ix, pero con la ausencia total de elementos informáticos, tras una cruenta "guerra santa", la Yihad Butleriana, que borró a las "máquinas pensantes" y la esclavitud en que tenían sumida a la humanidad (auspicioso para nuestros tiempos ¿no?).

El comercio es llevado por la CHOAM, un consorcio monopólico absoluto que se apoya a su vez en un monopolio también absoluto de la Cofradía Espacial, un gremio de pilotos y naves espaciales.

Una hermandad femenina, la Bene Gesserit, guia desde las sombras todas estas fuerzas, en pos de conseguir (con cruza genética selectiva) una especie más evolucionada. Su meta es el advenimiento de un hombre, el Kwisatz Haderach, cuyos poderes mentales trascenderán el tiempo y el espacio.

Y en el centro de todo, el planeta Arrakis, Duna: un mundo árido y desértico, el único lugar del universo conocido donde se extrae la especia melange, un compuesto semi orgánico que prolonga la vida y cohesiona al Imperio, ya que sin la especia los Navegantes no podrían guiar a sus naves por el espacio en forma instantánea...

He aquí que las familias reinantes Atreides y Harkonnen van a finalizar su antagonismo de siglos, pues el emperador ha cedido a los Atreides la explotación de la especia. Las luchas e intrigas bizantinas no tardan en desencadenarse, sutil y luego violentamente, en Duna y fuera del planeta, para determinar el periplo del heredero Atreides, Paul, que intentará recuperar sus derechos desde el seno de los Fremen, nómadas de Dune a los que nadie ha tenido en cuenta... hasta ahora.

Es entre los Fremen que Paul encontrará su verdadero destino, más allá de los designios de su familia, del Imperio, o de la Bena Gesserit, quienes ven en este heredero el fruto final de su programa genético. Los Fremen, un pueblo que tiene una historia tan larga y profunda como las de las fuerzas políticas y económicas que los rodean, una nación que posee sus propios mitos. Todos ellos llevarán a Duna a un destino nuevo, que no está previsto por nadie, ni por ellos mismos...


Cuando leí está novela estaba comenzando mis estudios de ingeniería y tenía no pocas obligaciones que llenaban mi tiempo y mi mente. Sin embargo, este libro abrió mis ojos a muchas realidades de la historia y del presente que de otro modo puede que no habría notado si acaso mucho más tarde.

No siendo un ensayo, el relato plantea al lector muchísimas ideas y reflexiones sobre la naturaleza humana, nuestra relación con el entorno natural, la economía, la política y la religión, cuya enunciación exceden mi propia capacidad literaria para expresarlas en algo parecido a una síntesis y ciertamente no en un sólo artículo en este blog.

Puedo decir, sí, que el ritmo del relato es progresivo, partiendo de lo pequeño y elevándose luego a lo más grande, repitiendo este ciclo contrastante una y otra vez según progresa la narración.

Los personajes, todos ricos en matices aunque con antagonismos y protagonismos muy claros, son el motor del relato y nos dejarán vívido recuerdo, incluyendo el propio paisaje de Duna, que el autor sabe describir y hacer parte integrante de la emotividad de la narración.

La trama, por último, es envolvente y fascinante, pese a que a ratos los hilos argumentales llegan a una complejidad no menor.

¿Que si recomiendo este libro?

Si les gusta la literatura, sí. Y si no les gusta la literatura, entonces lo recomiendo aun más...

viernes, 14 de mayo de 2010

El capitán Alatriste: no es de oro todo lo que reluce (y un siglo, menos)

He disfrutado mucho la lectura de El capitán Alatriste, primer volumen de la colección Las aventuras del capitán Alatriste, escrito por el novelista español Arturo Pérez-Reverte. Tiempo hacía que no leía novelas de capa y espada, y mucho me ha gustado, por lo que paso a reseñarla brevemente.

El relato se basa en la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín que sobrevive alquilando su acero, pero nunca su honra, en el Madrid del siglo XVII, en el Siglo de Oro español... y aquí conviene que explique el título de este post, de labios de Íñigo Balboa y Aguirre, hijo de un fallecido amigo del capitán, su (entonces) paje y cronista de la saga:

Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca Don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman Siglo de Oro. Más lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de Don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena.
Y es que, en efecto, a los ojos de sus testigos presenciales (entre los que está Francisco de Quevedo, amigo del capitán) el mentado siglo dorado no fue tal, sino más bien el engañoso fulgor de una decadencia que se aceleraría en menos de 20 años para dar a la postre con la hegemonía de España en el mundo, su economía y cultura...

...pero, no adelantemos los hechos (como diría Íñigo) y volvamos a lo que nos ocupa.

Corre el año 1622 (o 1623; el cronista no está seguro), siendo soberano Felipe IV de España . Don Diego, intentando capear la miseria que lo acecha, acepta un trabajo donde se necesitan sus servicios como espadachín a sueldo. Es citado en una extraña casa abandonada y entrevistado por dos sujetos enmascarados quienes le señalan que existen dos viajeros ingleses que deben ser castigados o desanimados de llegar a la embajada inglesa, que es su destino final... pero sin matarlos ("Ni muertos ni sangre –insistió el hombre corpulento–. Al menos, no mucha."). Sin embargo, estando ausentes los sujetos enmascarados, aparece fray Emilio Bocanegra, dominico y presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, quien cambia las órdenes.

Alatriste intentará cumplir con el encargo, pero estas cosas suelen complicarse... y no se diga más, que no quitaré al potencial lector el gusto se averiguarlo por si mismo.

Todo esto, por supuesto, con Madrid, su buena gente y tanta maravilla de esos tiempos como telón de fondo, lo que, sin embargo, no hace perder del todo la perspectiva del cronista. Cito otro pasaje:
–Ahí viene Lope –dijo alguien.
Todos se quitaron los sombreros cuando Lope, el gran Félix Lope de Vega Carpio, apareció caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso, y se detuvo unos instantes a departir con Don Francisco de Quevedo, quien lo felicitó por la comedia que representaban al día siguiente en el corral del Príncipe: acontecimiento teatral al que Diego Alatriste había prometido llevarme, y yo iba a presenciar por primera vez en mi vida. Después, Don Francisco hizo algunas presentaciones.
–El capitán Don Diego Alatriste y Tenorio... Ya conoce vuestra merced a Juan Vicuña... Diego Silva... El jovencito es Íñigo Balboa, hijo de un militar caído en Flandes.
Al oír aquello, Lope me tocó un momento la cabeza con espontáneo gesto de simpatía. Fue la primera vez que lo vi, aunque tendría después otras ocasiones; y recordaré siempre su continente sexagenario y grave, su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada, que nos dedicó a todos antes de proseguir camino rodeado por muestras de respeto.
–No olvides a ese hombre ni este día –me dijo el capitán, dándome un afectuoso pescozón en el mismo sitio donde Lope me había tocado.
Y no lo olvidé nunca. Todavía hoy, tantos años después de aquello, me llevo la mano a la coronilla y siento allí el contacto de los dedos afectuosos del Fénix de los Ingenios. Ni él, ni Don Francisco de Quevedo, ni Velázquez, ni el capitán Alatriste, ni la época miserable y magnífica que entonces conocí, existen ya. Pero queda, en las bibliotecas, en los libros, en los lienzos, en las iglesias, en los palacios, calles y plazas, la huella indeleble que aquellos hombres dejaron de su paso por la tierra. El recuerdo de la mano de Lope desaparecerá conmigo cuando yo muera, como también el acento andaluz de Diego de Silva, el sonido de las espuelas de oro de Don Francisco al cojear, o la mirada glauca y serena del capitán Alatriste. Pero el eco de sus vidas singulares seguirá resonando mientras exista ese lugar impreciso, mezcla de pueblos, lenguas, historias, sangres y sueños traicionados: ese escenario maravilloso y trágico que llamamos España.
Nosotros, que vivimos tiempos ciertamente de menos lustro en las letras pero no por ellos vacíos o faltos de maravilla en las artes y otros ámbitos, debemos también saber apreciarlos, saber vivir y, en la medida de nuestras posibilidades, talentos y fuerzas, dejar en definitiva nuestra huella, por breve que esta sea, en este friso tan hermoso que tuvo a bien Dios darnos a contemplar y completar... pardiez ;-)

Quien esto escribe no tiene pretensiones literarias en este sentido, por cierto, pero si tras leer lo que se escribe en este blog, alguno se siente inspirado o motivado a crear o recrearse con lo hermoso y bueno que hay en el mundo, no todo lo que se trabaje será en vano.

Dicho esto, es una novela absolutamente recomendable para todos los que disfruten del relato de aventuras, de la novela histórica y sobre todo de un relato en lo que bueno, lo hermoso y lo terrible de nuestra humanidad rezuma y reluce por todo lo alto.

Hasta pronto...

jueves, 9 de abril de 2009

Cánticos de la lejana Tierra

En esta ocasión comentaré la novela "Cánticos de la lejana Tierra" (The Songs of Distant Earth) del célebre autor Arthur C. Clarke.

En un futuro no muy distante, la humanidad descubre que el sol tiene los siglos contados, por lo que comienzan grandes trabajos para garantizar nuestra supervivencia: inicialmente, mediante panespermia dirigida con naves "sembradoras" de vida terrestre (humana, animal y vegetal) y luego, con una tecnología de viaje apenas sub lumínica, utilizando una enorme nave con tripulación y pasajeros en crio suspensión: la Magallanes.

Esta arca detiene su viaje para hacer reparaciones en el mundo oceánico de Thalassa: uno de los mundos sembrados, del que se habían dejado de recibir transmisiones mucho antes de iniciada la misión de la Magallanes. Tanto thalassanos como los terrestres (miembros selectos de la tripulación, "despertados" prematuramente) están sorprendidos, pues no esperaban saber jamás los unos de los otros... ni tenían mayores esperanzas de su mutua sobrevivencia, separados por océanos de tiempo, espacio... y silencio.

El encuentro es feliz, por cierto... y cauto. Tanto la tripulación de la Magallanes como los colonos de Thalassa están conscientes de su mutua fragilidad e importancia, y ninguna parte desea dañar a la otra; los thalassanos quieren ayudar a los terrestres a reconstruir su escudo de partículas (con hielo, a partir de agua que no les falta), mientras que los sobrevivientes terrestres desean ayudarles con tecnología, arte, literatura, conocimientos científicos... riquísimo legado de un planeta incinerado hace ya siglos, con el riesgo inherente de todo choque cultural: dañar una cultura en formación, inhibiendo o acelerando su propio desarrollo.

Todo esto no es más que el telón de fondo de una novela riquísima en personajes de múltiples matices: los thalassanos, creados artificialmente desde cero con una sociedad más sana, plácida y bastante menos maliciosa o ambiciosa que la de los terráqueos, los que a su vez son gente de mayor empuje e iniciativa pero que (en la visión del autor) acarrean muchos complejos de supervivencia, herederos de una cultura mucho más supersticiosa, desgarrada por las guerras religiosas y las cicatrices de ser los testigos de la muerte infernal de la Tierra: un apocalípsis cósmico, apenas referido en los recuerdos (misericordiosamente breves) de los tripulantes de la Magallanes.

Y sin embargo, el encuentro se produce y ambas culturas se acercan, enriqueciéndose mutuamente, de maneras hermosas y terribles, como la vida misma.

Es una novela llena de alegría y nostalgia, triunfo y derrota, esperanza y desesperación... como la vida misma. Lectura sumamente recomendable para los que aun creen que empezar de cero es posible y para los que ya saben que somos y seremos los mismos en todo tiempo y lugar... hasta que, por fuerza de voluntad y trabajo duro, decidamos dejar de serlo.

Mis perdones por el tono melancólico. Este post es escrito en Jueves Santo: el cenit de una Semana Santa que para algunos se hace corta, pero para los católicos se nos hace muy larga, muy hermosa y terrible.

Como la vida misma.

martes, 24 de junio de 2008

Game Over: El Juego de Ender

En esta oportunidad voy a reseñar brevemente "El Juego de Ender" ("Ender's Game") de Orson Scott Card.


En un futuro muy cercano, tras sobrevivir apenas a dos enfrentamientos con los Insectores, unos peligrosos extraterrestres con mentalidad de colmena, la Tierra se está preparando para un nuevo asalto. Temiendo nuestra eventual aniquilación ("la tercera es la vencida") se busca sistemáticamente a aquel que será el nuevo, flamante y (se espera) triunfante comandante de la Flota Internacional.

Y la búsqueda comienza en la infancia más temprana (implantes de monitoreo incluídos). Andrew 'Ender' Wiggin es uno de esos candidatos que, por su sobresaliente potencial, será prematuramente alejado de su hogar y llevado a una escuela rigurosísima, donde participará en elaborados juegos de guerra (simulados y reales) que lo prepararán para... 

Pero no adelantemos demasiado. Es precisamente en la llamada "Escuela de Batalla" donde el autor luce su capacidad creativa, probablemente influenciada por la "Edad de Oro" de los videojuegos... que para el pobre Ender lo son todo menos lúdicos. Las vueltas psicológicas, morales y emocionales que estos "juegos" le traen a Ender son una parte importantísima del relato y una interesante reflexión sobre la educación, el entrenamiento...

...y el adoctrinamiento, por cierto, ya que al protagonista le queda claro desde el principio que todo ello no va en su beneficio sino en pro de conseguir un líder o mártir que garantice la sobrevivencia de su especie, a costa (y a sabiendas) de la suya propia.

Pero ¿qué pasa si Ender ya no quiere jugar más?

Una muy interesante visión sobre la instrucción, la educación y la enseñanza (no, no son lo mismo), recomendable tanto para los fanáticos de la ciencia ficción clásica como para los que buscan un relato sobre la génesis del liderazgo (en este caso, a la fuerza).

Como siempre, aquellos que, como yo, vivan en un país donde la cultura literaria se adquiere a precio de implante, pueden contactarme en los comentarios de este post. Nos vemos pronto...

martes, 29 de abril de 2008

Lobo Solitario: del Libro a la Aventura


En esta ocasión voy a comentar una serie de libros que no lo son del todo...

Para los que no vivieron su infancia o adolescencia en la década de los 80's, un libro - juego es un libro en que las páginas o secciones del relato se van leyendo según se toman qué decisiones frente a determinadas situaciones planteadas en la narración.

En el caso de libros - juego más complejos, el resultado varía considerando además el azar y las características (y desarrollo) del personaje del relato que encarnamos.

En mi caso particular, yo llegué a los libros-juego durante la etapa escolar, de la mano de una profesora de artes audiovisuales... y con una de las mejores sagas de éste género jamás escritas: Lobo Solitario.

Me dí el gusto de leer y coleccionar, de a poco (por temas del precio de los libros en Chile, tema ya comentado en otros post), los primeros 5 libros de la saga en su edición en Español. Disfruté como cabro chico (era un cabro chico, qué diablos) con las peripecias del personaje y sus mil y una aventuras por las vastas regiones de Magnamund, en las que Lobo Solitario se enfrenta a desafíos en que la magia, la espada, el valor y a la aventura competían con una constante maravilla ante nuevos lugares, criaturas, culturas, etc.

Superada la etapa escolar y ya en la universidad, pude disfrutar de otros libros de la serie, y además en su versión original en Inglés, constatando de paso el buen trabajo de traducción que se hizo en la edición en Español: bien por Altea Ediciones. Como colofón, Lobo Solitario fue no sólo un divertimento literario, sino que se convirtió en mi puerta de entrada a otro capítulo lúdico no menor de mi vida: los juegos de rol (pero esa es otra historia) y, eventualmente, los juegos de aventura conversacional, que están más relacionados con los libros juegos de lo que algunos quisieran creer...

Hoy por hoy, la afición persiste, con nuevas ediciones del libro (estuvo un poco desaparecido) y, por supuesto, en Internet (¡y con permiso del autor!) a través del Proyecto Aon.
Así, pues, ¡Por Summerlund y por el Kai! a leer y jugar se ha dicho...

jueves, 11 de octubre de 2007

Roma Sub Rosa

Continuando con las reseñas literarias, en esta ocasión le toca el turno a la serie Roma Sub Rosa, de Steven Saylor.

Ambientada entre los últimos años de la República y los primeros años del Imperio, la serie narra los casos detectivescos de Gordiano, apodado El Sabueso, que de una u otra manera se ve involucrado con grandes personajes y sucesos de la Roma Antigua: Cicero y sus primeros casos legales, la rebelión de los esclavos liderada por Espartaco, la conjura de Catilina, el lento ascenso y tragedia de Julio César y muchos otros: Sulla, Marco Craso, Catulo, Pompeyo ...

Siendo novelas de misterio policíaco, su ambientación histórica y la caracterización de sus personajes han sido ampliamente reconocidas por su rigurosidad y autenticidad; no sirve en verdad para estudiar historia, pero la perspectiva personal de Giordano, su escepticismo y sus reflexiones sobre el destino de Roma, contemplando desde los hechos más encumbrados a las tropelías más bajas, son refrescantes.

Historia nuntia vetustatis: la historia es la mensajera del pasado... pero ¿quién escucha el mensaje? A mí, al menos, la lectura sobre Roma Antigua (su historia, su derecho) me ha servido para constatar hasta qué punto no hay nada nuevo bajo el sol, 2.000 años más tarde, ya sea en política, moral, economía, educación y todos esos temas con que la autoridad de turno trata de vendernos su versión del progreso...

Recomiendo la lectura de esta serie tanto a los que gusten de las novelas policíacas como a los entusiastas de la historia en general y de Roma Antigua en particular. Son novelas fáciles de conseguir, incluyendo ediciones traducidas al Español: una vez más, interesados con problemas para conseguirlaa (por ejemplo, si viven en Chile y la disyuntiva es comprar libros o comer y vestirse...), contactarme en los comentarios de este post.

P.D. A los cristianos esto de "2.000 años más tarde" puede no gustarnos mucho pero, ya que viene al caso, recuerden que Lata culpa est nimia negligentia, id est non intelligere quod omnes intelligunt, que además Magister est prioris posterior dies y que, por último Lex non est imponenda aliis ab eo qui ipsam negligit observare (no traduzco, vean aquí... y saquen sus propias conclusiones, cristianos o no, sobre el progreso del hombre).